HABLEMOS
Redes sociales y libertad
Carlos Domínguez
Los foros públicos que el mundo virtual ha hecho posible con arrollador entusiasmo son lo que son, igual que dan de sí lo que dan. Cualquier red social puede considerarse un subproducto más de la democracia de masas, cuya degradación en todos los aspectos, incluidos especialmente el moral y el cultural, alcanza cotas impensables.
Pero nada justifica el ataque de las endiosadas estructuras mediáticas que hoy dominan la opinión pública, con buena parte de sus miembros convertidos en burócratas instalados, capaces de clamar contra las fake, fake, fake y los tecnopolios, mientras desde la trinchera del monopolio u oligopolio propio se erigen en guardianes de la verdad, ocultando que gracias a su posición de privilegio tales estructuras han acabado con el original derecho cívico de libertad de prensa e imprenta, ejercicio del ciudadano individual. Y en paralelo, han erradicado el pluralismo junto a la sana crítica.
ridad, la zafiedad o el puro exhibicionismo, las redes sociales representan un espacio para la expresión, el decir y el manifestarse con relativa libertad. Naturalmente tienen infinitos riesgos, comenzando por masivas estrategias de manipulación instrumentadas dentro y fuera. A nadie se le escapa que se hallan vigiladas y controladas, sin excluir a la misma corporación, erigida en gigantesco aparato tecnológico. Con todo, hay en ellas más libertad: fake, fake, fake, que en los colosales aparatos mediáticos pontificando sobre la ortodoxia true, true, true, oficial y oficialista, en clave de propaganda al servicio y dictado de la corrección política. En definitiva, al servicio de un poder instituido y estatuido, amparado de llegar el caso por lo abrumador de sus herramientas legales, judiciales y policiales.
Ante lo cual uno se pregunta en qué quedó la fantasmagoría inconformista, contestataria y revolucionaria de un sesentayochismo bienpensante, en realidad títere mamerto no menos que profundamente estúpido del comunismo internacional, camuflado bajo máscara y arlequín socialdemócrata.
Una libertad asediada y en abierto retroceso a causa del imperio de lo social gregario, herencia hoy de aquella estupidez como valor incontestado de lo colectivo, público y estatal señoreando mentes y conciencias, habrá de buscar nichos, resquicios del tipo que fuere, para escapar en lo posible a la tiranía de semejante ortodoxia. Y en esos estrechos márgenes, Facebook, póngase por caso, tiene al menos la ventaja de permitirnos por ahora… PENSAR EN LIBERTAD.
Los foros públicos que el mundo virtual ha hecho posible con arrollador entusiasmo son lo que son, igual que dan de sí lo que dan. Cualquier red social puede considerarse un subproducto más de la democracia de masas, cuya degradación en todos los aspectos, incluidos especialmente el moral y el cultural, alcanza cotas impensables.
Pero nada justifica el ataque de las endiosadas estructuras mediáticas que hoy dominan la opinión pública, con buena parte de sus miembros convertidos en burócratas instalados, capaces de clamar contra las fake, fake, fake y los tecnopolios, mientras desde la trinchera del monopolio u oligopolio propio se erigen en guardianes de la verdad, ocultando que gracias a su posición de privilegio tales estructuras han acabado con el original derecho cívico de libertad de prensa e imprenta, ejercicio del ciudadano individual. Y en paralelo, han erradicado el pluralismo junto a la sana crítica.
ridad, la zafiedad o el puro exhibicionismo, las redes sociales representan un espacio para la expresión, el decir y el manifestarse con relativa libertad. Naturalmente tienen infinitos riesgos, comenzando por masivas estrategias de manipulación instrumentadas dentro y fuera. A nadie se le escapa que se hallan vigiladas y controladas, sin excluir a la misma corporación, erigida en gigantesco aparato tecnológico. Con todo, hay en ellas más libertad: fake, fake, fake, que en los colosales aparatos mediáticos pontificando sobre la ortodoxia true, true, true, oficial y oficialista, en clave de propaganda al servicio y dictado de la corrección política. En definitiva, al servicio de un poder instituido y estatuido, amparado de llegar el caso por lo abrumador de sus herramientas legales, judiciales y policiales.
Ante lo cual uno se pregunta en qué quedó la fantasmagoría inconformista, contestataria y revolucionaria de un sesentayochismo bienpensante, en realidad títere mamerto no menos que profundamente estúpido del comunismo internacional, camuflado bajo máscara y arlequín socialdemócrata.
Una libertad asediada y en abierto retroceso a causa del imperio de lo social gregario, herencia hoy de aquella estupidez como valor incontestado de lo colectivo, público y estatal señoreando mentes y conciencias, habrá de buscar nichos, resquicios del tipo que fuere, para escapar en lo posible a la tiranía de semejante ortodoxia. Y en esos estrechos márgenes, Facebook, póngase por caso, tiene al menos la ventaja de permitirnos por ahora… PENSAR EN LIBERTAD.


















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.112