NOCTURNOS
¿Podría enamorarme de ti?
¿Has pensado, cuando estás sola, sin nadie que te incordie, interrumpa, te distraiga, si yo podría enamorarme de ti? No me lo digas. Que sea tu secreto. Convencido estoy que tu respuesta a la indiscreta pregunta sería que sí, que, en efecto, tienes cualidades físicas, talento, intelecto, cultura, gracia y elegancia para enamorar a un tipo como un servidor, un tanto ajado, sembrado de tiempo, escéptico y esteta.
Ahora bien, si yo me formulase la misma cuestión pero del revés, a la contra, verbigracia: ¿Tú, bella, inteligente, discreta, te enamorarías de mí? No erraría si respondieses que imposible, que ni en sueños, ni enferma, ni por muy necesitada que te sintieses de compañía y placeres de esos que pudieran procurarte un varón de mi porte. En esencia: no me importa ser tu amiga, pero ni me roces las yemas de los dedos.
Siempre me he portado como una mujer cuando se trata de seducir a otra persona. Toda dama, a no ser que tenga cierto descaro -me ha sucedido en varias ocasiones- espera a que el chico tome la iniciativa, se decida, ponga en juego la pelota del erotismo. Pues actúo también de esa guisa. Si no hallo en una mujer un toque, un guiño, un detalle, aunque me extasíe mirándola, me sienta encantado a su vera, tomando un café, paseando, hablando, jamás me enfrentaré a conquistarla. No me gusta fracasar. Jamás lo intentaré. Dejo todo como está.
Soy un ser muy femenino, en un cuerpo masculino, heterosexual y hedonista. Como ves, no tengo secretos para ti. Me confieso cada noche como si oficiases de sacerdotisa.
Eugenio-Jesús de Ávila
¿Has pensado, cuando estás sola, sin nadie que te incordie, interrumpa, te distraiga, si yo podría enamorarme de ti? No me lo digas. Que sea tu secreto. Convencido estoy que tu respuesta a la indiscreta pregunta sería que sí, que, en efecto, tienes cualidades físicas, talento, intelecto, cultura, gracia y elegancia para enamorar a un tipo como un servidor, un tanto ajado, sembrado de tiempo, escéptico y esteta.
Ahora bien, si yo me formulase la misma cuestión pero del revés, a la contra, verbigracia: ¿Tú, bella, inteligente, discreta, te enamorarías de mí? No erraría si respondieses que imposible, que ni en sueños, ni enferma, ni por muy necesitada que te sintieses de compañía y placeres de esos que pudieran procurarte un varón de mi porte. En esencia: no me importa ser tu amiga, pero ni me roces las yemas de los dedos.
Siempre me he portado como una mujer cuando se trata de seducir a otra persona. Toda dama, a no ser que tenga cierto descaro -me ha sucedido en varias ocasiones- espera a que el chico tome la iniciativa, se decida, ponga en juego la pelota del erotismo. Pues actúo también de esa guisa. Si no hallo en una mujer un toque, un guiño, un detalle, aunque me extasíe mirándola, me sienta encantado a su vera, tomando un café, paseando, hablando, jamás me enfrentaré a conquistarla. No me gusta fracasar. Jamás lo intentaré. Dejo todo como está.
Soy un ser muy femenino, en un cuerpo masculino, heterosexual y hedonista. Como ves, no tengo secretos para ti. Me confieso cada noche como si oficiases de sacerdotisa.
Eugenio-Jesús de Ávila

















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