Sábado, 29 de Noviembre de 2025

Kebedo
Martes, 18 de Enero de 2022
MI VECINA MARISOL

Novak Djokovic: ¿Nuestro héroe?

[Img #61195]En primer lugar tengo que saludar a los miles de seguidores que tenemos, tanto mi vecina Marisol como yo, porque hace ya un tiempo que no escribíamos nuestras reflexiones en ésta exquisita tribuna independiente que es El Día de Zamora, y que nuestro querido amigo Eugenio nos presta para desahogarnos. Y lo primero que tenemos que hacer e desear a todos vosotros que el año que acaba de comenzar sea provechoso, venturoso, hermoso y hasta libidinoso, si se me permite y que no haya ningún ofendidito por ahí que se moleste.

-¡Y si lo hay, que se joda!-, dice mi vecina Marisol.

-¡Hala, ya empezamos!-, le replica su amiga Concepción, la eficiente funcionaria que  no dice palabrotas.

Bueno, el caso es que hace tiempo que no nos asomábamos por aquí y han pasado muchas cosas. Verbigracia, tanto mi vecina como yo, hemos pasado el COVID. Y lo hemos pasado a pesar de estar vacunados con dos dosis. Esto no sé si es importante o es un detalle simplemente, pero sirve para que algunos de los “iluminados antivacunas”, como Miguel Bosé, por ejemplo, se agarren a la cantinela de “ves, las vacunas no sirven para nada”, y ya está, tan contento que se queda. He de decir que, tanto mi vecina como yo, hemos tenido síntomas y secuelas mínimos que, de no haber sido por las dos dosis que teníamos enchufadas, habrían sido mucho más agresivas. Los antivacunas seguirán en sus trece y éste dato no les dirá nada.

-Es que los antivacunas están como en otro mundo. Parece mentira que algunos, tan ilustrados, tan inteligentes y tan bien formados intelectualmente, en  éste asunto, se comporten como auténticos iletrados irracionales.-, opina Marisol.

Ciertamente es sorprendente esa actitud, aunque  todos tenemos algún familiar, amigo, o conocido, del que no sospechabas que tendría un comportamiento en ese sentido. Y no se trata de criticar o poner en tela de juicio la libertad de cada uno para vacunarse o no, incluso de pensar lo que a uno le dé la gana, faltaría más; cada uno puede hacer con su cuerpo el “carpe diem” que le apetezca, incluso contagiarse. Pero eso tiene unas consecuencias y ahí es donde entra el conflicto. No necesariamente tiene que ser la teoría del conflicto de Karl Marx, sino, más bien, la de sus primos postizos en “El Conflicto de los Hermanos Marx”, porque dado el cariz que está tomando el asunto, más nos vale que nos lo tomemos un poco a broma.

Y en éstos últimos días hemos sido espectadores de “el conflicto” que ha propiciado el número uno del tenis mundial, Novak Djokovic, Nole, para los más íntimos. El señor Djokovic no se ha caracterizado nunca por sus buenos modales cuando algo no es de su agrado. Cuando empezó a ganar torneos de Grand Slam, pero aún no estaba en los primeros lugares, era hasta gracioso, gastaba bromas en los partidos, le gustaba hacer un poco el payaso y era asequible y educado y llegó a parecernos, incluso un buen tipo.

-Pero la gaseosa se le subió a la cabeza y perdió todas las burbujas-, replica mi vecina, -porque lleva ya unos años que, en cuanto no le salen las cosas, no hace otra cosa que despotricar en la pista, romper raquetas y, lo que es peor, simular lesiones o inconvenientes para romper el ritmo del rival y desconcentrarlo. Y esas son triquiñuelas y añagazas propias más de tahúres y tramposillos que de deportistas-. Matiza muy bien atinada mi vecina, se nota que lleva muchos años jugando al tenis.

Y la guinda del pastel la ha puesto el impresentable Nole queriendo jugar en Australia sin estar vacunado y presionando para que, por su cara bonita, se le permita participar en el torneo de tenis.

-A ver, una cosa es no querer ser vacunado y otra muy distinta es querer ser especial. El ser número uno del tenis no le da derecho a saltarse las normas generales que cada país tiene en cuanto a regulación de las entradas y salidas de personas. Si Australia exige vacunación para poder entrar en el país, es para todos, no para unos cuantos. Ni por dinero, ni por nombre, ni por estatus, hay que hacer excepciones porque si se hacen se está perdiendo el argumento que sustenta esa prohibición o determinación. Si hay ciudadanos de primera y de segunda no hay posibilidad de que los agraviados puedan entenderlo y aceptarlo-, razona Marisol.

-Y no te olvides de que además Djokovic mintió en su declaración cuando dijo que no había pasado por ningún país desde Serbia hasta Australia; estuvo en dos países, entre ellos España. Y falseó un documento público para sustentar esa mentira-. Le recordó su amiga Concepción

-Efectívamente-, se enfurece mi vecina, -habría que colgarlo de los …-.

-¡Alto, no nos vengamos arriba!. Simplemente hay que hacer los que ha hecho Australia, expulsarlo con viento fresco y ¡a esparragar!.-, la frena de nuevo la funcionaria.

Lo peor de esto es que Djokovic ha querido erigirse como el ejemplo a seguir de los antivacunas y que éstos, a su vez lo han elegido como el becerro de oro al que adorar.

-Pues, me temo, querido Nole, que te has quedado solo en becerro y nada de oro-, apostilló mi vecina y se marchó, junto a su amiga, a hacerse la cera. 

Kebedo.  

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