MISTERIO
La Atlántida
La Atlántida, es uno de esos grandes misterios por los que la curiosidad humana tiene debilidad y que la obliga a investigar y divagar a partes iguales; especialmente después de que Schiemann descubriera la ciudad de Troya siguiendo las pistas encontradas en las lecturas de Homero.
La historia de la Atlántida se cuenta en dos diálogos de Platón, (Timoteo y Críticas), que escribió al final de su vida. En ellos, cuenta que la Atlántida era un reino insular, con anillos de tierra y bahías circulares, situados justo enfrente de los pilares de Hércules (el pilar norte, corresponde con el Estrecho de Gibraltar), desde el que los viajeros podían pasar a otras islas y de allí a un Continente mucho más vasto (el pilar sur: un peñón situado en el norte de África). En apenas un día y una noche, un súbito y fatal cataclismo acabó hundiendo la inmensa isla con sus habitantes.
Desde que Platón narra por primera vez sobre la misteriosa isla, oculta para el mundo pero presente en el ideario de todos los pueblos desde hace miles de años, la Atlántida ha capturado la imaginación de escritores, aventureros y académicos por igual. Quizás sus relatos solamente sean una velada mención a algún acontecimiento dramático del pasado humano del que el gran filósofo tuvo noticia a través del sabio griego Solón, quien quedó fascinado con el mito atlante cuando le fue transmitido este conocimiento por parte de un sacerdote egipcio, que le mostró como en las paredes del templo donde se encontraban estaba escrita la existencia del supercontinente y trasladó el relato al abuelo de Critias, para acabar siendo citado por éste último como un suceso verdadero en los textos de Platón, quien lo utilizó como inspiración para su obra.
Por razones desconocidas, Platón no completó el Critias: la historia fue interrumpida cuando Zeus decidió castigar a los atlantes decadentes. Según algunas interpretaciones, esta suspensión es voluntaria y Platón invita al lector a ir más allá y proseguir su reflexión solo.
Fuese como fuere, aunque la historia comenzó a tomarse en serio en torno al siglo XIX, cuando cientos de entusiastas se lanzaron a la búsqueda de las ruinas de la misteriosa ciudad perdida, en los últimos años la megalópolis que tan detalladamente describió ha vuelto a ser tomada en serio por varias instituciones científicas, quienes sitúan el emplazamiento de la Atlántica en el Parque Nacional de Doñana o en las Islas Canarias.
Existe un libro titulado "Acción de España en África" avalado por el prestigio y seriedad del Estado Mayor, que recoge extensas aportaciones geológicas acerca del continente perdido. Perteneció al Teniente General y Jefe del Estado Mayor, Sánchez de Ocaña. Se trata de uno de los cuatro únicos ejemplares de que constó la edición, lo cual hace suponer que su contenido fue considerado prácticamente secreto, todos destinados exclusivamente a altos mandos del Ejército español. En sus páginas, basándose en concomitancias de la fauna, la flora y la geología entre España y Marruecos, se admite la existencia de La Atlántida. El volumen, encuadernado con primor en piel de Rusia, fue impreso en 1935, en los talleres del Ministerio de la Guerra, y su realización corrió a cargo de la Comisión Histórica de las Campañas de Marruecos.
La deducción de los autores es que España formaba parte de un continente terciario unido a África por el istmo que hoy ocupa el estrecho de Gibraltar, encerrando una vasta cuenca, la del actual Mediterráneo, que, prolongándose hacia el Noroeste, según muchos geólogos por territorios ahora sumergidos, llegaba a unirse con América del Norte. Avalan esta sorprendente conclusión las huellas que sobre la superficie de España y Marruecos dejaron dos importantes estrechos: el Norbético, abierto en los tiempos eocenos por el actual valle del Guadalquivir, que establecía una comunicación entre ambos mares más amplia que la posterior de Gibraltar, y el Sur Rifeño, por las cuencas del Sebú y sus afluentes el Varga, el lnaven y el Muluya inferior. En el capítulo titulado "Hundimiento del istmo entre Europa y África: la cuestión de La Atlántida", se informa más ampliamente sobre el continente perdido, explicando que, unidas todavía las cadenas montañosas Bética y Rifeña, al fin del Plioceno de la Era Terciaria (según los geólogos) violentas conmociones sísmicas provocaron el hundimiento del istmo montañoso que las unía, separando los continentes y dejando abierta una nueva comunicación entre los dos mares.
