EL CONSENSO
Competir contra el sueño
Pedro Calzada
Hace ya varios años que los psicólogos vienen advirtiendo de la profunda “adicción a las pantallas” que sufrimos todos en mayor o menor medida. Vivimos rodeados de estímulos audiovisuales que nos aportan información, entretenimiento y la posibilidad de estar en permanente contacto con amigos y familiares. A priori, son todo ventajas, pero ¿es posible que se esté haciendo un uso abusivo de la tecnología que nos rodea?
En verano de 2020, el documental “the social dilemma” (traducido al español como “el dilema de las redes sociales”) puso de manifiesto una evidencia de la que, quizá, no éramos muy conscientes: las redes sociales no son inocuas, son empresas que ganan dinero a través de nuestra atención, por lo que los algoritmos que rigen las plataformas están diseñadas para causar adicción. Quien mejor expresó el funcionamiento del negocio de las pantallas fue el CEO de Netflix, Reed Hastings, cuando afirmó en 2017: “cuando ves una serie de Netflix y te enganchas, te quedas hasta tarde viéndola. Realmente, y al final, estamos compitiendo con el sueño”.
Sin perjuicio de que cada persona puede hacer un uso más o menos abusivo de las pantallas, lo cierto es que las redes sociales y el resto de plataformas de contenido audiovisual está tan presente en nuestra vida, que no parece exagerado prestar más atención a medidas de concienciación y regulación sobre las implicaciones de su uso.
En definitiva, nos encaminamos de nuevo hacia un mundo dividido en bloques y África será una pieza clave el tablero geopolítico que está por venir.
Hace ya varios años que los psicólogos vienen advirtiendo de la profunda “adicción a las pantallas” que sufrimos todos en mayor o menor medida. Vivimos rodeados de estímulos audiovisuales que nos aportan información, entretenimiento y la posibilidad de estar en permanente contacto con amigos y familiares. A priori, son todo ventajas, pero ¿es posible que se esté haciendo un uso abusivo de la tecnología que nos rodea?
En verano de 2020, el documental “the social dilemma” (traducido al español como “el dilema de las redes sociales”) puso de manifiesto una evidencia de la que, quizá, no éramos muy conscientes: las redes sociales no son inocuas, son empresas que ganan dinero a través de nuestra atención, por lo que los algoritmos que rigen las plataformas están diseñadas para causar adicción. Quien mejor expresó el funcionamiento del negocio de las pantallas fue el CEO de Netflix, Reed Hastings, cuando afirmó en 2017: “cuando ves una serie de Netflix y te enganchas, te quedas hasta tarde viéndola. Realmente, y al final, estamos compitiendo con el sueño”.
Sin perjuicio de que cada persona puede hacer un uso más o menos abusivo de las pantallas, lo cierto es que las redes sociales y el resto de plataformas de contenido audiovisual está tan presente en nuestra vida, que no parece exagerado prestar más atención a medidas de concienciación y regulación sobre las implicaciones de su uso.
En definitiva, nos encaminamos de nuevo hacia un mundo dividido en bloques y África será una pieza clave el tablero geopolítico que está por venir.

















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