COSAS MÍAS
Nubes de tormenta, metáforas zamoranas
Gotas de agua sobre la ciudad caliente. La tormenta esculpió nubes con la gubia de Eolo. Y, sobre la Zamora pretérita, aparecieron cúpulas de nimbostratos. Quizá el Dios ateo quiso rizar el cielo de su cabello y teñirlo de plata.
Todos los días hay motivos para el éxtasis, para metabolizar la belleza, y encontrar versos, metáforas, estrofas en una hoja de olivo, el vuelo del vencejo o el zumbido de la abeja.
Hoy, las nubes se dispusieron como olas del mar y besaron las playas de nuestro tedio provinciano. Con su voz ronca, cantaron los truenos, mientras los relámpagos, besos de nube, cortejaban a la atmósfera con sus ojos eléctricos. Y el hombre miró hacia arriba y descubrió un óleo distinto, una pintura barroca, un paisaje invertido, el decorado del paraíso.
Sí, yo dibujé con palabras los sentimientos de esos cielos de acuarela, pero un técnico me contó que todo se debe a geo-ingeniería pura y dura, residuos de centrales térmicas, lluvia ácida, fatal para cultivos... Muerte entre las nubes.
El arte nos entretiene para que nos olvidemos de la finitud de la vida. La realidad resulta mucho más dramática. Juegan con nosotros, porque saben que los zamoranos apenas nos quejamos y, además, ignoramos que nos engañan con nubes de cartón-piedra, decorado para una película de miedo.
Eugenio-Jesús de Ávila
Gotas de agua sobre la ciudad caliente. La tormenta esculpió nubes con la gubia de Eolo. Y, sobre la Zamora pretérita, aparecieron cúpulas de nimbostratos. Quizá el Dios ateo quiso rizar el cielo de su cabello y teñirlo de plata.
Todos los días hay motivos para el éxtasis, para metabolizar la belleza, y encontrar versos, metáforas, estrofas en una hoja de olivo, el vuelo del vencejo o el zumbido de la abeja.
Hoy, las nubes se dispusieron como olas del mar y besaron las playas de nuestro tedio provinciano. Con su voz ronca, cantaron los truenos, mientras los relámpagos, besos de nube, cortejaban a la atmósfera con sus ojos eléctricos. Y el hombre miró hacia arriba y descubrió un óleo distinto, una pintura barroca, un paisaje invertido, el decorado del paraíso.
Sí, yo dibujé con palabras los sentimientos de esos cielos de acuarela, pero un técnico me contó que todo se debe a geo-ingeniería pura y dura, residuos de centrales térmicas, lluvia ácida, fatal para cultivos... Muerte entre las nubes.
El arte nos entretiene para que nos olvidemos de la finitud de la vida. La realidad resulta mucho más dramática. Juegan con nosotros, porque saben que los zamoranos apenas nos quejamos y, además, ignoramos que nos engañan con nubes de cartón-piedra, decorado para una película de miedo.
Eugenio-Jesús de Ávila


















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