COSAS MÍAS
Cuánto mejor vive el político, más sufre el pueblo
Un periodista jamás debería ser amigo de un político profesional. Un periodista tendría que sospechar siempre de un político que viva de un cargo público. Cada oración que pronuncia el profesional de la res pública, tenderá a la mentira, o, como mucho, hacia una media verdad. Un periodista siempre debería sospechar del que ocupa un cargo político, que sonríe y se aflige como un actor. Algunos son muy malos cómicos de la legua. Se les nota que fingen. Otros disimulan. Tardas en pillarles su falacia. Al final, un político es como un Don Juan sin romanticismo, que intenta seducir a todas las “ineses” del mundo y a todos los ciudadanos novicios, novatos, cándidos, para que lo voten. Observe el lector que, cuanto mejor vive el político profesional, más se reduce la calidad de vida del pueblo.
El periodista, siempre al servicio de la ideología del medio en el que trabaja, agradece la sonrisa del político, el saludo y el toque en la espalda del que detenta poder. Incluso aunque no corresponda a su ideología. En Zamora, ha habido maestros en el arte de la actuación política. Genios que tenían encantada a la prensa, un sector que comulga con ruedas de molino si hay publicidad pública en esa relación amistosa. Si no se paga, alguno se rebela, porque se cree más que el resto. Sucede. “Si no me das lo que pido, no te saco en los papeles, o en las redes sociales”. Como en Zamora las empresas no dan para gastar mucho en márketing, pues a sangrar a las instituciones.
El periodista, si cumple con su deber, hablará o escribirá de la realidad de su tierra. Si es un correveidile limitará su trabajo a la rueda de prensa. Quizá no pregunte jamás, y si lo hace, el político ya sabe la respuesta.
A mí me interesa más, como historiador, por supuesto, analizar la realidad de Zamora a través del conocimiento de su historia. Además, también tengo memoria, que nunca debe identificarse con la historia. Como la conozco, sé explicar por qué nuestra ciudad y su provincia sufren esta decadencia económica y demográfica, en ciertos casos, irreversible.
Aquí, si no actúa el Estado, como el franquismo en Las Canarias, despobladas en los años 40, después con un crecimiento descomunal en número de habitantes, o cuando Carlos Pinilla, un zamorano, construyó en la capital de su provincia el Clínico, la Universidad Laboral, la segunda creada en España; la Ciudad Deportiva Ramiro Ledesma Ramos, un lujo a principios de los 50; viviendas para los más humildes en Los Bloques, San Lázaro y San José Obrero, además de otras inversiones de menor cuantía, los zamoranos perderemos calidad de vida, la provincia y la capital, población; los jóvenes se irán, aunque no lo deseen, y el anciano se convertirá en la materia prima para la industria extraordinaria de las residencias de la tercera edad, la última y definitiva.
Al Estado, más si lo administra un gobierno que se jacta de velar por los más humildes, por los sencillos, por los desheredados de la fortuna, que invierta más en estas zonas depauperadas, como la nuestra, en detrimento de las ricas, como las comunidades catalana y vasca, por citar solo dos ejemplos diáfanos. Este ejecutivo de socialistas marxistoides y comunistas rockeros, el de arriba parias de la tierra, el de la famélica legión, tiene una obligación con nosotros, la provincia más empobrecida, con menos actividad económica de España, con la que registra una pérdida de población más alarmante: dedicar importantes partidas en el PGE de 2022 a Zamora: Monte la Reina, ochenta millones de euros, el alpiste del canario si comparamos con las inyecciones públicas en Cataluña y País Vasco; la transformación en autovía de la N-122 entre Zamora y la frontera lusa, y, ya de puestos, la cesión al Ayuntamiento de Zamora de los terrenos de Adif en el complejo de la Estación del Ferrocarril, para crear un gran polígono industrial con tecnología avanzada.
Si este este es el gobierno más izquierdista de la historia de España desde la Guerra Civil, que se note, que favorezca a la Zamora de los parias, a esta provincia que es famélica legión. Después, cuando los hechos vengan a confirmar las promesas, vuelvo a cantar la Internacional, como cuando fui un joven ácrata con ramalazos trotskista. Paradojas políticas. Marxista anarquista. Un oxímoron ideológico.
