NOCTURNOS
Amar en el tiempo
![[Img #70048]](https://eldiadezamora.es/upload/images/09_2022/2020_ddd.jpg)
El amor es un sentimiento un tanto extraño. Existe, cierto. No obstante, cada cual lo analiza a su manera. Es más, a lo largo de la vida se cambian conceptos, juicios, teorías respecto a su forma de darse, de recibirse, de entenderse, de romperse y de iniciarse. Verbigracia: cuando se es jovencito y hasta alcanzar la madurez, se conoce desde el amor platónico, como enamorarse de la vecina, de una niña que viste en el patio del colegio o de la mamá de tu mejor amigo. Después, cuando el sexo domina el cerebro, el hombre -me es imposible pensar como mujer- desea a toda señorita, rubia, morena, pero hermosa. Habrá momentos en que ese sentimiento se confunda con amor, pero solo es anhelo de placer. No amamos a nadie en esos años de fortísima sexualidad. Nos queremos en cuerpos femeninos. Alcanzamos momentos sublimes en egoísmo. No admitimos que una mujer nos niegue su amor. Incompresible. Anhelamos penetrar en su cuerpo sin haber sembrado semillas de ternura, de talento, de personalidad, de inteligencia en la tierra de su alma. Fracaso absoluto. El hedonismo, con el tiempo, como el terciopelo, se chafa.
He tenido amigos que, con 60 años, se comportan como un tipo de veintitantos años. Desde que se despiertan hasta que les reclama Morfeo, solo viven para el fornicio. Y morirán sin saber en qué consiste amar, ni cómo seducir a una mujer, ni por dónde empezar a conquistarla.
Siempre he dicho, comentado y escrito, que quizá nos reencarnaremos después de esta vida, pero, mientras vivimos, sin darnos cuenta, nos re-almamos. Traduzco: nuestro cuerpo, la materia por la que se nos identifica, aloja en el tiempo varias esencias. De tal manera, que criticas acciones de aquel fuiste, y estás más de acuerdo con otro que ya no eres. En virtud de esas transformaciones espirituales, amamos de formas muy diferentes, más complejas, más sencillas, más profundas. Ese cambio de alma, esa renovación, explica los fracasos de tantas y tantas parejas.
Descubrí el amor cuando todavía me gustaba a mí mismo y al espejo. Después amé con fuerza, sin dimensiones, perdiéndome, en algunas damas que me mostraron cómo se ama, cómo se quiere, cómo se respeta, cómo se goza. Mientras me enseñaban, aprendí que, durante décadas, ignoré lo que es amar, y comprendí que, cuando solo te vincule a una persona, hombre o mujer, el sexo, Eros se hallará ausente.
Eugenio-Jesús de Ávila
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El amor es un sentimiento un tanto extraño. Existe, cierto. No obstante, cada cual lo analiza a su manera. Es más, a lo largo de la vida se cambian conceptos, juicios, teorías respecto a su forma de darse, de recibirse, de entenderse, de romperse y de iniciarse. Verbigracia: cuando se es jovencito y hasta alcanzar la madurez, se conoce desde el amor platónico, como enamorarse de la vecina, de una niña que viste en el patio del colegio o de la mamá de tu mejor amigo. Después, cuando el sexo domina el cerebro, el hombre -me es imposible pensar como mujer- desea a toda señorita, rubia, morena, pero hermosa. Habrá momentos en que ese sentimiento se confunda con amor, pero solo es anhelo de placer. No amamos a nadie en esos años de fortísima sexualidad. Nos queremos en cuerpos femeninos. Alcanzamos momentos sublimes en egoísmo. No admitimos que una mujer nos niegue su amor. Incompresible. Anhelamos penetrar en su cuerpo sin haber sembrado semillas de ternura, de talento, de personalidad, de inteligencia en la tierra de su alma. Fracaso absoluto. El hedonismo, con el tiempo, como el terciopelo, se chafa.
He tenido amigos que, con 60 años, se comportan como un tipo de veintitantos años. Desde que se despiertan hasta que les reclama Morfeo, solo viven para el fornicio. Y morirán sin saber en qué consiste amar, ni cómo seducir a una mujer, ni por dónde empezar a conquistarla.
Siempre he dicho, comentado y escrito, que quizá nos reencarnaremos después de esta vida, pero, mientras vivimos, sin darnos cuenta, nos re-almamos. Traduzco: nuestro cuerpo, la materia por la que se nos identifica, aloja en el tiempo varias esencias. De tal manera, que criticas acciones de aquel fuiste, y estás más de acuerdo con otro que ya no eres. En virtud de esas transformaciones espirituales, amamos de formas muy diferentes, más complejas, más sencillas, más profundas. Ese cambio de alma, esa renovación, explica los fracasos de tantas y tantas parejas.
Descubrí el amor cuando todavía me gustaba a mí mismo y al espejo. Después amé con fuerza, sin dimensiones, perdiéndome, en algunas damas que me mostraron cómo se ama, cómo se quiere, cómo se respeta, cómo se goza. Mientras me enseñaban, aprendí que, durante décadas, ignoré lo que es amar, y comprendí que, cuando solo te vincule a una persona, hombre o mujer, el sexo, Eros se hallará ausente.
Eugenio-Jesús de Ávila

















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