NOCTURNOS
Más acá del placer
Sé que te amo, porque me duele tu dolor, porque me preocupa tu tristeza, tus cuitas, tus penas. Te amo porque ignoro el placer si tú no alcanzas el éxtasis cuando navego por tu cuerpo.
Y mis dedos se transforman en epidermis de ángel cuando se mojan en la bahía de tus ingles. Mis labios parecen a los del himenóptero cuando saborea tus labios. Mis ojos se van en lágrimas eróticas, esas que se derraman hacia dentro, cuando tu cuerpo se muestra desnudo.
No te volvería a amar si te abrieras a mí por inercia, sin ternura, sin una liturgia de velas y aromas; si no gimieses cuando me deslizo por tu vientre, si no cerrases tus hermosos ojos cuando susurro versos entre el valle que separa tus senos, si no me cantases un te amo con una sonrisa franca y abierta.
Se nota que un hombre te ama cuando eleva a su amada hasta el clímax del erotismo antes de satisfacer su hedonismo. Si después de la cópula, te recoge con sus brazos y deposita tu cabeza sobre su pecho, recorre tu piel con cada yema de sus dedos y pronuncia, una y otra vez que te quiere más allá del orgasmo, más acá del placer.
Eugenio-Jesús de Ávila
Sé que te amo, porque me duele tu dolor, porque me preocupa tu tristeza, tus cuitas, tus penas. Te amo porque ignoro el placer si tú no alcanzas el éxtasis cuando navego por tu cuerpo.
Y mis dedos se transforman en epidermis de ángel cuando se mojan en la bahía de tus ingles. Mis labios parecen a los del himenóptero cuando saborea tus labios. Mis ojos se van en lágrimas eróticas, esas que se derraman hacia dentro, cuando tu cuerpo se muestra desnudo.
No te volvería a amar si te abrieras a mí por inercia, sin ternura, sin una liturgia de velas y aromas; si no gimieses cuando me deslizo por tu vientre, si no cerrases tus hermosos ojos cuando susurro versos entre el valle que separa tus senos, si no me cantases un te amo con una sonrisa franca y abierta.
Se nota que un hombre te ama cuando eleva a su amada hasta el clímax del erotismo antes de satisfacer su hedonismo. Si después de la cópula, te recoge con sus brazos y deposita tu cabeza sobre su pecho, recorre tu piel con cada yema de sus dedos y pronuncia, una y otra vez que te quiere más allá del orgasmo, más acá del placer.
Eugenio-Jesús de Ávila

















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