Mª Soledad Martín Turiño
Martes, 31 de Mayo de 2022
ZAMORANA

Sueños, ilusiones y realidad

[Img #66498]“La vida es un gran escenario donde puedes interpretar la ficción que quieras”, esta frase que escuché hace mucho tiempo sin entenderla demasiado, ahora, transcurridos más años de los que vivió la persona que la pronunció, adquiere un sentido fundamental.

 

Me atrevería a decir que todos, en algún momento hemos experimentado la desazón, pesadumbre, resentimiento incluso, por estar viviendo una existencia que no es la que deseamos o proyectamos un día. Los motivos pueden ser variados: no conseguir el trabajo que anhelamos y soportar la rémora de acudir día tras día a un lugar que detestamos; unir nuestra vida con la persona equivocada y resultar inviable salir de esa relación; la imposibilidad de tener hijos cuando fue el sueño que perseguimos; vivir en el lugar equivocado, ese que no aporta nada y, sin embargo, nos obliga a permanecer allí… y así podría generarse una enumeración tan larga como cada uno quiera listar. En el fondo se trata de sueños insatisfechos, de ansias no colmadas, de ambiciones frustradas que se han quedado vacías y con las que se convive por una especie de inercia, cuando resulta imposible cambiar las cosas.  

 

No siempre es fácil interpretar nuestra propia historia tal y como la soñamos, sobre todo si ya no estamos solos o dependemos de afectos anejos; entonces, las posibilidades de hacerlo se reducen considerablemente. La vida nos envuelve en un torbellino complicado urdiendo telas de araña que nos atrapan sin misericordia para no dejarnos salir de esa red tejida a nuestras espaldas. Tal vez, en el umbral de la vejez, cuando la persona se ha ido desligando de apegos, en esa soledad deseada si todavía la mente es lúcida, puedan recuperarse las viejas ilusiones y hacerlas factibles, porque entonces ya no hay ligaduras a las que someterse; no obstante, en muchos casos la materialización de sueños perdidos en el ocaso de la vida requiere de una fuerza y un tesón indescriptibles, máxime cuando las circunstancias han variado y el tiempo corre en contra. García Márquez escribió en una ocasión: “No es verdad que la gente pare de perseguir sus sueños porque se hacen mayores, se hacen mayores porque dejan de perseguir sus sueños”

 

Es fácil ser fiel a los sueños de juventud, aunque no puedan cumplirse, porque pueden ser el rumbo que nos guíe, la meta que añoramos, la ilusión de consumarlos un día… y eso es lo que nos mantiene vivos porque como decía Paulo Coelho: “la posibilidad de hacer un sueño realidad, es lo que hace interesante la vida”.

 

Por tanto, quien tenga sueños y la posibilidad de materializarlos, que no lo deje para mañana porque, quizás entonces, sea ya demasiado tarde.

 

Mª Soledad Martín Turiño

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