Eugenio de Ávila
Domingo, 14 de Agosto de 2022
NOCTURNOS

Amores broncos, pasiones eternas

[Img #68736]Existe una clase de amor tan honda, telúrico, que tiemblan los cimientos del alma cuando emerge. Son pasiones tan violentas, ardientes y agresivas como tiernas, poéticas, místicas. Después de hacer el amor y alcanzar, fundidos, éxtasis que crees sentarte a la diestra del Creador.  Horas más tarde, al alba o al ocaso, una sola palabra de uno de los amantes desencadena una guerra brutal, nunca cruenta, de descalificaciones, de groserías, de odio en néctar.

 

Pasarán días sin verse, pero ambos enamorados no dejan de pensar una en el otro, Werther en Carlota o Dante en Beatriz. Y si hay reencuentro, hallazgo, se abrazarán hasta casi asfixiarse; se besarán hasta que sangren los labios; se estremecerán todas sus articulaciones hasta perder la vertical; se mirarán a los ojos como si no se conocieran, con un apetito descomunal por devorar a su pareja. Y acabarán en el lecho más próximo, desnudos, ansiosos, como poseídos, en lo que pudiera ser la cópula lírica más hermosa jamás vivida.

 

Pierden todo concepto de tiempo, se olvidan de quiénes son, si tienen hijos, mujer u esposa, responsabilidades laborales o deberes que cumplir; no recordarían ni sus nombres. Se muerden los dedos de las manos y de los pies; no hay poro de sus cuerpos que permanezca seco, todos son oasis de aromas a placer. No existe el tiempo, porque Cronos se deleita ante tanta pasión. Y llegará el momento del clímax, tanta delectación dejará en blanco sus cerebros. Durante unos segundos, se logra la meditación absoluta: no se piensa en nada, porque se ama con tan desmedida intensidad que dejas de ser mortal para elevarte por encima del bien y del mal.

 

Tras la culminación, los cuerpos se desligan, pero las almas se mantienen unidas. Momento para la ternura, la caricia, la palabra hermosa, la rima. Volverán los nombres, el tiempo a deslizarse por la vida, las promesas con querencia por la eternidad.

 

Y, sin saber por qué, cubiertos sus cuerpos, limpia la piel, uno de ellos pronuncia alguna palabra o reflexión que provoca respuesta en la otra parte de la pareja. Y ahí se generará la bronca, la discusión, el insulto, la calumnia, los agravios.

 

 Se irá Dante al norte y Beatriz al sur. Y no volverán a verse, hasta que el exceso de amor los atraiga, los reúna y converjan bajo el mismo techo, lecho, cafetería, restaurante. La pasión enhebra el dolor más profundo con el amor más hondo. Amores eternos.

 

Eugenio-Jesús de Ávila

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