OBITUARIO
Murió Ramón Hernández, mucho más que un empresario de hostelería
![[Img #70259]](https://eldiadezamora.es/upload/images/10_2022/7834_hernandez.jpg)
Con la muerte, que, desgraciadamente, conocía ayer, de Ramón Hernández, una personalidad singular de la vida zamorano, desaparece una forma de hacer en los negocios y de reflexionar en la política durante una etapa crucial de nuestra historia. Zamora entonces se desperezaba de la dictadura. Ramón lo tuvo todo, pero apenas le dio importancia. Hoy, 2 de octubre, habría cumplido un año más. Nosotros, los que lo tratamos, lo echaremos de menos.
Lo conocí como directivo de la cofradía del Jesús del Vía Crucis, de la que yo formé parte desde que era un niño. Pero sería en el restaurante “El Figón” cuando lo traté. Allí, al lado del cine Barrueco, cerca de la fábrica de Reglero, la elite empresarial zamorana y aquellos jóvenes que anhelaban entrar en política para transformar nuestra sociedad, hacerla más igualitaria, más justa. También nació entre los fogones del Figón, entre sus manteles y platos, viandas y vinos, el Club Liberal. Se debatía en libertad, se examinaba el tiempo pretérito y se reflexionaba sobre el futuro de nuestra tierra. Personalidades esclarecidas. Hombres con intelectos superiores. Gente de progreso. Ramón Hernández era el equilibrio y la experiencia, la mesura y el conocimiento, el que lanzaba la idea para que los demás las esculpieran, le dieran forma.
Personalidad carismática, hombre cariñoso, de excelente conversación, profundo conocedor de la Zamora empresarial y política, fue asesor, en la sombra, áulico y discreto. Lo sabía todo sobre las vivencias en los palacios. Pero él lo contaba en clave, de tal manera, que sus comentarios apenas los entendían personas inteligentes y con un sexto sentido.
Antes del Figón, como amaba el ferrocarril, decidió reactivar el hostal de la Estación, espacio que fue testigo de la historia política y económica de nuestra tierra. Ramón fue testigo de cargo de un acontecimiento político esencial para conocer la historia política de Zamora; el bautizado como “Pacto de los Luises”, así llamado por ser Luis el nombre de pila del líder de AP de aquel tiempo, Cid, y del secretario general del PSOE, Malmierca. No es momento para explicar el significado de aquel acuerdo político, sino de comentar que Ramón Hernández fue persona muy respetada por los políticos de ideologías distantes y distintas.
Ramón hizo política sin ser político. Careció de ambición para ocupar cargo en la res pública. Desde su cercanía a personalidades políticas, aconsejó y enseñó. No pidió nada a cambio, solo amistad.
Hubo una época de mi vida en la que tuve un trato muy cercando con sus dos hijos varones: Ramón, excelente abogado, compañero en el Gabinete de Presidencia de la Diputación, gran pescador y cazador, y Javier, periodista radiofónico, valiente y tierno, bueno y simpático, que, como tantos jóvenes, se nos fue a los madriles para hacerse hombre maduro en las ondas radiofónicas.
Ambos, en escaso tiempo, se quedaron sin madre ni padre. Ahora les queda llorarlos y honrarlos con su bonhomía y profesionalidad.
Triste jornada la de este primero de octubre. Sábado de penas, de recuerdos, con los grupos escultóricos buscando un hogar, porque su vieja casa será derribaba en breve para construir un nuevo Museo de Semana Santa. Hoy, también, con el adiós de Ramón Hernández se muere una generación de zamoranos esencial para entender la Zamora de la segunda mitad de la anterior centuria. Nos vamos haciendo mayores sin darnos cuenta. Solo la muerte de personas queridas y admiradas nos recuerda que, como versificó Quevedo, “vivir es caminar breve jornada, y muerte viva es la vida, ayer al frágil cuerpo amanecida, cada instante en el cuerpo sepultada”.
