Luis Felipe DELGADO DE CASTRO
Martes, 03 de Mayo de 2022
TRADICIONES

La Cruz de Mayo, un año más

Y ya estamos en mayo. En sus primeros días, desde el fondo del corazón salen todavía los cangilones de la añoranza llenos hasta los bordes de emoción, renaciendo mágicamente los rumores de las risas atropelladas de los niños de la  Escuela Normal "con flores a María", yo fui uno de ellos, y el lastimero sonsonete de este mismo día, "una perrica para la cruz de mayo" con que nos ganábamos una pequeña fortuna de cerca de dos duros  después de asaltar a los amigos de papá, a las tiendas de la vecindad y a las señoras que iban a misa de doce a San Juan. Y todo con una "crucecica" de listones cruzados que el señor Fermín Crespo nos hacía con tanta paciencia como cariño. El señor Fermín Crespo Concejo era un zamorano distinguido, propietario de una carpintería de mucho fuste y ebanistería de solera, padre entre otros, de mi querido y admirado Tomás, escultor de oficio y vocación y abuelo de Eva, periodista dedicada a la televisión local con tanta generosidad y acierto. Así empezábamos mayo, cuando teníamos pantalón corto e ilusiones largas, muy largas y tan  nuevas como el cereal que ya asomaba sus puntas por entre los surcos. Llegaba mayo con un calor aún ensombrecido de lluvias que acababa de repente cuando, desde las Pajarancas, llegaban las tormentas con sus nubes panzudas y violáceas. Hoy día 3, antaño, bien temprano, salía también el Nazareno a bendecir los campos del arrabal de San Frontis y, de paso, a echar una mirada a los demás barrios de aquella otra orilla, un Nazareno hortelano, de rogativas, en el que ponían su fe los vecinos del  barrio, fe que, por lo que veo y siento, no han perdido en ÉL ni mucho menos. Aunque año a año disminuyen sus vecinos, decimos que por ley de vida, y añado yo que también por el olvido ya desesperante de quienes nos mandan y la resignación propia, tan impropia, de quienes damos ya por hecha tal injusticia.  
Hoy día 3, el Nazareno sigue en su templo, rodeado de las plegarias de sus fieles devotos y por quienes, tantos de nosotros, aunque lejos hoy, le hicimos un día, allá en la infancia, un altar en el corazón del que ni las modas ni los años han conseguido descenderle porque ¿se puede acaso no creer en un Hombre así? Hoy no saldrá a echarle un vistazo a esos campos de alrededor sobre los que amanece la esperanza del fruto pero no hará falta, porque seguro que, aún con la cruz a cuestas que hoy celebramos, cuidará de quienes están en esa labor hortelana, tantas veces muy poco agradecida y mal pagada, esa otra cruz que tanto pesa.

 

Luis Felipe DELGADO DE CASTRO

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