MI VECINA MARISOL
Nos tienen quemados
La última vez que me encontré con mi vecina Marisol estábamos indignados por lo ocurrido en la Sierra de la Culebra, por las más de 20.000 hectáreas, que se dice bien, quemadas y los daños colaterales producidos por ese desastre. El disgusto se refería al desastre, pero el cabreo se dirigía, una vez mas, a la actitud de nuestros políticos regionales por su incapacidad para la prevención de éstos desastres y por su ineptitud a la hora de solucionarlos. Para empezar la responsabilidad siempre es de el de enfrente, aunque en la Comunidad gobierne yo, nadie es capaz de asumir la responsabilidad y, ni mucho menos, de poner remedio. Prometen ayudas económicas, siempre a posteriori, claro, que en la mayoría de los casos no llegan porque la tramitación de las mismas se convierte en farragosa, complicada, está sujeta a la disponibilidad del funcionario de turno, que puede estar de vacaciones y que, cuando llega, ya casi no hace falta porque la ruina ya es inminente.
Y nos indignó que aparecieran por la zona de desastre como si fueran a un desfile de modelos de chalecos, todos cortados por el mismo modisto. Llegan a Villanueva de Valrojo a hacerse la foto de la visita y a buscar un sitio donde comer buena carne de Aliste, así como lo leen.
-Efectivamente-, me interrumpe mi vecina, -un convoy de cinco o seis coches oficiales querían ir a Rabanales, concretamente a casa Matellán, a ponerse como “el tenazas”, a costa de todos nosotros. Esa era la importancia que le daban al desastre. Los del pueblo los echaron con cajas destempladas y gracias que aún se contuvieron y no hubo ningún percance más allá de los insultos-.
Concepción, la eficiente funcionaria amiga de Marisol, que la ve venir, intenta apaciguarla, aunque, en éste caso no es muy fácil porque el tema tiene “bemoles”. –Las madres de éstos inútiles no tiene la culpa de nada-, dice Concepción, -pero son unos verdaderos hijos de buzo-. Ya sabéis que no dice nunca tacos, aunque alguna vez, en ocasiones como ésta, también ha soltado alguna perla.
Los que hemos gozado de Sanabria desde que la acampada era libre siempre hemos tenido mucho cuidado de no dejar restos, de no hacer fuegos imprudentes y hemos tenido el buen consejo de los habitantes y vigilantes de entonces, hace cincuenta años, de que los incendios se apagan en invierno con buena prevención, con la ejecución de los cortafuegos y con la creación de las brigadas rurales antiincendios. Esto es mas viejo que el hilo negro y lo sabe hasta la tonta del bote. Bueno, pues debe ser que nuestros políticos regionales no le llegan a la altura de la tinta del bote, no lo saben.
-O peor aún, lo saben y no ponen remedio-, apostilla Marisol. –Si no lo saben o no se acuerdan, se lo están recordando a diario en todos los medios, en la calle y, sobre todo los profesionales del fuego y de los bosques. Los bomberos del consorcio llevan años manifestándose delante de la Diputación de Zamora, época de pandemia incluida, pidiendo más medios materiales y personales. Y la Diputación parece que está sorda a éstas peticiones. La Junta de Castilla y León, con su política de que los incendios se producen de Julio a Septiembre, ya lo tiene todo hecho. Lo del cambio climático no va con ellos. Los avisos de que las olas de calor, que lo sabíamos todos, iban a ser devastadoras, les entraron por un oído y es salieron por el otro. Las consecuencias de ese desatino ahí están, la Sierra de la Culebra, devastada. Pero ellos no son culpables de nada-.
Claro, no faltaba más que hubieran ido Mañueco y Quiñones a prender la mecha, pero son los auténticos y únicos responsables de la prevención.
Y ahora, por si fuera poco el desastre, nos ha llegado la desgracia a Tábara, Losacio y un montón de pueblos más de la zona de Aliste, Sanabria y, en realida, toda la provincia de Zamora. Se han tenido que desalojar un gran número de pueblos, gentes abandonando sus casas, sus animales, sus tierras, naves, propiedades y han tenido que salir huyendo para ser recolocados en pabellones deportivos de otros pueblos o de la capital para darles cobijo, sustento y, sobre todo cariño porque la Junta, ni eso ha sido capaz.
-Pues sí, los bomberos se quejaban de que les daban ¡una botella de agua al día, a cada uno!. Eso se lo beben en un cuarto de hora. Y les daban un bocadillo, escaso de embutido, para reponer las fuerzas de innumerables horas de trabajo. El chef José Andrés ha colaborado, una vez más, trayendo comida para unos y otros y enseñando lo que hay que hacer mientras los políticos de turno miran hacia otro lado y culpan al de en enfrente-. Replica mi vecina, absolutamente abatida e indignada.
Se han pedido voluntarios, para ayudar a toda ésta gente desarraigada en los centros de acogida, y Zamora se ha volcado. Mejor dicho los zamoranos que parece ser que son los únicos que han visto la magnitud de la desgracia. Y mientras tanto, los otros, los “chalecos multibolsillos”, harán la visita, si la hacen, no vaya a ser que a alguno le rompan la crisma.
-Espero que no pregunten por sitios donde comer-, dice Marisol.
La provincia de Zamora está prácticamente en llamas y estos cenutrios, mirándose los unos a los otros, preguntándose qué es lo que hay que hacer.
-Pues prevención, amiguetes. Contratar plantillas todo el año, aumentar el número de efectivos materiales y humanos, pagarles sueldos dignos y formarles debidamente. Que los fuegos se apagan en invierno y nos tenéis hartos y quemados-, dice mi vecina.
Nunca mejor dicho, y se fueron ambas al café con tostadas, mantequilla y mermelada. ¡Que aproveche!
