NOCTURNOS
La huella del amor
En ella hallé un aroma distinto, un perfume diferente, un gesto lábil, una voz evanescente. Esa mujer me ha marcado el alma. Pertenezco ya a los hombres que yerran enamorados de su persona, de su belleza, de su inteligencia.
Hay mujeres a las que se ama como si fueran diosas: se les ora, se les pide favores. Y esperas el milagro de que te quiera, que se enamore de ti, que solo eres un hombre normal, mortal, incluso vulgar. Yo la adoro. Y ella lo sabe.
Y yo también sé que el amor no se paga con más amor, que, a veces, la bondad no enamora, ni tampoco el talento, ni la inteligencia. Ignoro qué virtudes la enamoran, a qué hombres permitió entrar en su cuerpo, besar su pubis, acariciar su ombligo, realizar esgrima con su lengua. Solo sé que llevo la huella del amor en la epidermis del alma.
Eugenio-Jesús de Ávila
En ella hallé un aroma distinto, un perfume diferente, un gesto lábil, una voz evanescente. Esa mujer me ha marcado el alma. Pertenezco ya a los hombres que yerran enamorados de su persona, de su belleza, de su inteligencia.
Hay mujeres a las que se ama como si fueran diosas: se les ora, se les pide favores. Y esperas el milagro de que te quiera, que se enamore de ti, que solo eres un hombre normal, mortal, incluso vulgar. Yo la adoro. Y ella lo sabe.
Y yo también sé que el amor no se paga con más amor, que, a veces, la bondad no enamora, ni tampoco el talento, ni la inteligencia. Ignoro qué virtudes la enamoran, a qué hombres permitió entrar en su cuerpo, besar su pubis, acariciar su ombligo, realizar esgrima con su lengua. Solo sé que llevo la huella del amor en la epidermis del alma.
Eugenio-Jesús de Ávila
















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