LITERATURA
La hipótesis de la simulación
Bien podría llamarse la madre de todas las teorías de la conspiración, la más audaz de todas las ideas pseudocientíficas, o la más inútil de todas las discusiones bizantinas. Desde que el filósofo Nick Bostrom propuso en el “Philosophical Quarterly” que el universo y todo lo que contiene podría ser una simulación, ha habido una intensa especulación pública y un debate sobre la naturaleza de la realidad. Ante este tema, yo me cuestiono varias cosas...
Si vivimos inmersos en una simulación, en la matrix que tanto se ha mencionado en películas, libros y artículos ¿realmente hemos sido capaces de simular el cerebro humano para crear mentes conscientes? Como especie humana (que no es lo mismo que con humanidad) ¿nos resistiríamos a desarrollar un mundo con seres con vidas que les parecen “reales”? Y, como sociedad consumista, ambiciosa, egoísta y principal causa de destrucción de nuestro propio planeta ¿podríamos llegar a crear cientos de mundos con miles de variantes para ver qué ocurriría en el futuro; si es que tenemos alguno ante la inevitable destrucción de nuestra propia raza? Mi parte racional (frente a tan locas (o no) preguntas) imagina lo siguiente:
“Voy por la calle y veo una caja de cartón tirada en el suelo. Le doy una patada con todas mis fuerzas. Me rompo el pie porque resulta que había una piedra en el interior de la caja. Evidentemente, mi respuesta (desde el razonamiento) me dice que si el universo fuese una mera creación de mi mente, la piedra no habría estado allí”.
Pero no cantemos victoria tan pronto. Porque la zona imaginativa de mi cerebro expone otro planteamiento:
“Que exista un mundo real ahí afuera no implica que lo podamos conocer tal y como es. Lo que llamamos “mundo real”, en realidad está dentro de nuestras cabezas y consiste en la interpretación que el cerebro hace de los datos que le llegan por los sentidos. Así, una manzana que yo percibo como roja, será marrón para un daltónico. ¿Quién tiene razón de los dos? Ambos o ninguno”.
Lo que llamamos el mundo real, en realidad es el mundo que percibimos. Que haya muchas más personas que vean la manzana roja, que personas que ven la manzana marrón, no implica que mi percepción sea más verdadera que la del daltónico. Para el 100% de los perros la manzana es azulada. En resumen, lo que llamamos mundo real es una experiencia subjetiva de algo que existe fuera de nosotros, pero que no podemos experimentar directamente, o sea, sin la intermediación de nuestros sentidos y nuestros procesos cerebrales.
Imagina ahora que hay un hombre sentado en un sillón verde leyendo un libro. En la historia que lee, alguien tiene la intención de matar a alguien más y saldar un asunto de amores. Para lograrlo, el agresor atraviesa corriendo una alameda, llega a un edificio, sube las escaleras y pasa por varias habitaciones hasta llegar al salón donde descansa su objetivo: un hombre que lee, sentado en un sillón verde. Varios habrán reconocido ya éste fragmento del libro “La comunidad de los parques”, del escritor argentino Julio Cortázar. Pero el sentimiento de circularidad que genera el cuento es parecido al que provocaría la teoría de la simulación: un mundo “real” (el del lector del principio) que se conecta con el mundo de la ficción del libro leído. En literatura a esto se le llama recursividad. El lector del sillón verde puede ser consciente de que es el personaje del relato que lee pero eso no modifica su historia, conforme avanza en la lectura y confirma el momento cercano de su muerte sólo actualiza las palabras que ya estaban escritas.
En fin... antes de volver a mi cueva a dormir (que falta me hace), de tener razón Nick Bostrom ¿nuestro Cosmos sería un estado de excepción (infinitamente improbable pero no imposible) dentro de un sistema verdaderamente caótico? Quizás, y sólo quizás ¿un Universo madre? ¿Podría el avance tecnológico generar una imitación tan perfecta de nuestra experiencia del mundo, que el original y su copia serían prácticamente indistinguibles?
