MOTOCICLISMO
Motauros cambió la faz de Zamora con su espectáculo motociclista, poesía y gasolina

Centauros de dos ruedas, gasolina y goma, motores y acelerones. La vida sobre una motocicleta. Ir deprisa, a toda hostia, para ir de aquí para allá, atravesar mesetas y penillanuras. La vista al frente, sin ver casi a tu vera. Detenerte allí donde te dé la real gana. La libertad de cabalgar sobre Yamaha, Honda, BMW, Ducatti, Harley Davidson. Dadme dos ruedas y un motor y moveré el mundo. La gente de la moto se enamora de la velocidad, porque adelantan al tiempo, llegan antes que Cronos y después realizan virguerías sobre sus máquinas, cabriolas, como si sus motos se convirtieran en caballos.
Zamora recibió hoy, en una helada, pero luminoso mañana, a cientos, no sé si más de mil, motoristas, que eyacularon gasolina, olores a velocidad, goma sobre el asfalto. Exhibiciones de los más diestros sobre la avenida Príncipe de Asturias. Motauros en su esencia. Después, concluido el espectáculo, hubo que restaurar cuerpos, fortalecer músculos, recorrer la ciudad que los acogió y compartir con los indígenas charlas y buen humor. Ojalá todos los sábados estas buenas gentes se acercaran a la Ciudad del Romancero, porque habría sonrisas sin lágrimas, verdad y ganas de vivir. Gracias, Motauros, por vuestra poesía con estrofas que encontraron su rima en la gasolina.

Centauros de dos ruedas, gasolina y goma, motores y acelerones. La vida sobre una motocicleta. Ir deprisa, a toda hostia, para ir de aquí para allá, atravesar mesetas y penillanuras. La vista al frente, sin ver casi a tu vera. Detenerte allí donde te dé la real gana. La libertad de cabalgar sobre Yamaha, Honda, BMW, Ducatti, Harley Davidson. Dadme dos ruedas y un motor y moveré el mundo. La gente de la moto se enamora de la velocidad, porque adelantan al tiempo, llegan antes que Cronos y después realizan virguerías sobre sus máquinas, cabriolas, como si sus motos se convirtieran en caballos.
Zamora recibió hoy, en una helada, pero luminoso mañana, a cientos, no sé si más de mil, motoristas, que eyacularon gasolina, olores a velocidad, goma sobre el asfalto. Exhibiciones de los más diestros sobre la avenida Príncipe de Asturias. Motauros en su esencia. Después, concluido el espectáculo, hubo que restaurar cuerpos, fortalecer músculos, recorrer la ciudad que los acogió y compartir con los indígenas charlas y buen humor. Ojalá todos los sábados estas buenas gentes se acercaran a la Ciudad del Romancero, porque habría sonrisas sin lágrimas, verdad y ganas de vivir. Gracias, Motauros, por vuestra poesía con estrofas que encontraron su rima en la gasolina.































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