PRIMERA DIVISIÓN RFEF
Otro obsequio en defensa ocasiona una nueva derrota del Zamora (1-0)
Los rojiblancos repiten virtudes y defectos, esta vez en Balaidos, de anteriores jornadas: más dominio, presencia y ocasiones, pero mucho ruido y pocas veces
Lo de este Zamora CF 2021-2022 soy incapaz de explicarlo. Debería recurrir al esoterismo, porque me parece un hecho que escapa a la razón. Desde el primer partido de Liga, ante el Bilbao Ath, con aquella boutade de Astray, jugar un balón en la frontal del área propia, perdiéndola ante Diarrá lo que originó el tanto del triunfo vasco, más otros extraños sucesos futbolísticos que se reiteraron, casi una copia, en otras jornadas, más la falta de concreción ante el marco contrario, alcanzaron esta tarde que acabo noche en Vigo su máxima expresión de lo que un futbolista profesional tiene prohibido, por ley. En verdad, que hasta Piña, un jugador regular, un prodigio de serenidad, de saber estar, cometiera un sacrilegio con la pelota en su poder me parece como si hubiera tenido una pesadilla la pasada madrugada.
Ya no entro después en que el cuadro de Movilla lo intentara todo y gozase de ocasiones clara de marcar, que las tuvo, de hecho, la primera, pintiparada, la protagonizo Astray en un saque de esquina, pero su remate, un tanto mordido, lo sacó un defensa bajo los palos. Minuto 13. Lo que pudo haber sido y no fue. Después, durante veinte minutos, por expulsión del goleador celtiña, tampoco se supo jugar contra diez.
Esta tarde, el técnico vasco dio entrada a Diego, un chaval que venía luciendo en los tramos finales de las segundas entregas, que haría pareja en ataque con Baselga. Zaga y medular, casi los de siempre, con la vuelta a la titularidad de Dani Hernández, que, en principio, corrió por la derecha de la ofensiva rojiblanca, y Luque, encargado de enlazar con los más avanzados, misión que apenas consiguió en todo el partido.
Empezó muy bien el Zamora CF, con ganas de comerse al rival, al que metió en su campo. Eso duró unos veinte minutos. Después, el Ramos y Astray desaparecieron, y Luque, cual Guadiana, también. A partir de ese instante, el Celta metió a los rojiblancos, esta noche de negro, no de luto, sino dorado, en su campo.
Y, cuando todo parecía equilibrado, llegó la tontería de la noche, de lo que llevamos de Liga y quizá de toda ella: cuero que domina Piña, intenta cederla, pero se le queda corta, con un rival, Cedric, un atleta africano muy rápido, que aprovecho el obsequió y marcó el tanto que después sería el del triunfo. Minuto 31.
Antes del descanso, aunque el Zamora anduviera de capa caída, Baselga, en buen cabezazo, obligó a estirarse a Campos. Después, a vestuarios. Tras el descanso, el cuadro rojiblanco salió con las mismas fuerzas que al inicio del encuentro. Pero tampoco se igualaba el marcador. De tal manera, Movilla realizó tres cambios de golpe: Navas por Baselga, Coscia por Diego y Losada por Astray. Minuto 59. Carlos Ramos retraso su posición para llevar al equipo desde atrás.
Pasaban los minutos y el nerviosismo se apoderada de la mente colectiva rojiblanca. Coscia, solo ante el portero, no sabe marcar. Minuto 65. Anteriormente, el argentino tampoco supo qué hacer con una pelota suelta en el área. Oportunidad perdida. Una más. Normal ya.
Después expulsión del goleador local, por una caricia en la cara de Jon Rojo. Movilla cambia al lateral vasco por Espejo, y dos minutos después, a Kepa por Dani Hernández.
Onésimo fía la suerte de su equipo al contragolpe, mientras que el Zamora presionaba por arriba, por abajo, por una banda y por la otra. No había forma. Incluso, en el descuento, muy escaso, por el tiempo perdido por los locales, hasta Jon Mikel subió a la salida de un córner, mientras el último disparo, durísimo, de Cordero, tampoco halló el placer del gol.