Emilia Casas
La Atlántida, es uno de esos grandes misterios por los que la curiosidad humana tiene debilidad y que la obliga a investigar y divagar a partes iguales; especialmente después de que Schiemann descubriera la ciudad de Troya siguiendo las pistas encontradas en las lecturas de Homero.
La historia de la Atlántida se cuenta en dos diálogos de Platón, (Timoteo y Críticas), que escribió al final de su vida. En ellos, cuenta que la Atlántida era un reino insular, con anillos de tierra y bahías circulares, situados justo enfrente de los pilares de Hércules (el pilar norte, corresponde con el Estrecho de Gibraltar), desde el que los viajeros podían pasar a otras islas y de allí a un Continente mucho más vasto (el pilar sur: un peñón situado en el norte de África). En apenas un día y una noche, un súbito y fatal cataclismo acabó hundiendo la inmensa isla con sus habitantes.
Desde que Platón narra por primera vez sobre la misteriosa isla, oculta para el mundo pero presente en el ideario de todos los pueblos desde hace miles de años, la Atlántida ha capturado la imaginación de escritores, aventureros y académicos por igual. Quizás sus relatos solamente sean una velada mención a algún acontecimiento dramático del pasado humano del que el gran filósofo tuvo noticia a través del sabio griego Solón, quien quedó fascinado con el mito atlante cuando le fue transmitido este conocimiento por parte de un sacerdote egipcio, que le mostró como en las paredes del templo donde se encontraban estaba escrita la existencia del supercontinente y trasladó el relato al abuelo de Critias, para acabar siendo citado por éste último como un suceso verdadero en los textos de Platón, quien lo utilizó como inspiración para su obra.
Por razones desconocidas, Platón no completó el Critias: la historia fue interrumpida cuando Zeus decidió castigar a los atlantes decadentes. Según algunas interpretaciones, esta suspensión es voluntaria y Platón invita al lector a ir más allá y proseguir su reflexión solo.
Fuese como fuere, aunque la historia comenzó a tomarse en serio en torno al siglo XIX, cuando cientos de entusiastas se lanzaron a la búsqueda de las ruinas de la misteriosa ciudad perdida, en los últimos años la megalópolis que tan detalladamente describió ha vuelto a ser tomada en serio por varias instituciones científicas, quienes sitúan el emplazamiento de la Atlántica en el Parque Nacional de Doñana o en las Islas Canarias.
Existe un libro titulado "Acción de España en África" avalado por el prestigio y seriedad del Estado Mayor, que recoge extensas aportaciones geológicas acerca del continente perdido. Perteneció al Teniente General y Jefe del Estado Mayor, Sánchez de Ocaña. Se trata de uno de los cuatro únicos ejemplares de que constó la edición, lo cual hace suponer que su contenido fue considerado prácticamente secreto, todos destinados exclusivamente a altos mandos del Ejército español. En sus páginas, basándose en concomitancias de la fauna, la flora y la geología entre España y Marruecos, se admite la existencia de La Atlántida. El volumen, encuadernado con primor en piel de Rusia, fue impreso en 1935, en los talleres del Ministerio de la Guerra, y su realización corrió a cargo de la Comisión Histórica de las Campañas de Marruecos.
La deducción de los autores es que España formaba parte de un continente terciario unido a África por el istmo que hoy ocupa el estrecho de Gibraltar, encerrando una vasta cuenca, la del actual Mediterráneo, que, prolongándose hacia el Noroeste, según muchos geólogos por territorios ahora sumergidos, llegaba a unirse con América del Norte. Avalan esta sorprendente conclusión las huellas que sobre la superficie de España y Marruecos dejaron dos importantes estrechos: el Norbético, abierto en los tiempos eocenos por el actual valle del Guadalquivir, que establecía una comunicación entre ambos mares más amplia que la posterior de Gibraltar, y el Sur Rifeño, por las cuencas del Sebú y sus afluentes el Varga, el lnaven y el Muluya inferior. En el capítulo titulado "Hundimiento del istmo entre Europa y África: la cuestión de La Atlántida", se informa más ampliamente sobre el continente perdido, explicando que, unidas todavía las cadenas montañosas Bética y Rifeña, al fin del Plioceno de la Era Terciaria (según los geólogos) violentas conmociones sísmicas provocaron el hundimiento del istmo montañoso que las unía, separando los continentes y dejando abierta una nueva comunicación entre los dos mares.
Emilia Casas


















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.61