La última vez que me encontré con mi vecina Marisol estábamos indignados por lo ocurrido en la Sierra de la Culebra, por las más de 20.000 hectáreas, que se dice bien, quemadas y los daños colaterales producidos por ese desastre. El disgusto se refería al desastre, pero el cabreo se dirigía, una vez mas, a la actitud de nuestros políticos regionales por su incapacidad para la prevención de éstos desastres y por su ineptitud a la hora de solucionarlos. Para empezar la responsabilidad siempre es de el de enfrente, aunque en la Comunidad gobierne yo, nadie es capaz de asumir la responsabilidad y, ni mucho menos, de poner remedio. Prometen ayudas económicas, siempre a posteriori, claro, que en la mayoría de los casos no llegan porque la tramitación de las mismas se convierte en farragosa, complicada, está sujeta a la disponibilidad del funcionario de turno, que puede estar de vacaciones y que, cuando llega, ya casi no hace falta porque la ruina ya es inminente.
Y nos indignó que aparecieran por la zona de desastre como si fueran a un desfile de modelos de chalecos, todos cortados por el mismo modisto. Llegan a Villanueva de Valrojo a hacerse la foto de la visita y a buscar un sitio donde comer buena carne de Aliste, así como lo leen.
-Efectivamente-, me interrumpe mi vecina, -un convoy de cinco o seis coches oficiales querían ir a Rabanales, concretamente a casa Matellán, a ponerse como “el tenazas”, a costa de todos nosotros. Esa era la importancia que le daban al desastre. Los del pueblo los echaron con cajas destempladas y gracias que aún se contuvieron y no hubo ningún percance más allá de los insultos-.
Concepción, la eficiente funcionaria amiga de Marisol, que la ve venir, intenta apaciguarla, aunque, en éste caso no es muy fácil porque el tema tiene “bemoles”. –Las madres de éstos inútiles no tiene la culpa de nada-, dice Concepción, -pero son unos verdaderos hijos de buzo-. Ya sabéis que no dice nunca tacos, aunque alguna vez, en ocasiones como ésta, también ha soltado alguna perla.
Los que hemos gozado de Sanabria desde que la acampada era libre siempre hemos tenido mucho cuidado de no dejar restos, de no hacer fuegos imprudentes y hemos tenido el buen consejo de los habitantes y vigilantes de entonces, hace cincuenta años, de que los incendios se apagan en invierno con buena prevención, con la ejecución de los cortafuegos y con la creación de las brigadas rurales antiincendios. Esto es mas viejo que el hilo negro y lo sabe hasta la tonta del bote. Bueno, pues debe ser que nuestros políticos regionales no le llegan a la altura de la tinta del bote, no lo saben.
-O peor aún, lo saben y no ponen remedio-, apostilla Marisol. –Si no lo saben o no se acuerdan, se lo están recordando a diario en todos los medios, en la calle y, sobre todo los profesionales del fuego y de los bosques. Los bomberos del consorcio llevan años manifestándose delante de la Diputación de Zamora, época de pandemia incluida, pidiendo más medios materiales y personales. Y la Diputación parece que está sorda a éstas peticiones. La Junta de Castilla y León, con su política de que los incendios se producen de Julio a Septiembre, ya lo tiene todo hecho. Lo del cambio climático no va con ellos. Los avisos de que las olas de calor, que lo sabíamos todos, iban a ser devastadoras, les entraron por un oído y es salieron por el otro. Las consecuencias de ese desatino ahí están, la Sierra de la Culebra, devastada. Pero ellos no son culpables de nada-.
Claro, no faltaba más que hubieran ido Mañueco y Quiñones a prender la mecha, pero son los auténticos y únicos responsables de la prevención.
Y ahora, por si fuera poco el desastre, nos ha llegado la desgracia a Tábara, Losacio y un montón de pueblos más de la zona de Aliste, Sanabria y, en realida, toda la provincia de Zamora. Se han tenido que desalojar un gran número de pueblos, gentes abandonando sus casas, sus animales, sus tierras, naves, propiedades y han tenido que salir huyendo para ser recolocados en pabellones deportivos de otros pueblos o de la capital para darles cobijo, sustento y, sobre todo cariño porque la Junta, ni eso ha sido capaz.
-Pues sí, los bomberos se quejaban de que les daban ¡una botella de agua al día, a cada uno!. Eso se lo beben en un cuarto de hora. Y les daban un bocadillo, escaso de embutido, para reponer las fuerzas de innumerables horas de trabajo. El chef José Andrés ha colaborado, una vez más, trayendo comida para unos y otros y enseñando lo que hay que hacer mientras los políticos de turno miran hacia otro lado y culpan al de en enfrente-. Replica mi vecina, absolutamente abatida e indignada.
Se han pedido voluntarios, para ayudar a toda ésta gente desarraigada en los centros de acogida, y Zamora se ha volcado. Mejor dicho los zamoranos que parece ser que son los únicos que han visto la magnitud de la desgracia. Y mientras tanto, los otros, los “chalecos multibolsillos”, harán la visita, si la hacen, no vaya a ser que a alguno le rompan la crisma.
-Espero que no pregunten por sitios donde comer-, dice Marisol.
La provincia de Zamora está prácticamente en llamas y estos cenutrios, mirándose los unos a los otros, preguntándose qué es lo que hay que hacer.
-Pues prevención, amiguetes. Contratar plantillas todo el año, aumentar el número de efectivos materiales y humanos, pagarles sueldos dignos y formarles debidamente. Que los fuegos se apagan en invierno y nos tenéis hartos y quemados-, dice mi vecina.
Nunca mejor dicho, y se fueron ambas al café con tostadas, mantequilla y mermelada. ¡Que aproveche!




















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