Redacción
Miércoles, 09 de Febrero de 2022
HABLEMOS

Doble encrucijada

Carlos Domínguez

[Img #62184]   Pocas veces nuestra región envejecida, decadente y despoblada por una evolución contra la que, por mucho que se empeñen ciertas camarillas entre caciquiles y partidarias, es imposible luchar a medio o largo plazo, ha jugado un papel como el que auguran las próximas elecciones, con su balance y previsibles efectos. Papel de encrucijada respecto a la actualidad propia, mas también a la nacional.

 

   La izquierda en España tiene las cosas claras, con un proyecto intervencionista y básicamente totalitario, bajo el manoseado disfraz socialdemócrata e instrumentado en base a ideologías aventadas no ya por un activismo callejero modelo agitprop, si bien se mira de baja intensidad, sino por el aparato mediático que controla en su práctica totalidad, haciendo gala de un sectarismo hasta ahora desconocido en ámbitos democráticos. Pero quien no las tiene claras es la derecha conservadora, con PP y Vox incapaces de converger y llegar a pactos regionales como base de un gran acuerdo nacional, que en un futuro cercano les permitiría no ya alcanzar el poder sino ejercerlo, cuestión ésta inadvertida a lo que parece, y aun así decisiva. Pues el gran reto de la derecha no es el presente desde su papel de oposición, sino el futuro dentro de una real alternativa de gobierno, a materializar desde las instituciones y una labor tanto legislativa como ejecutiva.

 

   Culpas y responsabilidades las hay en abundancia, pero de ellas da buena cuenta lo que ocurre en Castilla y León, especialmente de la mano de un PP que, de modo ilusorio, se arroga el liderazgo de la derecha a los ojos de un electorado de idéntico signo, mayoritario en nuestra tierra. La salida de pata de banco de Mañueco, una más, pontificando que repetiría elecciones antes que gobernar con Vox, es indicio del gravísimo problema que aqueja a una derecha partitocrática e incapaz de evaluar objetivamente su situación. En el fondo, poco importaría que el PP regional sume más o menos, incluso que alcance o no la mayoría absoluta. Si lo que se busca  es simplemente sobrevivir, garantizar para una capillita o más bien capillona instalada un fructífero modus vivendi gracias al cargo o la canonjía burocrática, Mañueco de una forma u otra se alzará con la victoria, siempre bajo tan estrecho y paupérrimo horizonte. Pero si a lo que se aspira en esta encrucijada castellano leonesa e igualmente nacional es a articular un verdadero proyecto, como el que hace unas jornadas ni supo ni pudo concretar un Casado mitinero y balbuciente, la apuesta de Mañueco, con lo que anuncia desde la inercia y un conformismo probado, significará para esta región derrota y fracaso en todos los órdenes.

 

   Si la desmayada figura de Mañueco no pasa de la de alguien que mendiga el voto a cambio una irrisoria limosna en forma, cómo no, de más gasto público para contentar con un puñado de chuches subvencionadas a estos, aquellos o los que se tercie por gremios y comarcas, es porque el “ilusionante proyecto” del PP se limita a lo de siempre: aparato, cargo y burocracia, al servicio de intereses suficientemente conocidos.

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