En definitiva, un partido más del Zamora, semejante a otros, con un regalo de lujo y con una impotencia en ataque absoluta. Dominio para nada. Yermo.
Lo de este Zamora CF 2021-2022 soy incapaz de explicarlo. Debería recurrir al esoterismo, porque me parece un hecho que escapa a la razón. Desde el primer partido de Liga, ante el Bilbao Ath, con aquella boutade de Astray, jugar un balón en la frontal del área propia, perdiéndola ante Diarrá lo que originó el tanto del triunfo vasco, más otros extraños sucesos futbolísticos que se reiteraron, casi una copia, en otras jornadas, más la falta de concreción ante el marco contrario, alcanzaron esta tarde que acabo noche en Vigo su máxima expresión de lo que un futbolista profesional tiene prohibido, por ley. En verdad, que hasta Piña, un jugador regular, un prodigio de serenidad, de saber estar, cometiera un sacrilegio con la pelota en su poder me parece como si hubiera tenido una pesadilla la pasada madrugada.
Ya no entro después en que el cuadro de Movilla lo intentara todo y gozase de ocasiones clara de marcar, que las tuvo, de hecho, la primera, pintiparada, la protagonizo Astray en un saque de esquina, pero su remate, un tanto mordido, lo sacó un defensa bajo los palos. Minuto 13. Lo que pudo haber sido y no fue. Después, durante veinte minutos, por expulsión del goleador celtiña, tampoco se supo jugar contra diez.
Esta tarde, el técnico vasco dio entrada a Diego, un chaval que venía luciendo en los tramos finales de las segundas entregas, que haría pareja en ataque con Baselga. Zaga y medular, casi los de siempre, con la vuelta a la titularidad de Dani Hernández, que, en principio, corrió por la derecha de la ofensiva rojiblanca, y Luque, encargado de enlazar con los más avanzados, misión que apenas consiguió en todo el partido.
Empezó muy bien el Zamora CF, con ganas de comerse al rival, al que metió en su campo. Eso duró unos veinte minutos. Después, el Ramos y Astray desaparecieron, y Luque, cual Guadiana, también. A partir de ese instante, el Celta metió a los rojiblancos, esta noche de negro, no de luto, sino dorado, en su campo.
Y, cuando todo parecía equilibrado, llegó la tontería de la noche, de lo que llevamos de Liga y quizá de toda ella: cuero que domina Piña, intenta cederla, pero se le queda corta, con un rival, Cedric, un atleta africano muy rápido, que aprovecho el obsequió y marcó el tanto que después sería el del triunfo. Minuto 31.
Antes del descanso, aunque el Zamora anduviera de capa caída, Baselga, en buen cabezazo, obligó a estirarse a Campos. Después, a vestuarios. Tras el descanso, el cuadro rojiblanco salió con las mismas fuerzas que al inicio del encuentro. Pero tampoco se igualaba el marcador. De tal manera, Movilla realizó tres cambios de golpe: Navas por Baselga, Coscia por Diego y Losada por Astray. Minuto 59. Carlos Ramos retraso su posición para llevar al equipo desde atrás.
Pasaban los minutos y el nerviosismo se apoderada de la mente colectiva rojiblanca. Coscia, solo ante el portero, no sabe marcar. Minuto 65. Anteriormente, el argentino tampoco supo qué hacer con una pelota suelta en el área. Oportunidad perdida. Una más. Normal ya.
Después expulsión del goleador local, por una caricia en la cara de Jon Rojo. Movilla cambia al lateral vasco por Espejo, y dos minutos después, a Kepa por Dani Hernández.
Onésimo fía la suerte de su equipo al contragolpe, mientras que el Zamora presionaba por arriba, por abajo, por una banda y por la otra. No había forma. Incluso, en el descuento, muy escaso, por el tiempo perdido por los locales, hasta Jon Mikel subió a la salida de un córner, mientras el último disparo, durísimo, de Cordero, tampoco halló el placer del gol.
En definitiva, un partido más del Zamora, semejante a otros, con un regalo de lujo y con una impotencia en ataque absoluta. Dominio para nada. Yermo.




















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