NOCTURNOS
Balance erótico
Ahora, cuando tengo mucho más tiempo pasado que futuro por asir, voy haciendo balance de lo que he sido. En principio, hay muchos fue en mi cuerpo. Diversas almas entraron en mi carne para acompañarme en la decadencia de mi materia hacia la nada.
Esta noche pensaba que fui más humilde con los sencillos que con los eruditos. Respeté al que sabía más que yo, una inmensa mayoría. Pero solo me he humillado ante el amor. Hay una mujer que me adornó con definiciones como “niño pijo”, “creído”, “estirado” y tipo “sin clase”, “huérfano de toda elegancia”. Y se lo toleré. Y llegué a pensar que quizá tuviera razón. Y la amé sin que me amase, o, al menos, no me lo demostrara.
En ese balance de mi vida erótica, debo reconocer que, cuando me enamoré, casi excepciones en mi vida, dejé de ser el yo de siempre para convertirme en otro hombre: apasionado, enloquecido, perdido de mí para solo hallarme en esa mujer. Necesité muy poco para que esa dama me arrancase el alma, se la devorase, me vaciase por dentro. Me quedaron osamenta, vísceras y fachada. Nada más. Mi yo se fue a ella. Me evaporé… fui su nube. Me licué… fui su río cristalino. Desaparecí para vagar tras ella como si fuese su sombra.
Y sospecho que pude amar a otras damas, y todavía aspiro a vivir una pasión con ellas, de las que me enamoré sin alcanzar ni una caricia, ni tan si quiera un beso volátil en las mejillas. Las he mirado fijamente, tanto como para ponerme nervioso. Me ha sucedido públicamente. Parece como si no existiese nada, ni personas, ni enseres, entre sus ojos y los míos. Pero, por razones que nunca comprenderé, jamás encontré el camino para llegar a su corazón, como si una muralla de timidez me impidiese asaltar su alma.
Mi ucronía erótica: el amor que pudo haber sido y nunca fue. Quizá, algún día, lo sea. De momento, la deseo.
Eugenio-Jesús de Ávila
Ahora, cuando tengo mucho más tiempo pasado que futuro por asir, voy haciendo balance de lo que he sido. En principio, hay muchos fue en mi cuerpo. Diversas almas entraron en mi carne para acompañarme en la decadencia de mi materia hacia la nada.
Esta noche pensaba que fui más humilde con los sencillos que con los eruditos. Respeté al que sabía más que yo, una inmensa mayoría. Pero solo me he humillado ante el amor. Hay una mujer que me adornó con definiciones como “niño pijo”, “creído”, “estirado” y tipo “sin clase”, “huérfano de toda elegancia”. Y se lo toleré. Y llegué a pensar que quizá tuviera razón. Y la amé sin que me amase, o, al menos, no me lo demostrara.
En ese balance de mi vida erótica, debo reconocer que, cuando me enamoré, casi excepciones en mi vida, dejé de ser el yo de siempre para convertirme en otro hombre: apasionado, enloquecido, perdido de mí para solo hallarme en esa mujer. Necesité muy poco para que esa dama me arrancase el alma, se la devorase, me vaciase por dentro. Me quedaron osamenta, vísceras y fachada. Nada más. Mi yo se fue a ella. Me evaporé… fui su nube. Me licué… fui su río cristalino. Desaparecí para vagar tras ella como si fuese su sombra.
Y sospecho que pude amar a otras damas, y todavía aspiro a vivir una pasión con ellas, de las que me enamoré sin alcanzar ni una caricia, ni tan si quiera un beso volátil en las mejillas. Las he mirado fijamente, tanto como para ponerme nervioso. Me ha sucedido públicamente. Parece como si no existiese nada, ni personas, ni enseres, entre sus ojos y los míos. Pero, por razones que nunca comprenderé, jamás encontré el camino para llegar a su corazón, como si una muralla de timidez me impidiese asaltar su alma.
Mi ucronía erótica: el amor que pudo haber sido y nunca fue. Quizá, algún día, lo sea. De momento, la deseo.
Eugenio-Jesús de Ávila
















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.70