LA COLUMNA DE DOÑA ELVIRA
La ilusión como regalo
![[Img #73677]](https://eldiadezamora.es/upload/images/01_2023/5595_1453_reyes.jpg)
La ilusión. Echo la mirada hacia atrás; pero muy hacia atrás, y recuerdo, o creo recordar; que ya sabemos que los recuerdos pueden confundirse con el tiempo (pero esa es otra cuestión), los nervios que sentía en la noche de reyes, o bueno, el día entero más bien. Aunque por la noche esos nervios y esa ilusión se magnificaban, incluso no dejándome dormir. Creo que es una de las pocas noches del año que no dormía; - y raro es.
Recuerdo una noche en la que, para que me entrara el sueño antes, y así que se pasara el tiempo más rápido, encendí mi televisor, marca Sanyo, de color gris, que tenía en mi habitación. Aquellos pequeños televisores que pesaban más que 3 ladrillos juntos, y que, a pesar de su pequeño tamaño, ocupaban un espacio considerable. Recuerdo encenderlo y poner algo en una de las cadenas que había (que eran pocas); no recuerdo el qué exactamente, pero algo relacionado con dibujos animados, seguro. Algo que me pudiera entretener para que los nervios se me olvidaran y salieran un poco de mi cabeza y de mi tripa. Aunque – spoiler- no fue así.
Pasaban las horas, - o eso creo (y espero)-, porque lo siguiente que recuerdo es que desperté a mitad de la noche (así que sí, conseguí dormirme… que raro) y me decidí levantar hacia el salón, que es donde estaba situado el árbol de navidad, con sus correspondientes zapatillas, para que los Reyes Magos supieran que el juego que pedí me lo entregaban a mí y no a otra persona que viviera en la casa. Y, ¿cómo lo sabían? Fácil. Mis zapatillas eran, y fueron varios años, unas zapatillas de futbol con las que jugaba David Beckham: unas Adidas blancas con líneas doradas, creo recordar.
El caso es que me levanté, fue por el pasillo despacito y sin hacer ningún ruido (o eso creo), me escondí detrás de la puerta que conecta el pasillo y el salón y vi unas siluetas en la zona del árbol de navidad. Las vi durante un segundo, que es lo que tardé en darme la vuelta y volver de nuevo a la cama para poder despertarme en unas horas y ver los regalos en el árbol.
Unas horas después desperté y vi los regalos. No recuerdo que me trajeron los Reyes Magos (Melchor en concreto) ese año. O si todo lo que estoy contando es una mezcla de recuerdos de varios años, o tan solo fue un sueño que tuve. Pero lo que si que puedo afirmar es que cada una de las palabras que he narrado en este texto son el recuerdo (o recuerdos) de la ilusión. La ilusión que sigo sintiendo al recordar esos tiempos pasados, y que, espero, que cada uno de los niños y niñas que esta noche no puedan dormir, recuerden el resto de sus vidas.
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La ilusión. Echo la mirada hacia atrás; pero muy hacia atrás, y recuerdo, o creo recordar; que ya sabemos que los recuerdos pueden confundirse con el tiempo (pero esa es otra cuestión), los nervios que sentía en la noche de reyes, o bueno, el día entero más bien. Aunque por la noche esos nervios y esa ilusión se magnificaban, incluso no dejándome dormir. Creo que es una de las pocas noches del año que no dormía; - y raro es.
Recuerdo una noche en la que, para que me entrara el sueño antes, y así que se pasara el tiempo más rápido, encendí mi televisor, marca Sanyo, de color gris, que tenía en mi habitación. Aquellos pequeños televisores que pesaban más que 3 ladrillos juntos, y que, a pesar de su pequeño tamaño, ocupaban un espacio considerable. Recuerdo encenderlo y poner algo en una de las cadenas que había (que eran pocas); no recuerdo el qué exactamente, pero algo relacionado con dibujos animados, seguro. Algo que me pudiera entretener para que los nervios se me olvidaran y salieran un poco de mi cabeza y de mi tripa. Aunque – spoiler- no fue así.
Pasaban las horas, - o eso creo (y espero)-, porque lo siguiente que recuerdo es que desperté a mitad de la noche (así que sí, conseguí dormirme… que raro) y me decidí levantar hacia el salón, que es donde estaba situado el árbol de navidad, con sus correspondientes zapatillas, para que los Reyes Magos supieran que el juego que pedí me lo entregaban a mí y no a otra persona que viviera en la casa. Y, ¿cómo lo sabían? Fácil. Mis zapatillas eran, y fueron varios años, unas zapatillas de futbol con las que jugaba David Beckham: unas Adidas blancas con líneas doradas, creo recordar.
El caso es que me levanté, fue por el pasillo despacito y sin hacer ningún ruido (o eso creo), me escondí detrás de la puerta que conecta el pasillo y el salón y vi unas siluetas en la zona del árbol de navidad. Las vi durante un segundo, que es lo que tardé en darme la vuelta y volver de nuevo a la cama para poder despertarme en unas horas y ver los regalos en el árbol.
Unas horas después desperté y vi los regalos. No recuerdo que me trajeron los Reyes Magos (Melchor en concreto) ese año. O si todo lo que estoy contando es una mezcla de recuerdos de varios años, o tan solo fue un sueño que tuve. Pero lo que si que puedo afirmar es que cada una de las palabras que he narrado en este texto son el recuerdo (o recuerdos) de la ilusión. La ilusión que sigo sintiendo al recordar esos tiempos pasados, y que, espero, que cada uno de los niños y niñas que esta noche no puedan dormir, recuerden el resto de sus vidas.





















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