NOCTURNOS
Jubilación erótica
Nos queremos tanto que nos enoja que, en mi caso, no se enamore de mí una mujer hermosa. Yo, lo confieso, no me he querido mucho. Me he puesto a parir como pareja, periodista y persona. Nunca me atreví a calificarme como un hombre bueno. Solo osé definirme como un sujeto que no es malo del todo.
No he sido ni un Tenorio ni un Porfirio Rubirosa, célebre play-boy dominicano, porque elegí, cuando me cansaba una relación, que me dejaran antes de abandonar. Nunca jamás le dije a una mujer: “No me gustas ya, me he cansado de ti”. Cambié mi forma de ser, me transformé en otro para que se hartaran de mí. Dejé de ser un caballero sin espada y un amante perfecto. Fingí problemas psíquicos. Todo, antes que herir un alma femenina. Me marché con un gesto severo, como si me sintiera abatido, derrotado por la pasión. No me gustan las lágrimas, las tragedias a lo Romeo y Julieta.
Quizá sea un hipócrita erótico. No sé si me forma de actuar sea la idónea. Pero todavía, después de muchos años, mantengo relaciones amistosas con señoras y señoritas que me amaron y, por qué negarlo, también amé. Hay alguna excepción. No hay regla perfecta.
Ahora, a mi edad, ya no me iré. Aguardaré a que me venga a buscar la dama negra cuando duerma con la mujer que ame. Sé que amo mejor. Ya no necesito actuar. Carezco de aristas. Amo como escribo. Si te gustan mis palabras, como juego con ellas, sin que lo perciban, sustantivos, verbos y adjetivos, te sentirías muy amada, siempre que lo desearas, por este seductor próximo a su jubilación profesional y erótica…
Eugenio-Jesús de Ávila
Nos queremos tanto que nos enoja que, en mi caso, no se enamore de mí una mujer hermosa. Yo, lo confieso, no me he querido mucho. Me he puesto a parir como pareja, periodista y persona. Nunca me atreví a calificarme como un hombre bueno. Solo osé definirme como un sujeto que no es malo del todo.
No he sido ni un Tenorio ni un Porfirio Rubirosa, célebre play-boy dominicano, porque elegí, cuando me cansaba una relación, que me dejaran antes de abandonar. Nunca jamás le dije a una mujer: “No me gustas ya, me he cansado de ti”. Cambié mi forma de ser, me transformé en otro para que se hartaran de mí. Dejé de ser un caballero sin espada y un amante perfecto. Fingí problemas psíquicos. Todo, antes que herir un alma femenina. Me marché con un gesto severo, como si me sintiera abatido, derrotado por la pasión. No me gustan las lágrimas, las tragedias a lo Romeo y Julieta.
Quizá sea un hipócrita erótico. No sé si me forma de actuar sea la idónea. Pero todavía, después de muchos años, mantengo relaciones amistosas con señoras y señoritas que me amaron y, por qué negarlo, también amé. Hay alguna excepción. No hay regla perfecta.
Ahora, a mi edad, ya no me iré. Aguardaré a que me venga a buscar la dama negra cuando duerma con la mujer que ame. Sé que amo mejor. Ya no necesito actuar. Carezco de aristas. Amo como escribo. Si te gustan mis palabras, como juego con ellas, sin que lo perciban, sustantivos, verbos y adjetivos, te sentirías muy amada, siempre que lo desearas, por este seductor próximo a su jubilación profesional y erótica…
Eugenio-Jesús de Ávila


















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.145