NOCTURNOS
Sin tiempo para amar
Ni pido, ni, muchos menos, mendigo amor a mujer alguna. Yo doy, regalo, dono pasión a la dama que me lo demande. Nunca exigí más de lo que se me podía dar y concedí más pasión que la que guardaba en mis adentros. Si me quieres, te quiero. Si no me necesitas, me voy. Y si me miras a los ojos, sabrás lo que siento por ti. Podrá mentir la voz, jamás faltarán a la verdad mis ojos.
Me queda muy poco tiempo para amarte y hacerte disfrutar del placer que nace entre dos cuerpos que se unen y dos almas que se funden. Después, si tardas en llegar a mi vida, tendrás amor, pero discreto, correcto, simpático, pero sin delirios ni arrebatos. Amor de anciano, de cariño y tarde de brasero, de madrugadas con bolsa de agua y mantas zamoranas.
Y tu cuerpo, tan hermoso, todavía altivo, orgulloso de todas sus extremidades, de la belleza de su rostro, del aroma de su piel, merece la adoración de un hombre fuerte por fuera y delicado por dentro; necesita el poderío de un varón con músculo en el cerebro y sensibilidad en su esqueleto, fino en su carne.
No quiero entregarme a las parcas, ni cruzar la laguna Estigia ni saludar a Caronte cargado con tanto amor. No aguardes más: acércate a mí y me descargo de un peso tan descomunal.
Eugenio-Jesús de Ávila
Ni pido, ni, muchos menos, mendigo amor a mujer alguna. Yo doy, regalo, dono pasión a la dama que me lo demande. Nunca exigí más de lo que se me podía dar y concedí más pasión que la que guardaba en mis adentros. Si me quieres, te quiero. Si no me necesitas, me voy. Y si me miras a los ojos, sabrás lo que siento por ti. Podrá mentir la voz, jamás faltarán a la verdad mis ojos.
Me queda muy poco tiempo para amarte y hacerte disfrutar del placer que nace entre dos cuerpos que se unen y dos almas que se funden. Después, si tardas en llegar a mi vida, tendrás amor, pero discreto, correcto, simpático, pero sin delirios ni arrebatos. Amor de anciano, de cariño y tarde de brasero, de madrugadas con bolsa de agua y mantas zamoranas.
Y tu cuerpo, tan hermoso, todavía altivo, orgulloso de todas sus extremidades, de la belleza de su rostro, del aroma de su piel, merece la adoración de un hombre fuerte por fuera y delicado por dentro; necesita el poderío de un varón con músculo en el cerebro y sensibilidad en su esqueleto, fino en su carne.
No quiero entregarme a las parcas, ni cruzar la laguna Estigia ni saludar a Caronte cargado con tanto amor. No aguardes más: acércate a mí y me descargo de un peso tan descomunal.
Eugenio-Jesús de Ávila

















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.129