NOCTURNOS
No sé vivir sin amar
Hay gente que es de mucho comer. Jamás se siente ahíta. Yo, lo confieso, soy de mucho amar. Cuando me enamora una mujer, necesito verla, olerla, acariciarla, besarla, amarla todos los días. Nunca me sacio de quererla. Todo es poco. La devoró y sigo sintiendo hambre de amar. Y si no está, por cualquier motivo, la pienso, la recuerdo, la reflexiono con mi alma. Mi memoria la trae y la lleva, como la marea a la mar. Y me deja en la playa de mi vida sus conchas como besos, la espuma de sus olas sensuales, la arena de su ternura.
Conozco personas que se conforman con amar un rato, cuando tienen tiempo, por inercia, porque toca. El amor no forma parte de su jerarquía vital. Quizá soy un enfermo de amor, y necesito tocarlo todos los días, sentirlo; alimentarme con sus proteínas para que mi alma viva, permanezca en pie, con ganas de vivir.
Si amo a una dama, no sé fingir. Me pongo nervioso cuando me encuentro en su presencia, antes de vernos, si la miro a los ojos, y la huelo, y contemplo como la brisa mueve su cabello y las pestañas juegan con su mirada cuando abre y cierra sus lindos ojos. No sé vivir sin amor, no sé cómo se puede vivir sin amar a una fémina.
Eugenio-Jesús de Ávila
Hay gente que es de mucho comer. Jamás se siente ahíta. Yo, lo confieso, soy de mucho amar. Cuando me enamora una mujer, necesito verla, olerla, acariciarla, besarla, amarla todos los días. Nunca me sacio de quererla. Todo es poco. La devoró y sigo sintiendo hambre de amar. Y si no está, por cualquier motivo, la pienso, la recuerdo, la reflexiono con mi alma. Mi memoria la trae y la lleva, como la marea a la mar. Y me deja en la playa de mi vida sus conchas como besos, la espuma de sus olas sensuales, la arena de su ternura.
Conozco personas que se conforman con amar un rato, cuando tienen tiempo, por inercia, porque toca. El amor no forma parte de su jerarquía vital. Quizá soy un enfermo de amor, y necesito tocarlo todos los días, sentirlo; alimentarme con sus proteínas para que mi alma viva, permanezca en pie, con ganas de vivir.
Si amo a una dama, no sé fingir. Me pongo nervioso cuando me encuentro en su presencia, antes de vernos, si la miro a los ojos, y la huelo, y contemplo como la brisa mueve su cabello y las pestañas juegan con su mirada cuando abre y cierra sus lindos ojos. No sé vivir sin amor, no sé cómo se puede vivir sin amar a una fémina.
Eugenio-Jesús de Ávila

















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