PASIÓN POR ZAMORA
Tras os Montes progresa y Zamora se nos muere
Los gobiernos lusos invirtieron el dinero de Europa con inteligencia y criterio, mientras aquí, los miillones procedentes de la UE se quedaron en Valladolid, su apéndice palentino y Burgos
Elegí Freixo de Espada a Cinta (Tras os Montes), donde el Duero recibe el abrazo de unos montes que adornan sus cabellos con naranjos y olivos, para descansar durante los días de este “puente” político-religioso. Y regreso admirado por el avance de esta región hermana lusa, donde las personas muestran una educación y un respeto excepcionales, que las hacen diferentes a nuestro comportamiento habitual tan arisco, seco y distante. Y regreso también avergonzado del cambio increíble de aquella región portuguesa que antes de entrar en Europa formaba parte de las más atrasadas de Iberia y que ahora supera social y económicamente nuestra provincia. Los distintos gobiernos lusos, de la derecha y de la izquierda, supieron invertir el dinero que la entonces Comunidad Europea destinó a las regiones menos avanzadas la CE y ahora disfrutan de autovías y carreteras modernas, por donde transitar sin problemas, sin peligro de colisión con otros vehículos: también me fijé en pequeños polígonos industriales, donde se han creado negocios transformando, por ejemplo, la madera de sus bosques y otras materias primas que ofrece la tierra que les rodea. Por supuesto, ni un solo garabato en paredes y zonas monumentales. Respeto por el pasado, por el tiempo pretérito, por la historia.
Tras os Montes progresó porque sus políticos distribuyeron los millones europeos conforme a las necesidades de sus regiones. Hubo criterio en el reparto. La antítesis de lo sucedido en Castilla y León, donde los ejecutivos de Lucas, el hombre que llevaba en su testa la mayor región de Europa, y Herrera después, cuando el daño estaba hecho, se quedaron con los dineros que deberían haber sacado, verbigracia, a Zamora y otras comarcas del Reino de León, del atraso, de la miseria social y económica, para equilibrar la autonomía, se quedaron en Valladolid, Burgos y Palencia, porque así interesaba a los grandes caciques castellanos que viven y vivieron en esas provincias. Así, desde la entrada de España en Europa, nosotros, los zamoranos, nos fuimos perdiendo en el abismo del desierto demográfico, que conllevó una enorme diferencia frente a las provincias antes mencionadas. La Junta robó al pobre para enriquecer aún más a los privilegiados.
Y me temo que Burgos y Valladolid mantendrán sus regalías políticas, porque los empresarios de construcción y medios de comunicación ordenan y mandan en el ejecutivo de Castilla y León, porque ya ejercían ese poder omnímodo cuando Herrera y lo prorrogan con Fernández Mañueco, que hace unos días descargó un pastón a la televisión privada de esta doble región. Así no hay problemas para sacar adelante los negocios periodísticos. Con el dinero de todos, vive una minoría de pudientes.
Mientras, Zamora sigue perdiendo habitantes, las comarcas de occidente se desertizan y el resto van tirando con lo poco que hay para repartir. Ideas como las de Merino para instalar una biorrefinería jamás contarán con el favor de la Junta. No obstante, convencido estoy de que el ejecutivo de Castilla celebraría esa inversión si se produjese en territorios burgaleses o vallisoletanos. No hay nada que hacer.
Insisto. Tras os Montes, región paupérrima hasta que Portugal ingresó en Europa, al unísono con España, se ha transformado en una zona encantadora, porque cuenta con belleza paisajística, buenos productos que degustar, la excelencia en educación de sus gentes, pequeñas industrias transformadoras. Esa metamorfosis se gestó merced a unos dirigentes políticos que cumplieron con las exigencias de la CE, tendentes a reequilibrar las regiones. De tal manera, como hombres inteligentes invirtieron allí donde más necesidades existían, nunca donde el desarrollo se había alcanzado niveles extraordinarios.
Zamora tuvo la desgracia de tener siempre un ejecutivo autonómico que la obvio en favor de sus provincias favoritas; unos políticos locales que obedecieron, prietas las filas a sus jefes de Valladolid y Madrid; unos medios de comunicación al servicio del caciquismo político, ahora más que nunca, y a los zamoranos, personas apáticas, pusilánimes y derrotadas sin haber luchado; pero siempre dispuestos a sacar vírgenes y cristos a las calles y las rúas de la ciudad pretérita. Zamora ya se ha convertido en la reserva espiritual de Europa. Recemos. Quizá se produzca un milagro.
