Miércoles, 11 de Marzo de 2026

Nélida L. del Estal Sastre
Jueves, 07 de Julio de 2022
CON LOS CINCO SENTIDOS

Gilipollas

[Img #67742] Resulta que el gran Ernest Hemimgway, ganador de un Premio Pulitzer en 1953, acreedor de un Premio Nobel de Literatura en 1954 y escritor sin parangón, único, especial, subyugante y atormentado, se suicidó un 2 de julio de 1961. Sí, se quitó la vida al comenzar el verano de 1961, con los billetes de avión de vuelta a Estados Unidos en su mesita de noche de hotel, estando en España. Cuando uno se encamina hacia el abismo del suicidio como única salida, es porque lo que la vida ofrece, lo que las personas ofrecen, no llena el hueco que ocupa la inmensa tristeza que te anega el tuétano de los huesos. Sólo los que han pasado por una depresión saben de lo que hablo. Puedes estar rodeado de gente y sentirte absolutamente solo. Puedes estar ahíto de riquezas y pensar que vives bajo el puente de tu eterna desgracia. 

       Fue testigo y corresponsal de guerra para varios periódicos estadounidenses en la guerra civil española y en la segunda guerra mundial, amén de pluma de varios conflictos en otras dimensiones del globo terráqueo. Se casó y separó cuatro veces, que se sepa. No se puede tener una relación seria y duradera cuando media un mundo físico entero entre dos cuerpos. Es de todo punto imposible. Cuando la muerte acecha, te agarras a cualquiera que te da calor, aunque, a la mañana siguiente, ni quieras recordar su nombre. Las pasó putas. De niño “pijo” a chico listo “para todo”, redactor, luchador, seductor de jovencitas, vividor, paseador de señoras, escribidor de batallas sin fin y de miserias humanas…Un superviviente. 

         Pero va el “tontolaba” de turno, el gilipollas de libro y de manual, ese que se alimenta y crece al calor de las jodidas y purulentas redes sociales (porque sin ellas, sería una miseria humana, un don nadie) diciendo que Hemingway es menos Hemingway porque le gustaban la fiesta y los toros. Hay que ser imbécil para decir semejante tontuna. ¿A quién no le gusta la fiesta? ¿Qué tiene eso que ver con su valía como escritor? ¿Acaso estaba ese necio que afirma tal falacia en el tribunal que le concedió en 1954 el Premio Nobel de Literatura? ¿Por qué todos los tontos se ponen de acuerdo para hablar de lo que no saben? ¿Por qué se juzga ahora, en 2022, a alguien que supera en intelecto hasta avergonzarlo, a quien osa decir que es menos escritor, menos inteligente, menos persona, porque le gustaban los toros? A mí no me gustan los toros. No entiendo la tauromaquia. No me atrajo nunca, pero no por eso dejo de respetar a quien disfruta de ese espectáculo. Lo respeto. No lo comparto, pero lo respeto. 

     Quien osa criticar a una figura como la de Hemingway solamente por su afición a la fiesta y a los toros es que no sabe una mierda de nada. De eso hay mucho ahora por las calles, en las redes, en los diarios, en la vida, en la puta calle que todos pisamos. Son personas de barro, que cuando se secan, parecen algo importante, pero que cuando se mojan, se disuelven como la mierda que son. Polvo que no vale, que no sirve; defecados por el mundo al que critican, pero no aportan. Una puta mierda.

Nélida L. del Estal Sastre 

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