CON LOS CINCO SENTIDOS
Echo de menos lo que no tengo
Parece una ironía, pero echo en falta todo aquello que nunca tuve y también echo en falta lo que ahora no tengo. Sé que es imposible echar de menos algo que nunca se ha tenido, precisamente porque como no lo disfrutaste no sabes lo que es que te llegue a faltar algún día. Pero yo lo siento así, yo siento que me falta el aire. Me siento incompleta. Llamadme rara.
Echo de menos mi viaje a Grecia, a Estados Unidos, a Japón, viajes que nunca hice, sola o acompañada. Echo de menos ver los árboles más majestuosos del mundo, las secuoyas, pero tengo tiempo porque viven entre dos mil y tres mil años. Alguno de esos maravillosos ingenios de la naturaleza esperará que me siente bajo su majestuosa sombra, a leer poemas de Yeats, de Walt Whitman o de John Keats, por citar autores anglosajones, de los que algo sé. Sólo quiero sentarme en el suelo y reposar mi espalda sobre sus enormes troncos mientras miro al cielo entre la maraña de las altísimas ramas, por si algunos rayos de sol logran atravesarla.
Echo me menos ir a visitar el lecho de los dioses donde todo empezó, Grecia, aprender su idioma, del que sé poco, muy poco y clásico; poder decir a bocajarro mi palabra favorita en griego “??????????”, felicidad. Porque adoro la felicidad y a la gente que la busca de manera incansable. A la gente que la encuentra y que la merece.
Como echo de menos todas esas cosas, me conformaré con lo que tengo en mi casa, que es de lo mejor del mundo para mí. El olor del azahar en Sevilla, los poemas de los hermanos Machado y el desgarro de Lorca. Mi Cervantes que tanto ha enseñado en el mundo entero, el vasco aguerrido, voluntarioso y trabajador incansable. El gallego que te dice las cosas a medias… porque sabe…El andaluz que te alegra la vida con su desparpajo y su ingenio, el manchego que tiene un lenguaje y una forma de ser especiales y el calor del sur que provoca todas esas maravillas en el intelecto de las personas, porque hace falta tener “pelotas” u “ovarios” para escribir o componer cosas tan hermosas con cuarenta grados de temperatura cada estío…
Toda esta piel de toro es absolutamente maravillosa, irrepetible. No la corrompamos ahora por intentar parecernos a nadie de fuera, somos carne y sangre española, tenemos nuestro propio sello de calidad superior. Muy por encima de la media. Aunque en estos días, amigos, echo de menos una Justicia justa que mire a ambos lados de la balanza con los mismos ojos; una clase política inteligente que no nos avergüence y deje de estar tan pagada de sí misma. En mi querida España algo no funciona bien. Hay que arreglarlo por todos y, esta vez sí voy a hacer distinción de género, algo por todas. Por estas mujeres que son abuelas, madres, hermanas, hijas y ya no pueden aguantar tanto machismo. Por favor, ayudadnos, colaborad para que esto cambie de una santa vez. Echo de menos el aliento de los hombres jaleando a la par con nosotras palabras como “justicia”, “conciliación laboral y familiar”, “igualdad salarial”, RESPETO por el diferente.
El encierro al que estuvimos sometidos el pasado año por motivos sanitarios, hizo aflorar lo peor de cada hombre. Su víscera, su genio, su inconformismo, pero pagados en las carnes de la mujer que es su compañera de vida y madre de sus hijos. Recuerdo esos días horribles en los que los telediarios abrían su escaleta con un asesinato más…
He visto algunas series nórdicas en las que la atmósfera es aplastante y gris, como grises son sus días. Siempre grises. Dicen los expertos que en esos países la tasa de suicidios es la más alta del mundo, que la falta de vitamina D en la piel y en los huesos hace que se te vaya la cabeza más de lo normal. No sé. Estar encerrado o bajo el yugo constante de un cielo gris y plomizo no debe de ser saludable para la mente.
En España se dice que hay un teléfono, el 016, para llamar y que no sale reflejado en el listado de teléfonos de la factura conjunta o familiar. También dicen que puedes llamar siempre que lo necesites, pero si tu verdugo está en la misma casa, no vas a llamar en la puta vida. Fin.
