NOCTURNOS
¿La mujer que amo existe o solo la soñé?
He conocido a una mujer muy especial, tanto que no sé si la habré soñado. Se sabe que considero a toda hija de Eva una pieza de artesanía, pero a la que me refiero, ese ser singular, es una obra maestra de la naturaleza. Dios no tiene nada qué ver en estos caprichos líricos.
Su distinción respecto a otras féminas consiste en una combinación exacta, gramo por gramo, entre belleza, extraordinaria, y avidez por la cultura. Dibuja, se emociona viendo buenas películas, o leyendo autores como Pessoa y Wilde, dos de los escritores que tuve a bien presentarle.
Conoce poetisas helenas, verbigracia, Safo; pero también se deleita con Kavafis. Añado a lo comentado que ha leído a los grandes autores nacionales En fin. Es una persona culta, aunque, desde fuera, no lo parezca. Quizá, la elegancia que presta a las prendas que cubren su voluptuoso cuerpo, su manera de caminar, casi levitar, y su voz resulten más propias de una modelo que de una intelectual. Nunca pasará desapercibida.
Todo hombre sensible, con cierta inteligencia se enamoraría de ese tipo de señorita. Yo, también. Pero me lo he prohibido. Más que nada, porque su alma permanecería impermeable a mis trovas de juglar arcaico.
Y no se trata de enloquecer por una diosa. A la divinidad, se le reza, se le ponen unas velas y se le piden milagros, utopías. Yo la amo a través de cada palabra que escribo. La adoro desde la sintaxis. Esta fue mi oración por ella, por la belleza que siempre subsiste en el recuerdo. Así lo dejó escrito William Wordsworth en el célebre poema “Esplendor en la hierba”.
Eugenio-Jesús de Ávila
He conocido a una mujer muy especial, tanto que no sé si la habré soñado. Se sabe que considero a toda hija de Eva una pieza de artesanía, pero a la que me refiero, ese ser singular, es una obra maestra de la naturaleza. Dios no tiene nada qué ver en estos caprichos líricos.
Su distinción respecto a otras féminas consiste en una combinación exacta, gramo por gramo, entre belleza, extraordinaria, y avidez por la cultura. Dibuja, se emociona viendo buenas películas, o leyendo autores como Pessoa y Wilde, dos de los escritores que tuve a bien presentarle.
Conoce poetisas helenas, verbigracia, Safo; pero también se deleita con Kavafis. Añado a lo comentado que ha leído a los grandes autores nacionales En fin. Es una persona culta, aunque, desde fuera, no lo parezca. Quizá, la elegancia que presta a las prendas que cubren su voluptuoso cuerpo, su manera de caminar, casi levitar, y su voz resulten más propias de una modelo que de una intelectual. Nunca pasará desapercibida.
Todo hombre sensible, con cierta inteligencia se enamoraría de ese tipo de señorita. Yo, también. Pero me lo he prohibido. Más que nada, porque su alma permanecería impermeable a mis trovas de juglar arcaico.
Y no se trata de enloquecer por una diosa. A la divinidad, se le reza, se le ponen unas velas y se le piden milagros, utopías. Yo la amo a través de cada palabra que escribo. La adoro desde la sintaxis. Esta fue mi oración por ella, por la belleza que siempre subsiste en el recuerdo. Así lo dejó escrito William Wordsworth en el célebre poema “Esplendor en la hierba”.
Eugenio-Jesús de Ávila



















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