Emilia Casas
Bien podría llamarse la madre de todas las teorías de la conspiración, la más audaz de todas las ideas pseudocientíficas, o la más inútil de todas las discusiones bizantinas. Desde que el filósofo Nick Bostrom propuso en el “Philosophical Quarterly” que el universo y todo lo que contiene podría ser una simulación, ha habido una intensa especulación pública y un debate sobre la naturaleza de la realidad. Ante este tema, yo me cuestiono varias cosas...
Si vivimos inmersos en una simulación, en la matrix que tanto se ha mencionado en películas, libros y artículos ¿realmente hemos sido capaces de simular el cerebro humano para crear mentes conscientes? Como especie humana (que no es lo mismo que con humanidad) ¿nos resistiríamos a desarrollar un mundo con seres con vidas que les parecen “reales”? Y, como sociedad consumista, ambiciosa, egoísta y principal causa de destrucción de nuestro propio planeta ¿podríamos llegar a crear cientos de mundos con miles de variantes para ver qué ocurriría en el futuro; si es que tenemos alguno ante la inevitable destrucción de nuestra propia raza? Mi parte racional (frente a tan locas (o no) preguntas) imagina lo siguiente:
“Voy por la calle y veo una caja de cartón tirada en el suelo. Le doy una patada con todas mis fuerzas. Me rompo el pie porque resulta que había una piedra en el interior de la caja. Evidentemente, mi respuesta (desde el razonamiento) me dice que si el universo fuese una mera creación de mi mente, la piedra no habría estado allí”.
Pero no cantemos victoria tan pronto. Porque la zona imaginativa de mi cerebro expone otro planteamiento:
“Que exista un mundo real ahí afuera no implica que lo podamos conocer tal y como es. Lo que llamamos “mundo real”, en realidad está dentro de nuestras cabezas y consiste en la interpretación que el cerebro hace de los datos que le llegan por los sentidos. Así, una manzana que yo percibo como roja, será marrón para un daltónico. ¿Quién tiene razón de los dos? Ambos o ninguno”.
Lo que llamamos el mundo real, en realidad es el mundo que percibimos. Que haya muchas más personas que vean la manzana roja, que personas que ven la manzana marrón, no implica que mi percepción sea más verdadera que la del daltónico. Para el 100% de los perros la manzana es azulada. En resumen, lo que llamamos mundo real es una experiencia subjetiva de algo que existe fuera de nosotros, pero que no podemos experimentar directamente, o sea, sin la intermediación de nuestros sentidos y nuestros procesos cerebrales.
Imagina ahora que hay un hombre sentado en un sillón verde leyendo un libro. En la historia que lee, alguien tiene la intención de matar a alguien más y saldar un asunto de amores. Para lograrlo, el agresor atraviesa corriendo una alameda, llega a un edificio, sube las escaleras y pasa por varias habitaciones hasta llegar al salón donde descansa su objetivo: un hombre que lee, sentado en un sillón verde. Varios habrán reconocido ya éste fragmento del libro “La comunidad de los parques”, del escritor argentino Julio Cortázar. Pero el sentimiento de circularidad que genera el cuento es parecido al que provocaría la teoría de la simulación: un mundo “real” (el del lector del principio) que se conecta con el mundo de la ficción del libro leído. En literatura a esto se le llama recursividad. El lector del sillón verde puede ser consciente de que es el personaje del relato que lee pero eso no modifica su historia, conforme avanza en la lectura y confirma el momento cercano de su muerte sólo actualiza las palabras que ya estaban escritas.
En fin... antes de volver a mi cueva a dormir (que falta me hace), de tener razón Nick Bostrom ¿nuestro Cosmos sería un estado de excepción (infinitamente improbable pero no imposible) dentro de un sistema verdaderamente caótico? Quizás, y sólo quizás ¿un Universo madre? ¿Podría el avance tecnológico generar una imitación tan perfecta de nuestra experiencia del mundo, que el original y su copia serían prácticamente indistinguibles?
Emilia Casas

















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.165