Eugenio-Jesús de Ávila
![[Img #70259]](https://eldiadezamora.es/upload/images/10_2022/7834_hernandez.jpg)
Con la muerte, que, desgraciadamente, conocía ayer, de Ramón Hernández, una personalidad singular de la vida zamorano, desaparece una forma de hacer en los negocios y de reflexionar en la política durante una etapa crucial de nuestra historia. Zamora entonces se desperezaba de la dictadura. Ramón lo tuvo todo, pero apenas le dio importancia. Hoy, 2 de octubre, habría cumplido un año más. Nosotros, los que lo tratamos, lo echaremos de menos.
Lo conocí como directivo de la cofradía del Jesús del Vía Crucis, de la que yo formé parte desde que era un niño. Pero sería en el restaurante “El Figón” cuando lo traté. Allí, al lado del cine Barrueco, cerca de la fábrica de Reglero, la elite empresarial zamorana y aquellos jóvenes que anhelaban entrar en política para transformar nuestra sociedad, hacerla más igualitaria, más justa. También nació entre los fogones del Figón, entre sus manteles y platos, viandas y vinos, el Club Liberal. Se debatía en libertad, se examinaba el tiempo pretérito y se reflexionaba sobre el futuro de nuestra tierra. Personalidades esclarecidas. Hombres con intelectos superiores. Gente de progreso. Ramón Hernández era el equilibrio y la experiencia, la mesura y el conocimiento, el que lanzaba la idea para que los demás las esculpieran, le dieran forma.
Personalidad carismática, hombre cariñoso, de excelente conversación, profundo conocedor de la Zamora empresarial y política, fue asesor, en la sombra, áulico y discreto. Lo sabía todo sobre las vivencias en los palacios. Pero él lo contaba en clave, de tal manera, que sus comentarios apenas los entendían personas inteligentes y con un sexto sentido.
Antes del Figón, como amaba el ferrocarril, decidió reactivar el hostal de la Estación, espacio que fue testigo de la historia política y económica de nuestra tierra. Ramón fue testigo de cargo de un acontecimiento político esencial para conocer la historia política de Zamora; el bautizado como “Pacto de los Luises”, así llamado por ser Luis el nombre de pila del líder de AP de aquel tiempo, Cid, y del secretario general del PSOE, Malmierca. No es momento para explicar el significado de aquel acuerdo político, sino de comentar que Ramón Hernández fue persona muy respetada por los políticos de ideologías distantes y distintas.
Ramón hizo política sin ser político. Careció de ambición para ocupar cargo en la res pública. Desde su cercanía a personalidades políticas, aconsejó y enseñó. No pidió nada a cambio, solo amistad.
Hubo una época de mi vida en la que tuve un trato muy cercando con sus dos hijos varones: Ramón, excelente abogado, compañero en el Gabinete de Presidencia de la Diputación, gran pescador y cazador, y Javier, periodista radiofónico, valiente y tierno, bueno y simpático, que, como tantos jóvenes, se nos fue a los madriles para hacerse hombre maduro en las ondas radiofónicas.
Ambos, en escaso tiempo, se quedaron sin madre ni padre. Ahora les queda llorarlos y honrarlos con su bonhomía y profesionalidad.
Triste jornada la de este primero de octubre. Sábado de penas, de recuerdos, con los grupos escultóricos buscando un hogar, porque su vieja casa será derribaba en breve para construir un nuevo Museo de Semana Santa. Hoy, también, con el adiós de Ramón Hernández se muere una generación de zamoranos esencial para entender la Zamora de la segunda mitad de la anterior centuria. Nos vamos haciendo mayores sin darnos cuenta. Solo la muerte de personas queridas y admiradas nos recuerda que, como versificó Quevedo, “vivir es caminar breve jornada, y muerte viva es la vida, ayer al frágil cuerpo amanecida, cada instante en el cuerpo sepultada”.
Eugenio-Jesús de Ávila



















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