NOCTURNOS
El arte de amar
Nunca me he considerado el mejor en nada; tampoco, el peor. Pero no soy un mediocre. Siempre rebelde, desde la tierna infancia y un idealista. Verbigracia: con tres años, en el colegio Amor de Dios, le regalé a otro niño un sello de oro a cambio de una pintura roja. De risa. Esa ha sido mi vida. Dar lo mejor a cambio de una miaja de sensibilidad hacia mi persona.
Como he comentado en otras cartas eróticas, me he sentido muy querido, quizá en exceso, por mujeres exquisitas, hermosas, tanto por dentro como por fuera, e inteligentes. Y sigo preguntándome por qué se enamoraron de mí, porque se la jugaron, las prohibidas, por mí. ¿Qué encontraron en mí que no hallaron en otros hombres con superior patrimonio, cultura y elegancia? Ninguna de esas damas a las que amé me lo susurró, ni tampoco sé cuáles son mis defectos.
No creo que, a estas alturas de la senda hacia ninguna parte, se cruce una fémina que se quede conmigo, que pueda seducir, que me enloquezca. Voy amando día a día a la mujer que está conmigo. No exijo nada. No cambio amor por amor. No lo mido ni lo peso. No obstante, me encanta confesarla a la dama que me acompaña que la amo.
Podría dedicarme los años que me quedan a gozar de la parte más pornográfica del amor. Placer. Hedonismo. Hoy alcanzo éxtasis deliciosos y mañana, si se tercia, regreso al deleite carnal. Sin compromisos de amor eterno, sin juramentos de pasión infinita. Hoy cópula. Mañana abstinencia. Amistad erótica. Derecho al placer.
Sucedió durante una época de mi vida. Llegó a provocarme problemas conmigo mismo, porque me vaciaba por dentro, me sentía una máquina del hedonismo sin cerebro. Aquellas mujeres no dejaron huella alguna en mis adentros. A cierta edad, me transformé. Inicié mi camino hacia el placer como acercamiento al universo, a la divinidad. Amar se convirtió en una religión, con su liturgia, con su credo. Y amé muy hondo. Como todo lo que he hecho en la vida, lo dejé todo por pasión, por amor, por el arte de amar, como si fuera un Ovidio reencarnado.
Eugenio-Jesús de Ávila
Nunca me he considerado el mejor en nada; tampoco, el peor. Pero no soy un mediocre. Siempre rebelde, desde la tierna infancia y un idealista. Verbigracia: con tres años, en el colegio Amor de Dios, le regalé a otro niño un sello de oro a cambio de una pintura roja. De risa. Esa ha sido mi vida. Dar lo mejor a cambio de una miaja de sensibilidad hacia mi persona.
Como he comentado en otras cartas eróticas, me he sentido muy querido, quizá en exceso, por mujeres exquisitas, hermosas, tanto por dentro como por fuera, e inteligentes. Y sigo preguntándome por qué se enamoraron de mí, porque se la jugaron, las prohibidas, por mí. ¿Qué encontraron en mí que no hallaron en otros hombres con superior patrimonio, cultura y elegancia? Ninguna de esas damas a las que amé me lo susurró, ni tampoco sé cuáles son mis defectos.
No creo que, a estas alturas de la senda hacia ninguna parte, se cruce una fémina que se quede conmigo, que pueda seducir, que me enloquezca. Voy amando día a día a la mujer que está conmigo. No exijo nada. No cambio amor por amor. No lo mido ni lo peso. No obstante, me encanta confesarla a la dama que me acompaña que la amo.
Podría dedicarme los años que me quedan a gozar de la parte más pornográfica del amor. Placer. Hedonismo. Hoy alcanzo éxtasis deliciosos y mañana, si se tercia, regreso al deleite carnal. Sin compromisos de amor eterno, sin juramentos de pasión infinita. Hoy cópula. Mañana abstinencia. Amistad erótica. Derecho al placer.
Sucedió durante una época de mi vida. Llegó a provocarme problemas conmigo mismo, porque me vaciaba por dentro, me sentía una máquina del hedonismo sin cerebro. Aquellas mujeres no dejaron huella alguna en mis adentros. A cierta edad, me transformé. Inicié mi camino hacia el placer como acercamiento al universo, a la divinidad. Amar se convirtió en una religión, con su liturgia, con su credo. Y amé muy hondo. Como todo lo que he hecho en la vida, lo dejé todo por pasión, por amor, por el arte de amar, como si fuera un Ovidio reencarnado.
Eugenio-Jesús de Ávila

















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.145