HABLEMOS
ChaPPuza
Carlos Domínguez
España y sus ciudadanos no gozan de una democracia parlamentaria y un Estado de derecho, sino que padecen una partitocracia obsoleta, necesitada de revisión a través incluso de un cambio de régimen, capaz de despejar en la línea que fuere una situación empantanada y corrupta. La votación de lo que no deja de ser una reforma laboral socialcomunista lo atestigua sobradamente, al poner de manifiesto la voluntad populista y bolivariana de una izquierda, PSOE en lo fundamental, dispuesta a retener el poder al precio que sea.
Lo del voto bailón del diputado popular podría calificarse de pucherazo si lo que se ventilase, como en el siglo XIX, fuera el resultado de las urnas y algún acta en unas elecciones generales o locales. Pero el calificativo que pueda merecer lo sucedido en el Congreso, sede de la soberanía nacional y de la representación popular, lo dejo sin más a criterio de cada cual, desde la cacicada hasta donde uno quiera. No obstante, aun asumiendo el designio liberticida de socialismo y podemismo, la responsabilidad última no les atañe, como tampoco a una presidenta a la que, con triquiñuela o no en lo formal, otra cosa sería el fondo del asunto, le asiste el reglamento y quizás una razón muy traída por los pelos, cuando no por algo parecido a la socorrida cortinilla garantizando en la trastienda la limpieza de votos y escrutinio.
Aquello que es preciso rechazar sin matices es la actuación de un PP chapucero en el mejor de los casos, en el peor vaya usted a saber de ir al cui prodest latino, a raíz de la impresentable opereta de uno de sus diputados, auténtico culpable del fiasco si no burla parlamentaria que supone aprobar un Real Decreto cuya retirada habría conllevado más pronto que tarde una crisis de la coalición gubernamental, y posiblemente el adelanto de las generales junto a la alternativa de una mayoría de la derecha. El diputado Casero tendría que ser objeto no ya de expediente, sino lisa y llanamente de expulsión, en calidad de completo desahuciado político; ya se tarda, siquiera por respeto a los ciudadanos y la soberanía nacional.
Lo ocurrido en la votación de marras deslegitima nuestro sistema político, en mayor medida todavía si lo que estaba en juego detrás del numerito orquestado por UPN era el chalaneo de unos millones de euros, así como la reprobación de un prescindible edil de provincias. Pero incapacita igualmente a un PP convertido en especie de cofradía de apparatchiks a lo Casero, irresponsable que se permite el lujo de quedarse en casa para luego acudir a destiempo, y en segundo lugar desconocer el sistema telemático de voto, en sí una perversión de la representación y la vida parlamentaria, pero del que en todo caso él debería estar al corriente como una de sus obligaciones primarias y elementales. Ante lo cual, quizá no huelga preguntarse: si al fin y al cabo Casero es hechura política de Casado, ¿no lo será también en idéntico sentido el candidato Mañueco?
España y sus ciudadanos no gozan de una democracia parlamentaria y un Estado de derecho, sino que padecen una partitocracia obsoleta, necesitada de revisión a través incluso de un cambio de régimen, capaz de despejar en la línea que fuere una situación empantanada y corrupta. La votación de lo que no deja de ser una reforma laboral socialcomunista lo atestigua sobradamente, al poner de manifiesto la voluntad populista y bolivariana de una izquierda, PSOE en lo fundamental, dispuesta a retener el poder al precio que sea.
Lo del voto bailón del diputado popular podría calificarse de pucherazo si lo que se ventilase, como en el siglo XIX, fuera el resultado de las urnas y algún acta en unas elecciones generales o locales. Pero el calificativo que pueda merecer lo sucedido en el Congreso, sede de la soberanía nacional y de la representación popular, lo dejo sin más a criterio de cada cual, desde la cacicada hasta donde uno quiera. No obstante, aun asumiendo el designio liberticida de socialismo y podemismo, la responsabilidad última no les atañe, como tampoco a una presidenta a la que, con triquiñuela o no en lo formal, otra cosa sería el fondo del asunto, le asiste el reglamento y quizás una razón muy traída por los pelos, cuando no por algo parecido a la socorrida cortinilla garantizando en la trastienda la limpieza de votos y escrutinio.
Aquello que es preciso rechazar sin matices es la actuación de un PP chapucero en el mejor de los casos, en el peor vaya usted a saber de ir al cui prodest latino, a raíz de la impresentable opereta de uno de sus diputados, auténtico culpable del fiasco si no burla parlamentaria que supone aprobar un Real Decreto cuya retirada habría conllevado más pronto que tarde una crisis de la coalición gubernamental, y posiblemente el adelanto de las generales junto a la alternativa de una mayoría de la derecha. El diputado Casero tendría que ser objeto no ya de expediente, sino lisa y llanamente de expulsión, en calidad de completo desahuciado político; ya se tarda, siquiera por respeto a los ciudadanos y la soberanía nacional.
Lo ocurrido en la votación de marras deslegitima nuestro sistema político, en mayor medida todavía si lo que estaba en juego detrás del numerito orquestado por UPN era el chalaneo de unos millones de euros, así como la reprobación de un prescindible edil de provincias. Pero incapacita igualmente a un PP convertido en especie de cofradía de apparatchiks a lo Casero, irresponsable que se permite el lujo de quedarse en casa para luego acudir a destiempo, y en segundo lugar desconocer el sistema telemático de voto, en sí una perversión de la representación y la vida parlamentaria, pero del que en todo caso él debería estar al corriente como una de sus obligaciones primarias y elementales. Ante lo cual, quizá no huelga preguntarse: si al fin y al cabo Casero es hechura política de Casado, ¿no lo será también en idéntico sentido el candidato Mañueco?




















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