NOCTURNOS
El amor es, no está
El amor, como el alma, no tiene dimensiones. Viva más allá del tiempo, lo detiene, lo para, lo obvia. El amor no se pesa, ni se mide. No es alto ni bajo. No admite los adverbios de cantidad, ni mucho ni poco. Ni los adverbios de duda, porque el amor no tolera ni la sospecha ni el dilema. Tampoco gusta de los adverbios de tiempo. El amor es presente. Si tiene fin, no es amor, fue sexo, costumbre, inercia.
Yo amo. No me evalúo ni cómo, ni cuánto, ni me preocupo por su finiquito. Yo amo a una mujer. Ella lo sabe, lo reconoce, lo admite. No me da nada. No me pide. No me ruega. Se sabe amada. Nunca me preguntó por las dimensiones de mis sentimientos por ella. En principio, porque no me quiere. Si algún día me amase, intentaría explicarle por qué la quiero, la deseo, la sueño y me pierdo en ella. Aspiro a que comprenda la razón de mi amor. No es el corazón donde reside. En absoluto. Porque esa conmoción no se halla, no se encuentra, no si ubica en víscera alguna. Es. No está. Porque estar es un estado transitorio. Ser es permanecer. Si digo que estoy enamorado, podría entenderse que hay un final. Amo.
El amor tiene un principio. Si tiene un final, no fue amor. Yo sé que nunca dejaré de amarla, aun admitiendo que nunca me querrá. Yo amo. El problema del amor no se resuelve entre dos personas. Siempre hay amor, aunque solo ame uno. Cuando me vaya, mi cadáver emanará aroma a lirio, hierba mojada, a tierra tras una tormenta de verano, a amor.
Eugenio-Jesús de Ávila
El amor, como el alma, no tiene dimensiones. Viva más allá del tiempo, lo detiene, lo para, lo obvia. El amor no se pesa, ni se mide. No es alto ni bajo. No admite los adverbios de cantidad, ni mucho ni poco. Ni los adverbios de duda, porque el amor no tolera ni la sospecha ni el dilema. Tampoco gusta de los adverbios de tiempo. El amor es presente. Si tiene fin, no es amor, fue sexo, costumbre, inercia.
Yo amo. No me evalúo ni cómo, ni cuánto, ni me preocupo por su finiquito. Yo amo a una mujer. Ella lo sabe, lo reconoce, lo admite. No me da nada. No me pide. No me ruega. Se sabe amada. Nunca me preguntó por las dimensiones de mis sentimientos por ella. En principio, porque no me quiere. Si algún día me amase, intentaría explicarle por qué la quiero, la deseo, la sueño y me pierdo en ella. Aspiro a que comprenda la razón de mi amor. No es el corazón donde reside. En absoluto. Porque esa conmoción no se halla, no se encuentra, no si ubica en víscera alguna. Es. No está. Porque estar es un estado transitorio. Ser es permanecer. Si digo que estoy enamorado, podría entenderse que hay un final. Amo.
El amor tiene un principio. Si tiene un final, no fue amor. Yo sé que nunca dejaré de amarla, aun admitiendo que nunca me querrá. Yo amo. El problema del amor no se resuelve entre dos personas. Siempre hay amor, aunque solo ame uno. Cuando me vaya, mi cadáver emanará aroma a lirio, hierba mojada, a tierra tras una tormenta de verano, a amor.
Eugenio-Jesús de Ávila

















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