Redacción
Martes, 25 de Octubre de 2022
HABLEMOS

La juventud, una revolución pendiente

Carlos Domínguez

[Img #71118]   Los experimentos totalitarios del siglo pasado convirtieron a la juventud en vanguardia de movimientos políticos radicalizados, desde promesas tan abyectas como ilusorias sobre el advenimiento de un mundo mejor. Juventudes de adscripción varia fueron ejemplo de una manipulación indigna, alentando voluntades y prácticas genocidas. Con ello los jóvenes se apartaron de conductas sensatas no menos que seculares, fiadas a la tradición, saber y consejo de sus mayores, ampliamente curtidos en la experiencia del vivir, así como en la mendacidad de profetas de cualquier pelaje, anunciando pro domo sua el edén aquí y ahora de la humanidad entera. El hombre nuevo comunista, explotado, esclavizado y aniquilado por el Estado de soviet, checa y gulag, también de dacha y chaika para la nomenclatura del Partido… Comunista, se tendrá por funesto paradigma. Con Pol Pot, Castro y Chávez, ejerciendo de epígonos aventajados.

 

   La juventud ha perdido ese papel, dado que una izquierda hegemónica es dueña de los aparatos del Estado supuestamente democrático, degradado a puro Aparato y Burocracia, con excusa de lo social. La hoy casta privilegiada, solapada bajo disfraz socialdemócrata, no necesita ya de la juventud en defensa de sus causas. Lo que demanda es lo contrario, una masa de viejos subsidiados, pensionistas de rebaño electoral y obedientes a los sindicatos “de clase”, o sea, liberados perpetuos disfrutando de prebendas sin cuento hasta la jubilación anticipada. El Estado del Bienestar, en esencia experimento comunista fracasado, lo que consagra junto a la partitocracia erigida en nueva clase dominante es una gerontocracia como masa clientelar, disfrutando de la inagotable rebatiña del presupuesto, malgastado sin descanso a tirón de chequera presupuestaria. Ello a costa de las clases activas y propietarias, comenzando por la juventud.

 

   En paralelo a la demagogia del Bienestar socialista, incluida la limosna de un par de cientos de euros para alquiler de una vivienda a la que jamás accederá, o para juergas seudoculturales de esmárfonos y guasapes, la juventud se ve devaluada a lumpen obligado a trabajar por el Estado socialdemocrático en condiciones miserables, aquellas de una gleba productiva y políticamente amorfa, que a cambio de migajas costea la fiesta de viejos y políticos, unos y otros adictos al para ellos muy fructífero edén del Bienestar. En realidad la juventud, nueva clase dominada, oprimida, explotada y por descontado alienada, tiene ante sí la revolución del individualismo, la propiedad privada y la igualdad de oportunidades, echando abajo el Aparato fiscal que, en forma de Socialburocracia, le arrebata futuro y magro salario a favor de una inmensa legión de paniaguados. Viejos, sí, pero sobre todo partitocracia que parasita sin pudor lujosos casoplones, junto a latisueldos públicos de decenas, cuando no cientos de miles de euros. Porque, si bien se mira, los valores inspiradores de esa revolución no distarían demasiado de aquellos que, de la mano de Locke, Paine, Franklin o Jefferson, animaron en el mundo anglosajón, cuna de la democracia, a quienes lucharon a un lado y  otro del Atlántico por sentimientos arraigados de razón, justicia y libertad.

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