Nélida L. del Estal Sastre
Parece una ironía, pero echo en falta todo aquello que nunca tuve y también echo en falta lo que ahora no tengo. Sé que es imposible echar de menos algo que nunca se ha tenido, precisamente porque como no lo disfrutaste no sabes lo que es que te llegue a faltar algún día. Pero yo lo siento así, yo siento que me falta el aire. Me siento incompleta. Llamadme rara.
Echo de menos mi viaje a Grecia, a Estados Unidos, a Japón, viajes que nunca hice, sola o acompañada. Echo de menos ver los árboles más majestuosos del mundo, las secuoyas, pero tengo tiempo porque viven entre dos mil y tres mil años. Alguno de esos maravillosos ingenios de la naturaleza esperará que me siente bajo su majestuosa sombra, a leer poemas de Yeats, de Walt Whitman o de John Keats, por citar autores anglosajones, de los que algo sé. Sólo quiero sentarme en el suelo y reposar mi espalda sobre sus enormes troncos mientras miro al cielo entre la maraña de las altísimas ramas, por si algunos rayos de sol logran atravesarla.
Echo me menos ir a visitar el lecho de los dioses donde todo empezó, Grecia, aprender su idioma, del que sé poco, muy poco y clásico; poder decir a bocajarro mi palabra favorita en griego “??????????”, felicidad. Porque adoro la felicidad y a la gente que la busca de manera incansable. A la gente que la encuentra y que la merece.
Como echo de menos todas esas cosas, me conformaré con lo que tengo en mi casa, que es de lo mejor del mundo para mí. El olor del azahar en Sevilla, los poemas de los hermanos Machado y el desgarro de Lorca. Mi Cervantes que tanto ha enseñado en el mundo entero, el vasco aguerrido, voluntarioso y trabajador incansable. El gallego que te dice las cosas a medias… porque sabe…El andaluz que te alegra la vida con su desparpajo y su ingenio, el manchego que tiene un lenguaje y una forma de ser especiales y el calor del sur que provoca todas esas maravillas en el intelecto de las personas, porque hace falta tener “pelotas” u “ovarios” para escribir o componer cosas tan hermosas con cuarenta grados de temperatura cada estío…
Toda esta piel de toro es absolutamente maravillosa, irrepetible. No la corrompamos ahora por intentar parecernos a nadie de fuera, somos carne y sangre española, tenemos nuestro propio sello de calidad superior. Muy por encima de la media. Aunque en estos días, amigos, echo de menos una Justicia justa que mire a ambos lados de la balanza con los mismos ojos; una clase política inteligente que no nos avergüence y deje de estar tan pagada de sí misma. En mi querida España algo no funciona bien. Hay que arreglarlo por todos y, esta vez sí voy a hacer distinción de género, algo por todas. Por estas mujeres que son abuelas, madres, hermanas, hijas y ya no pueden aguantar tanto machismo. Por favor, ayudadnos, colaborad para que esto cambie de una santa vez. Echo de menos el aliento de los hombres jaleando a la par con nosotras palabras como “justicia”, “conciliación laboral y familiar”, “igualdad salarial”, RESPETO por el diferente.
El encierro al que estuvimos sometidos el pasado año por motivos sanitarios, hizo aflorar lo peor de cada hombre. Su víscera, su genio, su inconformismo, pero pagados en las carnes de la mujer que es su compañera de vida y madre de sus hijos. Recuerdo esos días horribles en los que los telediarios abrían su escaleta con un asesinato más…
He visto algunas series nórdicas en las que la atmósfera es aplastante y gris, como grises son sus días. Siempre grises. Dicen los expertos que en esos países la tasa de suicidios es la más alta del mundo, que la falta de vitamina D en la piel y en los huesos hace que se te vaya la cabeza más de lo normal. No sé. Estar encerrado o bajo el yugo constante de un cielo gris y plomizo no debe de ser saludable para la mente.
En España se dice que hay un teléfono, el 016, para llamar y que no sale reflejado en el listado de teléfonos de la factura conjunta o familiar. También dicen que puedes llamar siempre que lo necesites, pero si tu verdugo está en la misma casa, no vas a llamar en la puta vida. Fin.
Nélida L. del Estal Sastre


















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