Eugenio de Ávila
Miércoles, 15 de Junio de 2022
NOCTURNOS

Seductor de almas

[Img #67064]Me he sentido muy amado a lo ancho de mi ya excesiva y larga vida; pero nunca me he explicado por qué, cuáles fueron las razones que llevaron a mujeres inteligentes, hermosas, buena gente a compartir parte de sus vidas conmigo, si no soy una buena persona, tampoco malo del todo; si tampoco soy culto, ni mi voz es seductora, ni tengo patrimonio, ni dinero, ni nada, aunque, al decir del personal, siempre se me distinguió por mi capacidad de seducción, elegancia, atractivo y sensualidad. Y no son virtudes que un servidor coloque en mi currículum, más bien de hombres y mujeres que me conocen. Se equivocan.  Siempre se me ha confundido. Dejé hacer. Permití que opinasen sin conocerme…por una apariencia, por un detalle, por unos versos.

 

Quizá no amé a quién me amaba, a la espera de amar y ser amado, de dar tanto como recibir. Porque el consejo de que si no puedes amar a quién deseas, ames a quien está contigo, nunca me prendó ni me entusiasmó. A mi edad, como debatí con íntimos amigos no ha mucho tiempo, sí nos podemos enamorar. Yo lo estoy desde ha tiempo. Y quizá de una manera distinta a la de mi juventud. Entonces había más sexo que seso. Nos volvíamos locos por conquistar a las jóvenes más hermosas de nuestra generación. Solo se buscaba el placer: pero el exceso de hedonismo ocultó siempre la verdad del amor.

 

Ahora, cuando ya me he curado de la enfermedad de la juventud, he aprendido a amar. Me enamoran las mujeres cultas, delicadas, elegantes, sofisticadas, hermosas, con clase. Ya no me enloquece conocer su cuerpo, acariciar su piel, probar su carne, si antes mi alma no ha entrado en su espíritu. Ya no hay amor si no amo primero por dentro. Anhelo probar el gineceo de su cerebro para después beber entre sus ingles. Deseo besar labios con mis palabras, que mis verbos se conjuguen en su lengua, que mis dedos penetren en la geografía de su seso.

 

Soy un seductor de almas, nunca más un tenorio rijoso, un donjuán libidinoso, un crápula del sexo que se embriaga con el placer y vomita el alcohol de la lascivia. 

Eugenio-Jesús de Ávila

 

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