NOCTURNOS
Amar cuando ya no queda tiempo
![[Img #59265]](https://eldiadezamora.es/upload/images/11_2021/8016_dedo.jpg)
"Yo no busco, encuentro", confesó Picasso cuando analizaba su pintura. Yo no la busqué, la hallé. Escribo cuando deseo escribir sobre ella, Isabel; cuando estoy enamorado de esa mujer. Como Buda fue iluminado, yo también recibí un soplo erótico del dios del amor. No tenía pensado enamorarme en este crespúsculo físico e intelectual de mi paso por la vida. Había reflexionado sobre amar y ser amado. No alcancé conclusión alguna. Me dominó el escepticismo. Placer para el cuerpo, para la carne, para el tuétano de los huesos.
El alma vigila al cuerpo que la cobija, que la guarda, que la sujeta Y contempla la concupiscencia como una excrecencia del sexo sin seso. Si bien la cópula y sus atributos necesitan del éxtasis para perpetuarse, para olvidarse de su finitud, de su tránsito hacia el no ser. Sin placer que desata el coito, la Humanidad habría dejado de existir ha tiempo.
Cuando dispuse mi esencia para amarla, me preparé para la derrota del deseo. No quería que el desprecio de mi persona me abriera las costuras del alma. Pero la belleza, si eres un ser sensible, siempre obliga a disfrutarla. Conocerla fue amarla. No quise conformarme con eso de la amistad. Un hombre solo se descubre amigo de una fémina cuando no existe ningún tipo de atracción. Si un caballero se prenda de una dama, necesitara amarla, seducirla, acariciarla, mimarla, llevarla al nirvana, donde todo deleite alcanzan su máximo sentimiento.
Juro que se me apareció la mujer de mi muerte cuando la desidia anegaba mi vida. Ya no estaba preparado para perderme a mí mismo en una fémina. Me había jubilado de amar. Isabel conmocionó mi statu quo, me despertó de mi sueño de indolencia, me extrajo del triste sosiego de no amar, de no querer, de no desear. Ahora vibro cuando me llama, rezo a Eros al alba y experimento una honda delectación cuando me hallo ante su presencia. El amor me rejuveneció por dentro. El amor ignora cómo se reparan las heridas del tiempo en el cuerpo.
Eugenio-Jesús de Ávila
![[Img #59265]](https://eldiadezamora.es/upload/images/11_2021/8016_dedo.jpg)
"Yo no busco, encuentro", confesó Picasso cuando analizaba su pintura. Yo no la busqué, la hallé. Escribo cuando deseo escribir sobre ella, Isabel; cuando estoy enamorado de esa mujer. Como Buda fue iluminado, yo también recibí un soplo erótico del dios del amor. No tenía pensado enamorarme en este crespúsculo físico e intelectual de mi paso por la vida. Había reflexionado sobre amar y ser amado. No alcancé conclusión alguna. Me dominó el escepticismo. Placer para el cuerpo, para la carne, para el tuétano de los huesos.
El alma vigila al cuerpo que la cobija, que la guarda, que la sujeta Y contempla la concupiscencia como una excrecencia del sexo sin seso. Si bien la cópula y sus atributos necesitan del éxtasis para perpetuarse, para olvidarse de su finitud, de su tránsito hacia el no ser. Sin placer que desata el coito, la Humanidad habría dejado de existir ha tiempo.
Cuando dispuse mi esencia para amarla, me preparé para la derrota del deseo. No quería que el desprecio de mi persona me abriera las costuras del alma. Pero la belleza, si eres un ser sensible, siempre obliga a disfrutarla. Conocerla fue amarla. No quise conformarme con eso de la amistad. Un hombre solo se descubre amigo de una fémina cuando no existe ningún tipo de atracción. Si un caballero se prenda de una dama, necesitara amarla, seducirla, acariciarla, mimarla, llevarla al nirvana, donde todo deleite alcanzan su máximo sentimiento.
Juro que se me apareció la mujer de mi muerte cuando la desidia anegaba mi vida. Ya no estaba preparado para perderme a mí mismo en una fémina. Me había jubilado de amar. Isabel conmocionó mi statu quo, me despertó de mi sueño de indolencia, me extrajo del triste sosiego de no amar, de no querer, de no desear. Ahora vibro cuando me llama, rezo a Eros al alba y experimento una honda delectación cuando me hallo ante su presencia. El amor me rejuveneció por dentro. El amor ignora cómo se reparan las heridas del tiempo en el cuerpo.
Eugenio-Jesús de Ávila
















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.221