LITERATURA
Efecto Dunning-Kruger
Si tuviera que destacar un sesgo por encima de todos los demás, al menos en lo que se refiere a sus implicaciones sociales, me quedaría con el efecto Dunning-Kruger. Es muy simple, aunque de consecuencias impresionantes.
Se trata de un sesgo o una distorsión cognitiva. Ocurre cuando una persona sobreestima la capacidad o los conocimientos que tiene sobre algo. Este fenómeno ha sido muy estudiado en psicología social. El problema es que tiende a complicarse mucho más cuando el susodicho en cuestión se siente superior a los demás.
Tal vez conoces a más de una persona así, que te mira por encima del hombro y cree que merecen un trato especial, no suele caer demasiado bien, aunque siempre habrá quien la adore. Con frecuencia resultan impertinentes. No saben escuchar. No muestran empatía, ni cercanía, ni una mínima sensibilidad que favorezca una relación de igual a igual. Curiosamente son personas que cuando hacen algo mal, nunca se sienten mal por ello. Incluso aunque hayan metido la pata siempre te responsabilizarán a ti, o a los otros, de sus actos. Y esa falta de conexión con la realidad les incapacita para trabajar en equipo.
El ser humano tiene una gran capacidad para negar los problemas que le abordan. Es más, en ocasiones, incluso viendo la realidad ante sus ojos, tiene la gran osadía de negarla. Pero es en lo más profundo de nuestro ser donde nos encontramos con nuestro verdadero yo primigenio. En esa realidad intrapersonal ni el dinero ni el poder tienen mucho sentido y es por este mismo motivo que en dicho lugar esos conceptos caen por su propio peso convirtiéndose en lo que son, una mera ilusión humana creada por una mente humana que intenta justificar una existencia, probablemente, carente de sentido.
Las características propias de una persona con complejo de superioridad ilusoria, o lo que es lo mismo, de efecto Dunning-Kruger, están presentes en toda su vida social, desde el modo de vestir pasando por la mirada y acabando en la forma de hablar. En cierto modo, dicho desprecio hacia los demás no deja de ser una proyección cognitiva de sus propios defectos, defectos que son desplazados hacia el resto de mortales mediante mecanismos de defensa para hacer un poco más soportable su condición.
Este curioso efecto fue descubierto por David Dunning y Justin Kruger, dos investigadores norteamericanos de la Universidad de Cornell. Los resultados de su experimento confirmaron lo que ya sospechaban: que las personas más incompetentes tendían a subestimar a las más competentes.
La importancia de la imagen social y la valoración de los demás son dos elementos en alza en la sociedad actual. Por ello, debido a que se fomentan y premian este modelo de comportamientos, pueden fomentar el desarrollo de personalidades con características narcisistas. Y este patrón de pensamientos y comportamientos tienen un impacto tanto en las relaciones sociales como laborales de una persona.
El síndrome Dunning-Kruger puede ser peligroso. Si una persona que considera que sabe más de lo que en realidad sabe, tiene acceso al poder, la toma de sus decisiones la hace desde un desconocimiento real y pueden tener un efecto (normalmente muy negativo) sobre un grupo amplio de la población.
Pues bien, en la actualidad estos parámetros vienen al pelo para catalogar e interpretar muchas de las decisiones y desaciertos de tantos pretendidos “expertos” en economía y política, que nos han llevado a donde estamos. No estoy aludiendo a ningún personaje concreto, ni a ninguna opción política, sino simplemente me atrevo a proponer el modelo para diagnosticar a tantos líderes, peritos, charlatanes, sacamantecas y desatinados que pululan por doquier y padecen este “Síndrome de Dunning-Kruger”, y de paso recomendarles que, como diría un catalán, se lo hagan mirar ya que ellos solos, por sí mismos, son incapaces de reconocer que lo padecen. Y el resto mejor no dárnoslas de sabios en nada, no sea que también estemos afectados.