Eugenio-Jesús de Ávila
Elegí Freixo de Espada a Cinta (Tras os Montes), donde el Duero recibe el abrazo de unos montes que adornan sus cabellos con naranjos y olivos, para descansar durante los días de este “puente” político-religioso. Y regreso admirado por el avance de esta región hermana lusa, donde las personas muestran una educación y un respeto excepcionales, que las hacen diferentes a nuestro comportamiento habitual tan arisco, seco y distante. Y regreso también avergonzado del cambio increíble de aquella región portuguesa que antes de entrar en Europa formaba parte de las más atrasadas de Iberia y que ahora supera social y económicamente nuestra provincia. Los distintos gobiernos lusos, de la derecha y de la izquierda, supieron invertir el dinero que la entonces Comunidad Europea destinó a las regiones menos avanzadas la CE y ahora disfrutan de autovías y carreteras modernas, por donde transitar sin problemas, sin peligro de colisión con otros vehículos: también me fijé en pequeños polígonos industriales, donde se han creado negocios transformando, por ejemplo, la madera de sus bosques y otras materias primas que ofrece la tierra que les rodea. Por supuesto, ni un solo garabato en paredes y zonas monumentales. Respeto por el pasado, por el tiempo pretérito, por la historia.
Tras os Montes progresó porque sus políticos distribuyeron los millones europeos conforme a las necesidades de sus regiones. Hubo criterio en el reparto. La antítesis de lo sucedido en Castilla y León, donde los ejecutivos de Lucas, el hombre que llevaba en su testa la mayor región de Europa, y Herrera después, cuando el daño estaba hecho, se quedaron con los dineros que deberían haber sacado, verbigracia, a Zamora y otras comarcas del Reino de León, del atraso, de la miseria social y económica, para equilibrar la autonomía, se quedaron en Valladolid, Burgos y Palencia, porque así interesaba a los grandes caciques castellanos que viven y vivieron en esas provincias. Así, desde la entrada de España en Europa, nosotros, los zamoranos, nos fuimos perdiendo en el abismo del desierto demográfico, que conllevó una enorme diferencia frente a las provincias antes mencionadas. La Junta robó al pobre para enriquecer aún más a los privilegiados.
Y me temo que Burgos y Valladolid mantendrán sus regalías políticas, porque los empresarios de construcción y medios de comunicación ordenan y mandan en el ejecutivo de Castilla y León, porque ya ejercían ese poder omnímodo cuando Herrera y lo prorrogan con Fernández Mañueco, que hace unos días descargó un pastón a la televisión privada de esta doble región. Así no hay problemas para sacar adelante los negocios periodísticos. Con el dinero de todos, vive una minoría de pudientes.
Mientras, Zamora sigue perdiendo habitantes, las comarcas de occidente se desertizan y el resto van tirando con lo poco que hay para repartir. Ideas como las de Merino para instalar una biorrefinería jamás contarán con el favor de la Junta. No obstante, convencido estoy de que el ejecutivo de Castilla celebraría esa inversión si se produjese en territorios burgaleses o vallisoletanos. No hay nada que hacer.
Insisto. Tras os Montes, región paupérrima hasta que Portugal ingresó en Europa, al unísono con España, se ha transformado en una zona encantadora, porque cuenta con belleza paisajística, buenos productos que degustar, la excelencia en educación de sus gentes, pequeñas industrias transformadoras. Esa metamorfosis se gestó merced a unos dirigentes políticos que cumplieron con las exigencias de la CE, tendentes a reequilibrar las regiones. De tal manera, como hombres inteligentes invirtieron allí donde más necesidades existían, nunca donde el desarrollo se había alcanzado niveles extraordinarios.
Zamora tuvo la desgracia de tener siempre un ejecutivo autonómico que la obvio en favor de sus provincias favoritas; unos políticos locales que obedecieron, prietas las filas a sus jefes de Valladolid y Madrid; unos medios de comunicación al servicio del caciquismo político, ahora más que nunca, y a los zamoranos, personas apáticas, pusilánimes y derrotadas sin haber luchado; pero siempre dispuestos a sacar vírgenes y cristos a las calles y las rúas de la ciudad pretérita. Zamora ya se ha convertido en la reserva espiritual de Europa. Recemos. Quizá se produzca un milagro.
Eugenio-Jesús de Ávila


















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