Eugenio de Ávila
Lunes, 18 de Julio de 2022
NOCTURNOS

No sé amar

[Img #67995]Una jovencita, que pasó por mi vida, que fue y ya no es, cuando se despidió de mí para no volver, intentó ridiculizarme afirmando que no sé lo que significa amar.  Y yo escribo como amo y amo como escribo. Debo escribir, pues, muy mal. Quizá su reflexión se base en su forma de entender cómo se conjuga ese verbo tan hermoso. Ella sí sabe amar, pero a mí no me lo demostró. Cosas mías.

 

 El problema reside en que conozco a hombres y mujeres que se quieren tanto a sí mismos que ignoran cómo se ama a otra persona. En principio, considero positivo que cada uno de nosotros nos queramos más que a nadie para después querer a los demás. Porque si no te quieres a ti, no creo que vayas a amar a una mujer o a un hombre al que conociste en la calle, en una cafetería o un pub o discoteca.

 

Y confieso que he amado, porque mi cerebro, desde que la primera luz del alba entraba por mi balcón, burlando a las persianas, hasta recibir un rayo de luna en la madrugada, cuando me recibía la almohada con todo su erotismo, solo pensaba en esa mujer. Vivía para ella, para que se sintiera feliz, para que se creyera única.

 

 Cuando amas, solo te importa esa dama. Incluso cuando, por circunstancias variopintas, se acaba el amor, tu mente recuerda momentos mágicos, maravillosos, de película, que viviste junta a ella: El primer beso, aquellas miradas en silencio, las caricias, la primera vez que yaciste junto a ella, el éxtasis que detuvo el tiempo, dejó en blanco tu cerebro y te condujo a catar la eternidad. Y, si fue amor de verdad, olvidarás discusiones, palabras mayores, desprecios y miserias eróticas. He conocido a maridos que fueron burlados por sus mujeres y todavía permanecen a su lado, amándolas, como si fueran recién casados. Eso ese amor. Digo.

 

Confieso que me gustaría amar a una mujer en esta segunda edad y media, antes de que Caronte me cruce en su barca la laguna Estigia. Mi anhelo, desde jovencito, fue morir enamorado. No habría merecido la pena vivir sin amar hasta el óbito.

 

Quizá esa joven mujer, mamá, divorciada, que afirma de ella misma que deja huella, tenga razón y yo no sepa conjugar el verbo amar. Pudiera ser. Pero no hubo un solo segundo en mi existencia en el que no estuviera enamorado de una dama. No obstante, la mujer de mi vida solo exista en mi memoria. El pasado no vuelve. El futuro siempre se escapa. Solo sé que amo siempre en presente. Todo por nada.

 

Eugenio-Jesús de Ávila

 

 

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