Eugenio de Ávila
Miércoles, 07 de Septiembre de 2022
NOCTURNOS

Eros y Tánatos

[Img #69383]Soy, lo confieso, muy poca cosa para enamorar a cualquier mujer: escaso en cultura, en acelerada decadencia física y mental, carezco de patrimonio y, además, huérfano de atractivo. A veces, con demasiada frecuencia, me creo que todavía estoy en edad de merecer, de gustar, de atraer. Solo me miro al espejo por la mañana y me olvido de mi imagen según avanzan las horas del día. Pero sé que ahora, si una dama me prestara una miaja de atención, la amaría como Buonarroti al mármol de Carrara, como si fuera una obra de arte que esculpiera con el cincel de mi espíritu. 

 

Porque amar a una mujer a mi edad, ya de vuelta de todo, menos del amor, se traduce en religión, con su liturgia, sus ritos, sacramentos, fe. Desde la primera luz del alba, cumpliría con el rito de besar sus párpados, acariciar sus pestañas, besarla, desde la boca al ombligo, sin olvidarme ni de su pubis ni de su columna vertebral, desde las cervicales hasta el coxis, con fonda en las lumbares. Y, cuando abriera los ojos, le susurraría, verbigracia, unos versos de Neruda: “amor, deja tus labios entreabiertos porque ese último beso debe durar conmigo,
debe quedar inmóvil para siempre en tu boca para que así también me acompañe en mi muerte”.

 

 Y la desnudaría para recorrer cada uno de sus poros con las yemas de mis dedos. Y nuestros cuerpos se olvidarían de la carne y ambos, ya solo uno, levitaríamos a la búsqueda del placer de los placeres, el que solo disfrutan las almas sin la pesada carga de la materia, huesos y vísceras, pellejos, venas y arterías.

 

Y el resto del día, hasta la madrugada, le confesaría mi amor, comulgaría con la sagrada forma de su cuerpo, escucharía su sermón desde el púlpito de tu inteligencia, consagraría mi vida a ella hasta que Cronos se aburriera de verme con vida. Asistiría al santo sacrificio de la misa hedonista como un fiel creyente en esa diosa que eres tú.

 

Sí, soy poco más que una mota de polvo sobre el mueble de la abuela, pero quiero hacerla la mujer de mi vida antes de que me muera. Eros y Tánatos. No hay más.

Eugenio-Jesús de Ávila

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