Eugenio de Ávila
Domingo, 26 de Junio de 2022
NOCTURNOS

Amor y odio

Hay hombres que piensan que amar es poseer. Pero: ¿Qué posee el varón de la mujer? ¿Un cuerpo? Nunca. ¿El alma de esa dama? Tampoco. Porque el espíritu muta. Va de un organismo a otro. Ni tan si quiera nos poseemos a nosotros mismos. ¿Nuestro cuerpo es nuestro? Si es efímero. Tener para qué. Poseer para qué. Si yo entro en tu cuerpo, porque tú así lo consideras, ¿te poseo? ¿Me quedo con tus senos? ¿Con tu ombligo? ¿Con tu gineceo? ¿Los ingiero y hago la digestión?

 

Si yo no sé lo que soy, cómo puedo tenerme y cómo puedo poseer a la mujer que amo. Con mi sexo no poseo, porque no soy propietario de mi cuerpo. Con mi alma, en absoluto. Ignoro si crece, se mengua, si se mide o pesa.

 

Yo solo, quizá, posea lo que siento. Y defino el amor como un alejamiento del ego hacia otro ser, hasta dejar de pensar en ti para fundirte en esa fémina. ¿Qué atrae al hombre de una dama? Su belleza. Después, su inteligencia, sensibilidad, elegancia, tono de su voz, mirada, feminidad. Una mujer que solo sea hermosa, si no contiene otras virtudes en su espacio, puede que atraiga al macho para el sexo, pero, si el caballero posee sensibilidad, se cansará del hedonismo vacío y se irá. Porque no quedará nada en su memoria más allá de un sabor, un olor y un placer.

 

Yo conocí a una señorita, muy bonita, con personalidad, más joven que yo, que me enamoró cuando despreciaba mantener relaciones con féminas que fueran más allá del tiempo. Hedonismo que demandaba mi sexo. A partir de cierta edad, eliges pasión sentida, sosegada, pero profunda, más que en tu juventud cuando solo eres una fábrica de esperma.

 

Y esa señorita prefirió irse de mi vera. Nunca sabré por qué. No formaré, ni tan si quiera, parte de su memoria. No existo en su vida según propia confesión. Yo siempre la recordaré, porque la amé sin poseer; la quise, sin digerirla, la recordaré hasta mi óbito. El odio y el amor, a veces, aparecen solapados ambos sentimientos.

 

Cómo nadie posee a nadie, no he perdido nada material, solo una sensación de amar a alguien sin más o con tanto. Entiendo ahora que esa dama debió amarme con locura, porque ahora me odia sin cordura.

 

Eugenio-Jesús de Ávila

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