ZAMORANA
Lo que nos están negando
Debe ser el efecto de los años lo que me ha hecho más realista, menos soñadora, más escéptica; antes confiaba en la palabra, tenía ilusiones, esperaba que se materializaran proyectos por el mero hecho de haber trabajado en ellos, estar bien elaborados y ser positivos para la comunidad; sin embargo, ahora que ya me he topado con varias puertas cerradas a cal y canto, aún consciente de que dentro estaban las personas que podrían facilitarlos, ahora que conozco el valor de un “no” sin ambages, ahora que desconfío de las palabras amables que no conducen a nada… todo es diferente.
Luché hasta donde pude porque se materializara la creación de un “Museo Rural de la provincia de Zamora”, donde tuvieran cabida enseres y objetos antiguos que constituyeron una forma de vida, ahora en desuso y rescatar muchos de ellos que permanecen dormidos para siempre entre la paja del tiempo, el polvo del olvido o el magma de las casas derruidas; escribí docenas de correos, me erigí en la voz visible tras la que se aunaban otras voces para apoyar este proyecto porque entendíamos que si se pierden los objetos se olvida la historia.
Soy consciente de que en algunas comarcas hay particulares que los han recogido y los mantienen a salvo custodiándolos ¿hasta cuándo?, sin ninguna ayuda administrativa ni gubernamental que apoye esta idea. Me consta, asimismo, el pesar de muchos pueblos cuyos habitantes ven como se pierden aperos de labranza, utensilios domésticos, muebles, loza etc. ante la pasividad e inercia del tiempo que transcurre sin que nadie se interese por ellos. El Museo Etnográfico de Zamora no es una solución, pues no representa el aspecto rural que constituye la connotación básica para custodiar enseres propios de labranza: arados, trillos, palas, tornaderas, carros, yugos…, ni tampoco mobiliario específicamente rural: bancos, escaños, arcas, baúles, mesas matanceras, alhacenas, romanas, cántaros, potes, cacharros de barro… todo un acervo cultural se está perdiendo cada día con la desaparición de las personas mayores que aun guardan en sus casas algunos de estos objetos y que, con sus dueños, morirán también.
Me han dicho con claridad meridiana que “no puede ser”, esta idea no interesa a las administraciones: ni en la Junta, ni en la Diputación, ni en el grupo Zamora 10 tiene cabida. Yo no quiero resignarme, no mientras me quede un hálito de vida; seguiré insistiendo con un proyecto que algún día, quizá lo vean viable quienes hoy lo niegan. Espero que no se haga realidad la aseveración del gran Delibes: "hemos matado la cultura campesina, pero no la hemos sustituido por nada, al menos por nada noble". Espero que la historia de varias generaciones de vida rural no se pierda definitivamente por el desinterés y la desidia de unas autoridades que, al menos por ahora, dicen “no” a este proyecto.
Mª Soledad Martín Turiño
Debe ser el efecto de los años lo que me ha hecho más realista, menos soñadora, más escéptica; antes confiaba en la palabra, tenía ilusiones, esperaba que se materializaran proyectos por el mero hecho de haber trabajado en ellos, estar bien elaborados y ser positivos para la comunidad; sin embargo, ahora que ya me he topado con varias puertas cerradas a cal y canto, aún consciente de que dentro estaban las personas que podrían facilitarlos, ahora que conozco el valor de un “no” sin ambages, ahora que desconfío de las palabras amables que no conducen a nada… todo es diferente.
Luché hasta donde pude porque se materializara la creación de un “Museo Rural de la provincia de Zamora”, donde tuvieran cabida enseres y objetos antiguos que constituyeron una forma de vida, ahora en desuso y rescatar muchos de ellos que permanecen dormidos para siempre entre la paja del tiempo, el polvo del olvido o el magma de las casas derruidas; escribí docenas de correos, me erigí en la voz visible tras la que se aunaban otras voces para apoyar este proyecto porque entendíamos que si se pierden los objetos se olvida la historia.
Soy consciente de que en algunas comarcas hay particulares que los han recogido y los mantienen a salvo custodiándolos ¿hasta cuándo?, sin ninguna ayuda administrativa ni gubernamental que apoye esta idea. Me consta, asimismo, el pesar de muchos pueblos cuyos habitantes ven como se pierden aperos de labranza, utensilios domésticos, muebles, loza etc. ante la pasividad e inercia del tiempo que transcurre sin que nadie se interese por ellos. El Museo Etnográfico de Zamora no es una solución, pues no representa el aspecto rural que constituye la connotación básica para custodiar enseres propios de labranza: arados, trillos, palas, tornaderas, carros, yugos…, ni tampoco mobiliario específicamente rural: bancos, escaños, arcas, baúles, mesas matanceras, alhacenas, romanas, cántaros, potes, cacharros de barro… todo un acervo cultural se está perdiendo cada día con la desaparición de las personas mayores que aun guardan en sus casas algunos de estos objetos y que, con sus dueños, morirán también.
Me han dicho con claridad meridiana que “no puede ser”, esta idea no interesa a las administraciones: ni en la Junta, ni en la Diputación, ni en el grupo Zamora 10 tiene cabida. Yo no quiero resignarme, no mientras me quede un hálito de vida; seguiré insistiendo con un proyecto que algún día, quizá lo vean viable quienes hoy lo niegan. Espero que no se haga realidad la aseveración del gran Delibes: "hemos matado la cultura campesina, pero no la hemos sustituido por nada, al menos por nada noble". Espero que la historia de varias generaciones de vida rural no se pierda definitivamente por el desinterés y la desidia de unas autoridades que, al menos por ahora, dicen “no” a este proyecto.
Mª Soledad Martín Turiño




















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