NOCTURNOS
Nadie ama porque sí
A ti, mujer, que eres una persona normal -me equivoque al considerarte única, distinta, especial-, he de decirte que el amor, como le sucede al alma, no se pesa, ni se mide; tampoco engorda y ni, por lo tanto, adelgaza. Simplemente, llega un día, que sin darte cuenta, desaparece, se evapora, se muere.
Si el alma se escapa, el cuerpo se convierte en polvo, deja de funcionar como la máquina que es. Si el amor fallece, recuperas la cordura, pero envejeces más deprisa. Amar rejuvenece. Dicen. Yo cada día me veo más vetusto. Digo.
He conocido gente que ama porque la aman. Otras personas -hombres o mujeres-, aun sintiéndose queridos, renuncian al amor. Son aquellas que no pueden amar al prójimo, porque tampoco se saben amar a sí mismas. Gente que ignora esa falta de afecto a su misma persona. Incluso se trata de individuos cercanos a la egolatría. Rarezas.
Más extraño resultan personajes raros, que aman sin ser amados. Poetas Y, además, no saben por qué desean a esa mujer, u hombre, que los desprecia, desdeña y rechaza.
En verdad, nadie ama porque sí. Quizá, ciertos líricos, como ya he escrito, y los que han perdido la cordura, quijotes de la pasión, personas con una mancha en el cerebro. Duda siempre de aquel, o aquella, que conozca la razón por la que ama a su pareja, amante, querida o esposa Yo también me odio desde que amo a esa mujer. No me lo explico.
Eugenio-Jesús de Ávila
A ti, mujer, que eres una persona normal -me equivoque al considerarte única, distinta, especial-, he de decirte que el amor, como le sucede al alma, no se pesa, ni se mide; tampoco engorda y ni, por lo tanto, adelgaza. Simplemente, llega un día, que sin darte cuenta, desaparece, se evapora, se muere.
Si el alma se escapa, el cuerpo se convierte en polvo, deja de funcionar como la máquina que es. Si el amor fallece, recuperas la cordura, pero envejeces más deprisa. Amar rejuvenece. Dicen. Yo cada día me veo más vetusto. Digo.
He conocido gente que ama porque la aman. Otras personas -hombres o mujeres-, aun sintiéndose queridos, renuncian al amor. Son aquellas que no pueden amar al prójimo, porque tampoco se saben amar a sí mismas. Gente que ignora esa falta de afecto a su misma persona. Incluso se trata de individuos cercanos a la egolatría. Rarezas.
Más extraño resultan personajes raros, que aman sin ser amados. Poetas Y, además, no saben por qué desean a esa mujer, u hombre, que los desprecia, desdeña y rechaza.
En verdad, nadie ama porque sí. Quizá, ciertos líricos, como ya he escrito, y los que han perdido la cordura, quijotes de la pasión, personas con una mancha en el cerebro. Duda siempre de aquel, o aquella, que conozca la razón por la que ama a su pareja, amante, querida o esposa Yo también me odio desde que amo a esa mujer. No me lo explico.
Eugenio-Jesús de Ávila



















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