NOCTURNOS
Ella es un poema sobre un cuerpo de mujer
Permíteme que me exprese. No me juzgues con la ley de despecho. Pero cuando una dama une sensibilidad y belleza en su totalidad, por dentro y por fuera, en cada célula de su organismo, en cada átomo que la conforman, me enamoro, me pierdo en el camino que conduce a la pasión, para encontrarme en otro ser, en otra entidad física y psíquica. Y yo dejo de ser para estar en otra persona. Enamorarse no es otra sensación que olvidarte de ti mismo.
Ella es un poema escrito sobre un cuerpo de mujer. Ella es un ser femenino que encontró dentro de sí misma la rima que embelleció la estrofa que cubre su esqueleto, huesos de palabras, tuétano de ambrosía. Ella es una diosa prehistórica, pulida y torneada, que bendice de hermosura los ojos que la observan, las miradas que se pegan a su rostro, que se deslizan por sus caderas, que acarician sus senos bizantinos. Loada la genética que la esculpió en las entrañas de su madre. Bendito el espermatozoide que fecundó su óvulo para crearla.
No me duele su ausencia de mí. No me enferma su distancia hacia mi persona. No me amarga amarla sin esperar nada a cambio, quizá una sonrisa, un verbo, un gesto. No me muero de amor por ella, vivo porque la amo sin esperanzas, sin fe, sin nada. No me da nada. Pero lo es todo para un alma perdida como la mía, para un espíritu que se nutre de poesía y se inyecta belleza en vena.
Eugenio-Jesús de Ávila
Permíteme que me exprese. No me juzgues con la ley de despecho. Pero cuando una dama une sensibilidad y belleza en su totalidad, por dentro y por fuera, en cada célula de su organismo, en cada átomo que la conforman, me enamoro, me pierdo en el camino que conduce a la pasión, para encontrarme en otro ser, en otra entidad física y psíquica. Y yo dejo de ser para estar en otra persona. Enamorarse no es otra sensación que olvidarte de ti mismo.
Ella es un poema escrito sobre un cuerpo de mujer. Ella es un ser femenino que encontró dentro de sí misma la rima que embelleció la estrofa que cubre su esqueleto, huesos de palabras, tuétano de ambrosía. Ella es una diosa prehistórica, pulida y torneada, que bendice de hermosura los ojos que la observan, las miradas que se pegan a su rostro, que se deslizan por sus caderas, que acarician sus senos bizantinos. Loada la genética que la esculpió en las entrañas de su madre. Bendito el espermatozoide que fecundó su óvulo para crearla.
No me duele su ausencia de mí. No me enferma su distancia hacia mi persona. No me amarga amarla sin esperar nada a cambio, quizá una sonrisa, un verbo, un gesto. No me muero de amor por ella, vivo porque la amo sin esperanzas, sin fe, sin nada. No me da nada. Pero lo es todo para un alma perdida como la mía, para un espíritu que se nutre de poesía y se inyecta belleza en vena.
Eugenio-Jesús de Ávila

















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