NUESTRA HISTORIA
1398: Primer condado de Benavente
Don Enrique III “El Doliente” sucedió a su padre Juan I de Castilla cuando contaba once años heredando también conflictos con personajes que complicaban la situación en nuestros territorios: Don Fadrique, Duque de Benavente y don Pedro Tenorio, arzobispo de Toledo.
Mal avenidos con las resoluciones reales el duque y el arzobispo de Toledo se revolvieron contra los consejeros del rey. Don Fadrique se vino a Benavente por haber sido desposeído del cargo de gobernador del reino, mientras se concertaba con el rey de Portugal contra Castilla, logrando atraer a su favor al hijo del antiguo alcaide del alcázar de Zamora Nuño Martínez de Villayzán, descontento porque no se le había confirmado en el mismo cargo de su padre a la muerte de éste. Villayzán se avino con el Duque de Benavente y encerrándose con muchas provisiones, armas y algunas gentes en la torre del Salvador (de la Catedral) intentaron desde allí que la ciudad secundara su movimiento de insurrección.
En consecuencia, trajo el rey la Corte a Zamora para vigilar la frontera portuguesa y los dominios del duque de Benavente. Una vez conseguida tregua con Portugal y acallado el duque de Benavente, marchó el rey de Zamora a realizar otras atenciones en su reino.
Tornó a revolverse el magnate benaventano que intentó alzarse como rey de León, por lo que fue prendido en Roa y encerrado en Burgos confiscándole todos sus estados, con lo que la villa de Benavente y sus términos quedaron de nuevo unidos a la Corona en 1394.
Estando en Burgos el rey, vino a ponerse a su vasallaje un noble e importante portugués señor de Braganza y Viñaes, don Juan Alonso de Pimentel, seguido de otros caballeros. Este magnate portugués, ya muy conocido en la Corte castellana, cuando había venido acompañando a doña Beatriz de Portugal en su matrimonio con don Juan I , siendo de los primeros que en el reino de Portugal reconocieron el derecho de don Juan a aquella corona, sirviendo a este en Aljubarrota, regresó a servir al rey de Portugal, pero como don Martín Alfonso de Melo, yerno de Pimentel, diera injusta muerte a su esposa hija de éste y no obtuviera don Juan Alfonso de Pimentel el desagravio que pidió al monarca lusitano, se desterró de Portugal y vino a servir al rey Enrique III El Doliente, quien por los antiguos servicios, dio orden en 1398 a don Diego López de Zúñiga para que concediese a Pimentel las villas y tierras que le plugiese, firmándose en Zamora a 4 de marzo de 1398 la cesión de Benavente, sus aldeas, términos y jurisdicciones a aquel, lo que el rey confirmó en el mismo año en Tordesillas, convirtiéndole en condado, nombrando a don Juan Alfonso de Pimentel Conde de Benavente.
Balbino Lozano
Don Enrique III “El Doliente” sucedió a su padre Juan I de Castilla cuando contaba once años heredando también conflictos con personajes que complicaban la situación en nuestros territorios: Don Fadrique, Duque de Benavente y don Pedro Tenorio, arzobispo de Toledo.
Mal avenidos con las resoluciones reales el duque y el arzobispo de Toledo se revolvieron contra los consejeros del rey. Don Fadrique se vino a Benavente por haber sido desposeído del cargo de gobernador del reino, mientras se concertaba con el rey de Portugal contra Castilla, logrando atraer a su favor al hijo del antiguo alcaide del alcázar de Zamora Nuño Martínez de Villayzán, descontento porque no se le había confirmado en el mismo cargo de su padre a la muerte de éste. Villayzán se avino con el Duque de Benavente y encerrándose con muchas provisiones, armas y algunas gentes en la torre del Salvador (de la Catedral) intentaron desde allí que la ciudad secundara su movimiento de insurrección.
En consecuencia, trajo el rey la Corte a Zamora para vigilar la frontera portuguesa y los dominios del duque de Benavente. Una vez conseguida tregua con Portugal y acallado el duque de Benavente, marchó el rey de Zamora a realizar otras atenciones en su reino.
Tornó a revolverse el magnate benaventano que intentó alzarse como rey de León, por lo que fue prendido en Roa y encerrado en Burgos confiscándole todos sus estados, con lo que la villa de Benavente y sus términos quedaron de nuevo unidos a la Corona en 1394.
Estando en Burgos el rey, vino a ponerse a su vasallaje un noble e importante portugués señor de Braganza y Viñaes, don Juan Alonso de Pimentel, seguido de otros caballeros. Este magnate portugués, ya muy conocido en la Corte castellana, cuando había venido acompañando a doña Beatriz de Portugal en su matrimonio con don Juan I , siendo de los primeros que en el reino de Portugal reconocieron el derecho de don Juan a aquella corona, sirviendo a este en Aljubarrota, regresó a servir al rey de Portugal, pero como don Martín Alfonso de Melo, yerno de Pimentel, diera injusta muerte a su esposa hija de éste y no obtuviera don Juan Alfonso de Pimentel el desagravio que pidió al monarca lusitano, se desterró de Portugal y vino a servir al rey Enrique III El Doliente, quien por los antiguos servicios, dio orden en 1398 a don Diego López de Zúñiga para que concediese a Pimentel las villas y tierras que le plugiese, firmándose en Zamora a 4 de marzo de 1398 la cesión de Benavente, sus aldeas, términos y jurisdicciones a aquel, lo que el rey confirmó en el mismo año en Tordesillas, convirtiéndole en condado, nombrando a don Juan Alfonso de Pimentel Conde de Benavente.
Balbino Lozano



















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