NOCTURNOS
Celos anacrónicos
Tuve un conocimiento que, al pasar los días, se transformó en historia turbulenta, tórrida, caribeña, de una mujer a que le encantaba investigar en el pasado amoroso y amoríos de un servidor.
Comprendo a personas de ambos sexos -no existen diferencias entre portar espermatozoides u óvulos- que padecen de esa enfermedad de la pelusa, del recelo, que oculta cierto complejo físico e intelectual. Ahora bien, encelarse con los amores pretéritos de tu pareja, con la que te acuestas y te levantas, desayunas y almuerzas, chateas y pinchas, resulta digno de ser estudiado por un doctor en Psicología. Yo he definido esa figura como celos anacrónicos.
Con los años que soporto, con ese Cronos que no ceja de jugar con el tiempo, no creo que resten muchas sorpresas en mi vida erótica. En la res pública, tras conocer a Zapatero, Rajoy, Pedro Sánchez y las chorradas de Irene Montero y compañía, loadas por la Iglesia Católica, tampoco auguro pasmos políticos.
Anhelo una vida erótica tranquila, pero apasionada; quiero sosiego sexual, pero desbordante en deleites y placeres sublimes. Me niego, por ende, a soportar celos anacrónicos, chantajes, amores histéricos y sexo vulgar. Si te amo, como escribo, cada palabra la sentirás como un beso, y si es un verbo lo que me inspiras, te llevaré a levitar en el cielo de Dios.
Eugenio-Jesús de Ávila
Tuve un conocimiento que, al pasar los días, se transformó en historia turbulenta, tórrida, caribeña, de una mujer a que le encantaba investigar en el pasado amoroso y amoríos de un servidor.
Comprendo a personas de ambos sexos -no existen diferencias entre portar espermatozoides u óvulos- que padecen de esa enfermedad de la pelusa, del recelo, que oculta cierto complejo físico e intelectual. Ahora bien, encelarse con los amores pretéritos de tu pareja, con la que te acuestas y te levantas, desayunas y almuerzas, chateas y pinchas, resulta digno de ser estudiado por un doctor en Psicología. Yo he definido esa figura como celos anacrónicos.
Con los años que soporto, con ese Cronos que no ceja de jugar con el tiempo, no creo que resten muchas sorpresas en mi vida erótica. En la res pública, tras conocer a Zapatero, Rajoy, Pedro Sánchez y las chorradas de Irene Montero y compañía, loadas por la Iglesia Católica, tampoco auguro pasmos políticos.
Anhelo una vida erótica tranquila, pero apasionada; quiero sosiego sexual, pero desbordante en deleites y placeres sublimes. Me niego, por ende, a soportar celos anacrónicos, chantajes, amores histéricos y sexo vulgar. Si te amo, como escribo, cada palabra la sentirás como un beso, y si es un verbo lo que me inspiras, te llevaré a levitar en el cielo de Dios.
Eugenio-Jesús de Ávila

















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