NOCTURNOS
Amar sin amor
Madrugada. Solo en el lecho. Las sábanas vibran cuando recuerdo a la mujer de mi vida. Silencio. Pienso. Analizo la jornada. Una más. Tedio interior. Algún artículo sobre la Semana Santa, muy leído, y otro político. Y un día más sin verla. Y me da por pensar. Giro la mirada hacia mis adentros. Hago uso de la memoria. Recuerdo amores y amoríos. Y me formulo una serie de preguntas: ¿Cuántas veces hice el amor amando? ¿Cuántas cópulas vincularon seso con sexo? ¿Cuántas señoras y señoritas amé con amor, cuántos polvos se redujeron solo al puro hedonismo, sin más, sin caricias, sin ternura? ¿En medio siglo como novio, esposo, amante o querido, en cuántas ocasiones sentí que entraba en el alma de una dama antes que en su gineceo?
En esa soledad que me acompaña durante las noches, cuando solo oigo la música que interpreta mi espíritu con el instrumento de la vida, me confesé que amé más con mi sexo que con mi inteligencia y que existe una diferencia sutil entre amar a una mujer con pasión, con poesía, como si buscaras la rima a la estrofa de los besos, que buscar solo el hedonismo en el cuerpo de una dama, de cualquier fémina
Cuando amas desde dentro hacia fuera, los pezones de una mujer se transforman en altares para celebrar el santo sacrificio del amor entero, del amor infinito, del amor más allá de la muerte. Dejas de ser tú, ese tipo ególatra, vanidoso, estúpido, si fundes tu cuerpo con el cuerpo de una diosa, para olvidarte de ti mismo, para dejar de ser humano, para ser alma sin tiempo, todo sin nada, energía espiritual, éxtasis divino, esperma de Dios.
Cuando ames, como yo, más allá de tu ego, cuando quieras a otra persona sobre la que proyectas el néctar de tu esencia, en esa cópula que te transforma en querubín, en un ser que nunca deja de estar, habrás derrotado a la muerte.
Eugenio-Jesús de Ávila
Madrugada. Solo en el lecho. Las sábanas vibran cuando recuerdo a la mujer de mi vida. Silencio. Pienso. Analizo la jornada. Una más. Tedio interior. Algún artículo sobre la Semana Santa, muy leído, y otro político. Y un día más sin verla. Y me da por pensar. Giro la mirada hacia mis adentros. Hago uso de la memoria. Recuerdo amores y amoríos. Y me formulo una serie de preguntas: ¿Cuántas veces hice el amor amando? ¿Cuántas cópulas vincularon seso con sexo? ¿Cuántas señoras y señoritas amé con amor, cuántos polvos se redujeron solo al puro hedonismo, sin más, sin caricias, sin ternura? ¿En medio siglo como novio, esposo, amante o querido, en cuántas ocasiones sentí que entraba en el alma de una dama antes que en su gineceo?
En esa soledad que me acompaña durante las noches, cuando solo oigo la música que interpreta mi espíritu con el instrumento de la vida, me confesé que amé más con mi sexo que con mi inteligencia y que existe una diferencia sutil entre amar a una mujer con pasión, con poesía, como si buscaras la rima a la estrofa de los besos, que buscar solo el hedonismo en el cuerpo de una dama, de cualquier fémina
Cuando amas desde dentro hacia fuera, los pezones de una mujer se transforman en altares para celebrar el santo sacrificio del amor entero, del amor infinito, del amor más allá de la muerte. Dejas de ser tú, ese tipo ególatra, vanidoso, estúpido, si fundes tu cuerpo con el cuerpo de una diosa, para olvidarte de ti mismo, para dejar de ser humano, para ser alma sin tiempo, todo sin nada, energía espiritual, éxtasis divino, esperma de Dios.
Cuando ames, como yo, más allá de tu ego, cuando quieras a otra persona sobre la que proyectas el néctar de tu esencia, en esa cópula que te transforma en querubín, en un ser que nunca deja de estar, habrás derrotado a la muerte.
Eugenio-Jesús de Ávila

















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