NOCTURNOS
La palabra y el amor
Toda persona, hombre o mujer, necesita sentirse querida. Yo, también. No he conocido a nadie que desprecie el amor. No nos conformamos con que nos amen solo con palabras, anhelamos hechos. Pedimos verbos y besos. Un te amo y una caricia. Un te adoro y un abrazo. Pasión y palabras.
Como hombre, cuando estoy enamorado de una mujer, me place que me susurre un te amo mientras mi cuerpo y el suyo, lo que queda de mi carne y su arquitectura, funden sexos y sesos, hedonismo que capta el alma a través de los observatorios de la epidermis, placer solo a disposición de los dioses cuando el éxtasis te eleva sobre la materia para sentirlo más allá de la vida, más allá del tiempo.
Desprecio un amor sin palabras. Despreció una pasión sexual. “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios”. Si Dios es amor, sin palabras no hay amor.
Necesito decir que te amo para amarte por completo. Anhelo que mis oídos recojan tus palabras, como deseo que mi piel sienta tus caricias. No me conformo tampoco con levitar con tus oraciones de amor. No requiero palabras que no se fabriquen entre las aurículas y ventrículos de tu corazón. No ilumines mi espíritu con pronombres, verbos y adjetivos sin sintaxis de pasión. Detrás de mis palabras, se esconden miradas, caricias, ternura, afecto y conmoción. Escribo para amarte, porque no puedo amarte si no escribo pensando en ti: en tu hermoso rostro, en tus senos barrocos, en el cráter de tu ombligo y en el puerto de tu ser.
Eugenio-Jesús de Ávila
Toda persona, hombre o mujer, necesita sentirse querida. Yo, también. No he conocido a nadie que desprecie el amor. No nos conformamos con que nos amen solo con palabras, anhelamos hechos. Pedimos verbos y besos. Un te amo y una caricia. Un te adoro y un abrazo. Pasión y palabras.
Como hombre, cuando estoy enamorado de una mujer, me place que me susurre un te amo mientras mi cuerpo y el suyo, lo que queda de mi carne y su arquitectura, funden sexos y sesos, hedonismo que capta el alma a través de los observatorios de la epidermis, placer solo a disposición de los dioses cuando el éxtasis te eleva sobre la materia para sentirlo más allá de la vida, más allá del tiempo.
Desprecio un amor sin palabras. Despreció una pasión sexual. “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios”. Si Dios es amor, sin palabras no hay amor.
Necesito decir que te amo para amarte por completo. Anhelo que mis oídos recojan tus palabras, como deseo que mi piel sienta tus caricias. No me conformo tampoco con levitar con tus oraciones de amor. No requiero palabras que no se fabriquen entre las aurículas y ventrículos de tu corazón. No ilumines mi espíritu con pronombres, verbos y adjetivos sin sintaxis de pasión. Detrás de mis palabras, se esconden miradas, caricias, ternura, afecto y conmoción. Escribo para amarte, porque no puedo amarte si no escribo pensando en ti: en tu hermoso rostro, en tus senos barrocos, en el cráter de tu ombligo y en el puerto de tu ser.
Eugenio-Jesús de Ávila

















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