NOCTURNOS
Amar y vivir por inercia
No tengo ganas de morirme, incluso aunque las parcas me traten con ternura y Caronte reme por mí. Cierto que vivo por inercia. Pero tampoco es momento para despedirme a mi edad. Todavía soy joven, porque amo, y nunca se envejece cuando te quieren, adoran, idolatran y admiran. Hay vidas muertas que apenas han existido, porque jamás supieron amar a otra persona, del mismo o distinto sexo; solo anhelaron que les quisieran, que les dieran, que les regalaran amor, pero a cambio de nada, como si fueran diosas o dioses en el altar de la vanidad, de la omnipresencia, de la erudición.
No ha mucho tiempo dispuse mi alma para abordar la nave de la pasión. - ¡Qué cursi me ha quedado!- El amor, a veces, casi siempre, resulta pegajoso, empalagoso, memo, meloso. No conseguí tomar el velero. Eolo nunca sopló a favor. No le gustó ese pirata del sexo con seso, de bandera negra en popa o en los obenques de estribor, con un beso, cruzado por unos labios y una idea.
Me fui. Quizá se fue. Me aburrió su ausencia. El amor necesita hacerse, para masticarlo, disfrutarlo y digerirlo. Los versos solo son lágrimas que tu cerebro traduce en palabras. Lloras, pero no se secan en el pañuelo de seda de ese vello púbico femenino que anhelaste acariciar con las yemas de tus dedos. Todo acaba devorado por las mandíbulas de la realidad. No hay belleza en una pasión unilateral, sin correspondencia, sin nada. Tánatos siempre derrota a la ternura, a la sensibilidad, al deseo.
Vivo por inercia, pero me negué a amar porque tocaba, correspondía, era mi turno. Se ama o no se ama. No hay términos medios. Las parcas nunca te permiten dejar un trozo del corazón latiendo sobre unas violetas, en el jardín del erotismo.
Eugenio-Jesús de Ávila
No tengo ganas de morirme, incluso aunque las parcas me traten con ternura y Caronte reme por mí. Cierto que vivo por inercia. Pero tampoco es momento para despedirme a mi edad. Todavía soy joven, porque amo, y nunca se envejece cuando te quieren, adoran, idolatran y admiran. Hay vidas muertas que apenas han existido, porque jamás supieron amar a otra persona, del mismo o distinto sexo; solo anhelaron que les quisieran, que les dieran, que les regalaran amor, pero a cambio de nada, como si fueran diosas o dioses en el altar de la vanidad, de la omnipresencia, de la erudición.
No ha mucho tiempo dispuse mi alma para abordar la nave de la pasión. - ¡Qué cursi me ha quedado!- El amor, a veces, casi siempre, resulta pegajoso, empalagoso, memo, meloso. No conseguí tomar el velero. Eolo nunca sopló a favor. No le gustó ese pirata del sexo con seso, de bandera negra en popa o en los obenques de estribor, con un beso, cruzado por unos labios y una idea.
Me fui. Quizá se fue. Me aburrió su ausencia. El amor necesita hacerse, para masticarlo, disfrutarlo y digerirlo. Los versos solo son lágrimas que tu cerebro traduce en palabras. Lloras, pero no se secan en el pañuelo de seda de ese vello púbico femenino que anhelaste acariciar con las yemas de tus dedos. Todo acaba devorado por las mandíbulas de la realidad. No hay belleza en una pasión unilateral, sin correspondencia, sin nada. Tánatos siempre derrota a la ternura, a la sensibilidad, al deseo.
Vivo por inercia, pero me negué a amar porque tocaba, correspondía, era mi turno. Se ama o no se ama. No hay términos medios. Las parcas nunca te permiten dejar un trozo del corazón latiendo sobre unas violetas, en el jardín del erotismo.
Eugenio-Jesús de Ávila



















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.145