NOCTURNOS
Cualquiera sirve para... amar del revés
Para enterrar a los muertos como debemos cualquiera sirve, cualquiera... menos un sepulturero. Versificaba León Felipe. Para una cópula sirve cualquier hombre o mujer, guapo o grotesco, joven o viejo, cualquiera. Hay gradaciones en el placer, pero ese no es el debate. Distingo el coito de esa frase cursi que tanto se dice: hacer el amor. Los hombres, en su juventud, no se enamoran, excepción hecha de Romeo Montesco. Desean a todas las guapas. Fabrican tanto espermatozoide que necesitan darle salida. Creen que se enamoran. Nunca. Quizá algún poeta, porque lo necesita para inspirarse.
Los hombres nos enamoramos, nos perdemos a nosotros mismos en una mujer cuando nuestro seso crece tanto como el sexo. Mientras sigamos pensando con los genitales, cumplidos ya los 50, no se nos distinguirá de las bestias. Nace así el viejo verde. Un descerebrado que necesita viagra para funcionar.
Seducir a una mujer inteligente y hermosa requiere clase, talento y sensibilidad. Enamorarla se convierte, pues, en una obra de arte: pintar al óleo el lienzo de su cuerpo; esculpir, como mármol de Carrara, su alma de ángel; escribir sobre su epidermis un soneto barroco.
Porque el amor requiere comunión ideas y afinidades, compartir gozos y sombras, pasar del éxtasis sexual al orgasmo intelectual; sudar perfume de pasión, eyacular belleza en cada beso, caricia y éxtasis.
Eugenio-Jesús de Ávila
Para enterrar a los muertos como debemos cualquiera sirve, cualquiera... menos un sepulturero. Versificaba León Felipe. Para una cópula sirve cualquier hombre o mujer, guapo o grotesco, joven o viejo, cualquiera. Hay gradaciones en el placer, pero ese no es el debate. Distingo el coito de esa frase cursi que tanto se dice: hacer el amor. Los hombres, en su juventud, no se enamoran, excepción hecha de Romeo Montesco. Desean a todas las guapas. Fabrican tanto espermatozoide que necesitan darle salida. Creen que se enamoran. Nunca. Quizá algún poeta, porque lo necesita para inspirarse.
Los hombres nos enamoramos, nos perdemos a nosotros mismos en una mujer cuando nuestro seso crece tanto como el sexo. Mientras sigamos pensando con los genitales, cumplidos ya los 50, no se nos distinguirá de las bestias. Nace así el viejo verde. Un descerebrado que necesita viagra para funcionar.
Seducir a una mujer inteligente y hermosa requiere clase, talento y sensibilidad. Enamorarla se convierte, pues, en una obra de arte: pintar al óleo el lienzo de su cuerpo; esculpir, como mármol de Carrara, su alma de ángel; escribir sobre su epidermis un soneto barroco.
Porque el amor requiere comunión ideas y afinidades, compartir gozos y sombras, pasar del éxtasis sexual al orgasmo intelectual; sudar perfume de pasión, eyacular belleza en cada beso, caricia y éxtasis.
Eugenio-Jesús de Ávila

















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