Eugenio-Jesús de Ávila
Un periodista jamás debería ser amigo de un político profesional. Un periodista tendría que sospechar siempre de un político que viva de un cargo público. Cada oración que pronuncia el profesional de la res pública, tenderá a la mentira, o, como mucho, hacia una media verdad. Un periodista siempre debería sospechar del que ocupa un cargo político, que sonríe y se aflige como un actor. Algunos son muy malos cómicos de la legua. Se les nota que fingen. Otros disimulan. Tardas en pillarles su falacia. Al final, un político es como un Don Juan sin romanticismo, que intenta seducir a todas las “ineses” del mundo y a todos los ciudadanos novicios, novatos, cándidos, para que lo voten. Observe el lector que, cuanto mejor vive el político profesional, más se reduce la calidad de vida del pueblo.
El periodista, siempre al servicio de la ideología del medio en el que trabaja, agradece la sonrisa del político, el saludo y el toque en la espalda del que detenta poder. Incluso aunque no corresponda a su ideología. En Zamora, ha habido maestros en el arte de la actuación política. Genios que tenían encantada a la prensa, un sector que comulga con ruedas de molino si hay publicidad pública en esa relación amistosa. Si no se paga, alguno se rebela, porque se cree más que el resto. Sucede. “Si no me das lo que pido, no te saco en los papeles, o en las redes sociales”. Como en Zamora las empresas no dan para gastar mucho en márketing, pues a sangrar a las instituciones.
El periodista, si cumple con su deber, hablará o escribirá de la realidad de su tierra. Si es un correveidile limitará su trabajo a la rueda de prensa. Quizá no pregunte jamás, y si lo hace, el político ya sabe la respuesta.
A mí me interesa más, como historiador, por supuesto, analizar la realidad de Zamora a través del conocimiento de su historia. Además, también tengo memoria, que nunca debe identificarse con la historia. Como la conozco, sé explicar por qué nuestra ciudad y su provincia sufren esta decadencia económica y demográfica, en ciertos casos, irreversible.
Aquí, si no actúa el Estado, como el franquismo en Las Canarias, despobladas en los años 40, después con un crecimiento descomunal en número de habitantes, o cuando Carlos Pinilla, un zamorano, construyó en la capital de su provincia el Clínico, la Universidad Laboral, la segunda creada en España; la Ciudad Deportiva Ramiro Ledesma Ramos, un lujo a principios de los 50; viviendas para los más humildes en Los Bloques, San Lázaro y San José Obrero, además de otras inversiones de menor cuantía, los zamoranos perderemos calidad de vida, la provincia y la capital, población; los jóvenes se irán, aunque no lo deseen, y el anciano se convertirá en la materia prima para la industria extraordinaria de las residencias de la tercera edad, la última y definitiva.
Al Estado, más si lo administra un gobierno que se jacta de velar por los más humildes, por los sencillos, por los desheredados de la fortuna, que invierta más en estas zonas depauperadas, como la nuestra, en detrimento de las ricas, como las comunidades catalana y vasca, por citar solo dos ejemplos diáfanos. Este ejecutivo de socialistas marxistoides y comunistas rockeros, el de arriba parias de la tierra, el de la famélica legión, tiene una obligación con nosotros, la provincia más empobrecida, con menos actividad económica de España, con la que registra una pérdida de población más alarmante: dedicar importantes partidas en el PGE de 2022 a Zamora: Monte la Reina, ochenta millones de euros, el alpiste del canario si comparamos con las inyecciones públicas en Cataluña y País Vasco; la transformación en autovía de la N-122 entre Zamora y la frontera lusa, y, ya de puestos, la cesión al Ayuntamiento de Zamora de los terrenos de Adif en el complejo de la Estación del Ferrocarril, para crear un gran polígono industrial con tecnología avanzada.
Si este este es el gobierno más izquierdista de la historia de España desde la Guerra Civil, que se note, que favorezca a la Zamora de los parias, a esta provincia que es famélica legión. Después, cuando los hechos vengan a confirmar las promesas, vuelvo a cantar la Internacional, como cuando fui un joven ácrata con ramalazos trotskista. Paradojas políticas. Marxista anarquista. Un oxímoron ideológico.
Eugenio-Jesús de Ávila






























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.139