Emilia Casas Fernández
Si tuviera que destacar un sesgo por encima de todos los demás, al menos en lo que se refiere a sus implicaciones sociales, me quedaría con el efecto Dunning-Kruger. Es muy simple, aunque de consecuencias impresionantes.
Se trata de un sesgo o una distorsión cognitiva. Ocurre cuando una persona sobreestima la capacidad o los conocimientos que tiene sobre algo. Este fenómeno ha sido muy estudiado en psicología social. El problema es que tiende a complicarse mucho más cuando el susodicho en cuestión se siente superior a los demás.
Tal vez conoces a más de una persona así, que te mira por encima del hombro y cree que merecen un trato especial, no suele caer demasiado bien, aunque siempre habrá quien la adore. Con frecuencia resultan impertinentes. No saben escuchar. No muestran empatía, ni cercanía, ni una mínima sensibilidad que favorezca una relación de igual a igual. Curiosamente son personas que cuando hacen algo mal, nunca se sienten mal por ello. Incluso aunque hayan metido la pata siempre te responsabilizarán a ti, o a los otros, de sus actos. Y esa falta de conexión con la realidad les incapacita para trabajar en equipo.
El ser humano tiene una gran capacidad para negar los problemas que le abordan. Es más, en ocasiones, incluso viendo la realidad ante sus ojos, tiene la gran osadía de negarla. Pero es en lo más profundo de nuestro ser donde nos encontramos con nuestro verdadero yo primigenio. En esa realidad intrapersonal ni el dinero ni el poder tienen mucho sentido y es por este mismo motivo que en dicho lugar esos conceptos caen por su propio peso convirtiéndose en lo que son, una mera ilusión humana creada por una mente humana que intenta justificar una existencia, probablemente, carente de sentido.
Las características propias de una persona con complejo de superioridad ilusoria, o lo que es lo mismo, de efecto Dunning-Kruger, están presentes en toda su vida social, desde el modo de vestir pasando por la mirada y acabando en la forma de hablar. En cierto modo, dicho desprecio hacia los demás no deja de ser una proyección cognitiva de sus propios defectos, defectos que son desplazados hacia el resto de mortales mediante mecanismos de defensa para hacer un poco más soportable su condición.
Este curioso efecto fue descubierto por David Dunning y Justin Kruger, dos investigadores norteamericanos de la Universidad de Cornell. Los resultados de su experimento confirmaron lo que ya sospechaban: que las personas más incompetentes tendían a subestimar a las más competentes.
La importancia de la imagen social y la valoración de los demás son dos elementos en alza en la sociedad actual. Por ello, debido a que se fomentan y premian este modelo de comportamientos, pueden fomentar el desarrollo de personalidades con características narcisistas. Y este patrón de pensamientos y comportamientos tienen un impacto tanto en las relaciones sociales como laborales de una persona.
El síndrome Dunning-Kruger puede ser peligroso. Si una persona que considera que sabe más de lo que en realidad sabe, tiene acceso al poder, la toma de sus decisiones la hace desde un desconocimiento real y pueden tener un efecto (normalmente muy negativo) sobre un grupo amplio de la población.
Pues bien, en la actualidad estos parámetros vienen al pelo para catalogar e interpretar muchas de las decisiones y desaciertos de tantos pretendidos “expertos” en economía y política, que nos han llevado a donde estamos. No estoy aludiendo a ningún personaje concreto, ni a ninguna opción política, sino simplemente me atrevo a proponer el modelo para diagnosticar a tantos líderes, peritos, charlatanes, sacamantecas y desatinados que pululan por doquier y padecen este “Síndrome de Dunning-Kruger”, y de paso recomendarles que, como diría un catalán, se lo hagan mirar ya que ellos solos, por sí mismos, son incapaces de reconocer que lo padecen. Y el resto mejor no dárnoslas de sabios en nada, no sea que también estemos afectados.
Emilia Casas Fernández




















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