LA COLUMNA DE DOÑA ELVIRA
El césped de las lágrimas
![[Img #53835]](https://eldiadezamora.es/upload/images/06_2021/8495_yo-opi-nueva.jpg)
Rosas sienten mi olfato cada mañana al despertar. Sensaciones que me rebosan de recuerdos, de nostalgia a mares que inundan mi alma de lágrimas que un día fueron sonrisas; y, aunque ya lejanas y escondidas, siguen en mi corazón. Ese olor a flores abundante, por cierto, me recuerda a aquel campo que vi el verano pasado. Bueno, que sentí, más bien, ya que parecía que formaba parte de él: recuerdo que allí viví un gran verano, conocí a personas que ahora mismo tienen un hueco en mi humilde corazón, y días y noches pasaba sin mirar el reloj no importándome para nada el tiempo; sí, como un niño pequeño en la infancia – maravillosa época donde solamente nos importa vivir el momento y divertirnos-. Ahora mismo también se me viene el olor a los desayunos que tomábamos en corro, sentados, sobre la suave y fina hierba, todos acurrucados unos encima de otros, con sonrisas en las caras y en los corazones. Historias que jamás pondré por escrito, secretos inconfesables y miles de anécdotas que solamente nosotros sabemos que hacían que nuestras caras se sonrojaran y se llenarán de lágrimas y risas desde la llegada de la luna, hasta que el sol salía a darle el relevo. Día y noche. Noche y día.
El cuerpo ahora se me llena de una sensación cálida, compartida con un temblor que no podría poner por escrito, ya que no puedo llegar a definirlo con palabras, o por lo menos no las encuentro. Una sensación disparatada, prácticamente parece sacada de una película de humor, casi irónica. Y es que ahora, mientras narro estas palabras, estoy tumbada sobre ese césped del que hablo más arriba y en el que un día, hace solamente un año, fui la persona más feliz del mundo. Ahora veo pasar a las personas con las que compartí el verano pasado, y un simple “hola, ¿qué tal?” sale de mi boca. Nada más. Mientras tanto, lágrimas salen- otra vez- de mis ojos, pero esta vez de tristeza: - ¡pobre césped lleno de lágrimas!; aunque esta vez felices no son y no entiendo por qué-. Rosas ya no hay en él, puede ser que sea porque nosotros, la compañía que tenía el verano pasado ha desaparecido, y por ello las flores no han querido salir.
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Rosas sienten mi olfato cada mañana al despertar. Sensaciones que me rebosan de recuerdos, de nostalgia a mares que inundan mi alma de lágrimas que un día fueron sonrisas; y, aunque ya lejanas y escondidas, siguen en mi corazón. Ese olor a flores abundante, por cierto, me recuerda a aquel campo que vi el verano pasado. Bueno, que sentí, más bien, ya que parecía que formaba parte de él: recuerdo que allí viví un gran verano, conocí a personas que ahora mismo tienen un hueco en mi humilde corazón, y días y noches pasaba sin mirar el reloj no importándome para nada el tiempo; sí, como un niño pequeño en la infancia – maravillosa época donde solamente nos importa vivir el momento y divertirnos-. Ahora mismo también se me viene el olor a los desayunos que tomábamos en corro, sentados, sobre la suave y fina hierba, todos acurrucados unos encima de otros, con sonrisas en las caras y en los corazones. Historias que jamás pondré por escrito, secretos inconfesables y miles de anécdotas que solamente nosotros sabemos que hacían que nuestras caras se sonrojaran y se llenarán de lágrimas y risas desde la llegada de la luna, hasta que el sol salía a darle el relevo. Día y noche. Noche y día.
El cuerpo ahora se me llena de una sensación cálida, compartida con un temblor que no podría poner por escrito, ya que no puedo llegar a definirlo con palabras, o por lo menos no las encuentro. Una sensación disparatada, prácticamente parece sacada de una película de humor, casi irónica. Y es que ahora, mientras narro estas palabras, estoy tumbada sobre ese césped del que hablo más arriba y en el que un día, hace solamente un año, fui la persona más feliz del mundo. Ahora veo pasar a las personas con las que compartí el verano pasado, y un simple “hola, ¿qué tal?” sale de mi boca. Nada más. Mientras tanto, lágrimas salen- otra vez- de mis ojos, pero esta vez de tristeza: - ¡pobre césped lleno de lágrimas!; aunque esta vez felices no son y no entiendo por qué-. Rosas ya no hay en él, puede ser que sea porque nosotros, la compañía que tenía el verano pasado ha desaparecido, y por ello las flores no han querido salir.
















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