NOCTURNOS
Amo luego existo
Yo no sé cómo se puede vivir sin amar. Sé que el amor no se busca, sino que se encuentra, como Picasso la inspiración. Yo necesito amar a una mujer para sentir que existo. Niego el aserto pienso luego existo. Descartes no conocía el amor. Transformó el “cogito ergo sum” en un amo, luego existo, vivo, gozo.
Asumo que soy un tío muy raro, que no sé amar por amar, dar un poco y recibir una miaja. Yo me pongo del revés, me doy la vuelta para echar todo lo que tengo dentro de la dama que amo. Más que amar, adoro. Siento que, cuando me enamoro, esa fémina se convierte en un ser divino, susceptible de adorar, de rendirle culto, tanto al cuerpo como al alma. Como no creo en Dios, me convertí a la fe del amor, a la pasión femenina. Ahora venero a una diosa, a la que pongo velas que enciendo con mis palabras, quemo incienso de caricias y de deseo para perfumar el altar de su belleza. Y no le pido nada. Le rezo poemas de amor infinito, rosarios de erotismo y le dirijo plegarias de besos húmedos y paladares de ambrosía.
Sé que no soy el feligrés preferido de esa diosa en la que creo, de esa divinidad femenina a la que adoro, que otorga más favores a los infieles. Pero mi fe en el amor, nunca la perderé hasta la hora de dejar de ser. Vivo porque la amo. En su paraíso gozaré del éxtasis eterno que me provoca su cercanía. La quiero. No sé vivir sin amar.
Eugenio-Jesús de Ávila
Yo no sé cómo se puede vivir sin amar. Sé que el amor no se busca, sino que se encuentra, como Picasso la inspiración. Yo necesito amar a una mujer para sentir que existo. Niego el aserto pienso luego existo. Descartes no conocía el amor. Transformó el “cogito ergo sum” en un amo, luego existo, vivo, gozo.
Asumo que soy un tío muy raro, que no sé amar por amar, dar un poco y recibir una miaja. Yo me pongo del revés, me doy la vuelta para echar todo lo que tengo dentro de la dama que amo. Más que amar, adoro. Siento que, cuando me enamoro, esa fémina se convierte en un ser divino, susceptible de adorar, de rendirle culto, tanto al cuerpo como al alma. Como no creo en Dios, me convertí a la fe del amor, a la pasión femenina. Ahora venero a una diosa, a la que pongo velas que enciendo con mis palabras, quemo incienso de caricias y de deseo para perfumar el altar de su belleza. Y no le pido nada. Le rezo poemas de amor infinito, rosarios de erotismo y le dirijo plegarias de besos húmedos y paladares de ambrosía.
Sé que no soy el feligrés preferido de esa diosa en la que creo, de esa divinidad femenina a la que adoro, que otorga más favores a los infieles. Pero mi fe en el amor, nunca la perderé hasta la hora de dejar de ser. Vivo porque la amo. En su paraíso gozaré del éxtasis eterno que me provoca su cercanía. La quiero. No sé vivir sin amar.
Eugenio-Jesús de Ávila

















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