LIBERALES
Igualdad, uniformidad y uniformes
He pasado varios días en el hospital y, durante ese tiempo, no he podido diferenciar una médica de una enfermera, ni de una auxiliar, o de una celadora y o de una gobernanta. Todos tenían el mismo uniforme y me veía obligado a preguntar quién era cada cual. Ni un solo distintivo. Es una política propia del socialismo real que empieza uniformando y acaba sometiendo a todo el mundo a una igualdad que atenta contra la ley universal.
Un médico tiene seis años de carrera y cuatro de MIR y de prácticas; una enfermera cuatro años de carrera, etc. El igualitarismo socialista no reconoce ese esfuerzo personal, a excepción del esfuerzo propio para situarse en el gobierno y considerarse un bien de Estado, capacitado para uniformar y dirigir la vida de todos los gobernados.
La perversión de ese ideario ha sido atizada por la lucha de clases. Es frecuente que un celador le diga a una enfermera: “Hazlo tú que ganas más que yo”. La ley universal consagra la desigualdad. No se entiende la naturaleza, la vida y el hombre sin su parte contraria, su contraparte, su oposición. Es también llamada la ley de los opuestos: yo digo que es de día porque existe la noche, y al revés. Yo digo que fulano es un vago, porque mengano es trabajador y al revés, yo digo que una persona tiene formación porque otra no la tiene. Y así todo, listos y tontos, guapos y feos, letrados e iletrados, ricos y pobres fuertes y débiles, Luz y caos.
En distintos ámbitos y grados, no se reconocen el esfuerzo, el talento y la excelencia. Y ni siquiera a un médico, que ha hecho seis años de carrera y cuatro de MIR, tampoco se le valora la gran responsabilidad de todos por orden de conocimientos. Un celador no ha tratado de esforzarse para conseguir otro estatus diferente. El socialismo leninista de la Unión Soviética creó campos de reeducación para igualar a los individuos. Todos acabaron en campos de exterminio. El socialismo leninista es genocida. El ejemplo reciente más claro es Pablo Iglesias que ha predicado el abandono y la exclusión de los viejos.
Como aspecto positivo el trato que he recibido de todo el personal, sin excepciones ha sido excelente.
José Isidro Nates Merodio
He pasado varios días en el hospital y, durante ese tiempo, no he podido diferenciar una médica de una enfermera, ni de una auxiliar, o de una celadora y o de una gobernanta. Todos tenían el mismo uniforme y me veía obligado a preguntar quién era cada cual. Ni un solo distintivo. Es una política propia del socialismo real que empieza uniformando y acaba sometiendo a todo el mundo a una igualdad que atenta contra la ley universal.
Un médico tiene seis años de carrera y cuatro de MIR y de prácticas; una enfermera cuatro años de carrera, etc. El igualitarismo socialista no reconoce ese esfuerzo personal, a excepción del esfuerzo propio para situarse en el gobierno y considerarse un bien de Estado, capacitado para uniformar y dirigir la vida de todos los gobernados.
La perversión de ese ideario ha sido atizada por la lucha de clases. Es frecuente que un celador le diga a una enfermera: “Hazlo tú que ganas más que yo”. La ley universal consagra la desigualdad. No se entiende la naturaleza, la vida y el hombre sin su parte contraria, su contraparte, su oposición. Es también llamada la ley de los opuestos: yo digo que es de día porque existe la noche, y al revés. Yo digo que fulano es un vago, porque mengano es trabajador y al revés, yo digo que una persona tiene formación porque otra no la tiene. Y así todo, listos y tontos, guapos y feos, letrados e iletrados, ricos y pobres fuertes y débiles, Luz y caos.
En distintos ámbitos y grados, no se reconocen el esfuerzo, el talento y la excelencia. Y ni siquiera a un médico, que ha hecho seis años de carrera y cuatro de MIR, tampoco se le valora la gran responsabilidad de todos por orden de conocimientos. Un celador no ha tratado de esforzarse para conseguir otro estatus diferente. El socialismo leninista de la Unión Soviética creó campos de reeducación para igualar a los individuos. Todos acabaron en campos de exterminio. El socialismo leninista es genocida. El ejemplo reciente más claro es Pablo Iglesias que ha predicado el abandono y la exclusión de los viejos.
Como aspecto positivo el trato que he recibido de todo el personal, sin excepciones ha sido excelente.
José Isidro Nates Merodio
















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.112